Alma desnuda

 

Te di mi vida y mi alma,
te entregué mi corazón,
te puse en mi altar supremo
hasta perder la razón.

Te ocupaste de la imagen,
del aspecto general,
del qué dirán si se enteran…
los vecinos, los demás.

Te mostraba mis trabajos,
mis logros, mis ilusiones…
quería compartir todo…
con mi reina de corazones.

Pero la vida es cruel,
y tú, no escapas a ella,
preferiste ver la seda…
aunque la mona, mona se queda.

Otros ocupan tus sueños,
otros provocan tus ansias…
mas nadie te quiso tanto
como te adoró mi alma.

Pronto me marcharé,
respirarás aliviada…
ya no harás el paripé…
ni te sentirás forzada.

No me arrepiento de nada,
lo hice de corazón.
Creía en la ternura,
en la razón del amor.

Pero recuerda sólo una cosa,
sólo una reflexión:
cuando de ti yo esté lejos,
y se te nuble la razón,
tu alma estará desnuda,
ya no tendrás mi corazón,
no te abrazaré en las noches
y sentirás el adiós.

José Luis Giménez

 

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