Aunque vistas de tisú
o con vestido de época,
seguirás siendo tú,
la que miente y la que peca.
Tenías mucha razón
cuando pediste dinero,
en cambio te dí mi cariño,
entregándome a ti sincero.
Ahora sé lo que vales,
solo eras un pasatiempo.
Tú no vales mis caricias,
mis anhelos, ni mis desvelos.
Ni siquiera el hueco con mi olor
impregnado en tu almohada,
que pronto cambiaste por otro
mientras decías que me amabas.
¡Qué pronto se te olvidó
tantas promesas vertidas!
Cómo mentías, ¡infiel!
Manipulabas mi vida.
En el beso de despedida
que dulcemente te di
cuando despuntaba el alba,
incluido va tu pago, querida,
siéntete pues, bien pagada.