CREPÚSCULO ARDIENTE
Sol oscuro, Sol naciente…
Tus rayos me abrasan, mi corazón caliente.
Llega el ocaso y con él va la muerte,
la vida se apaga, pues ya no hay simiente.
El mar se revela y denota tu esencia,
cuando las olas se agitan, en un vals de verbenas.
Mientras, mi cuerpo te extraña, si en el agua se baña.
Siento tu calor, tu majestuosa presencia,
que acaricia mi piel, con la sal por mis venas.
Siento la energía, que a la vida da fuerzas,
crepúsculo ardiente,
mi condena... es tu ausencia.
© José Luis Giménez