Cuando llora mi guitarra

 

 

 

 

 

 

Cuando escucho tus lacónicos sonidos...

mi alma se resquebraja.

 

Siento el puñal clavado en mi pecho...

como me hiere... el filo de tu navaja.

 

¡No llores más guitarra mía...!

no ahogues así las penas,

deja sonar tus notas alegres,

por rumbas... por bulerías,

o por tangos de Jerez.

 

Que poco dura la dicha,

si al compás no te revuelves,

con el timbre de tu acústica,

y el sonido que te envuelve en cada nota,

mientras suenas otra vez.

 

 

 

 

Suena guitarra, suena...

remarca con el bordón,

que la nota se conmueva,

y haga vibrar al corazón.

 

Déjame llevarte dentro...

sentir tu fuego y pasión,

tocando por solea,

o un fandango malagueño.

 

Que no es pasión ni locura,

sino una costumbre sana,

escuchar una colombiana

al compás de un tango trianero.

 

Una guajira, una milonga, una vidalita...

o una saeta al pasar el cristo de los gitanos,

ése que ensangrentado en las manos

nos recuerda cantando Serrat.

 

 

 

 

©José Luis Giménez