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A tu lado me acerqué, con paso firme y galante, quise oler tu perfume pero me diste un desplante.
A tus ojos piropee, con bello verso y sincero, mas volviste a maldecir mi talento vil y pendenciero.
Siguieron luego tus manos, y alabé también tu pelo, y tus labios carmesí con sabor de caramelo.
Ya no supe que decir, a todo ponías peros, mas volví a repetir que vivir contigo quiero.
¡Estás loco! me dijiste, escucha bien, jovenzuelo, ¿cómo pretendes emparejar a una garza con un mochuelo?
Yo soy bella y deslumbrante, esbelta y bien parecida. Tú, en cambio, pareces parte de una antigualla perdida.
¡Está bien, no te enojes! Te dije con sencillez. Quédate sola en tu charco, disfruta con tu desdén.
Pues escrito está en el viento, que sola se ha de quedar, aquella que se cree un portento falto de argumentar.
Así que aplícate el cuento, y deja de menospreciar, aprovecha bien este momento, pues tal como viene, se va.
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