
EL SUEÑO DE UN HOMBRE

Miré hacia arriba...
y contemplé a la gran montaña,
quise subir hasta la cima,
y dejar volar mi alma.
Caminé por los senderos...
me introduje en sus entrañas,
y subí hasta los cielos,
de aquella verde montaña.
Erguido, con los brazos extendidos,
sobre mi cuerpo giraba,
el Sol me besaba la piel,
y el viento, acariciaba mi cara.
Sobre el azul del cielo,
un águila imperial planeaba,
observando aquel momento,
que mi alma tanto anhelaba.
¡Qué afortunada eres noble ave,
como quisiera ser tú por un instante!
¡Adelante, -dijo ella - adelante,
vuela en este momento,
y siente lo que dejaste!
Cerré los ojos, dejándome llevar por el viento
Volando entre cañones, sobre montañas y valles,
llegué a acariciar al Sol, con el plumaje del ave.
Apareció la noche y con ella llegó el momento,
de contemplar con el alma...
Las estrellas del firmamento.
Deseaba ser como aquel águila real,
volar libre y sin condicionamientos.
No tener que descender a la tierra,
para volver a sentir el sufrimiento,
de ver como el egoísmo humano,
el mundo seguía destruyendo.
Déjame volar alto, seguir en el espacio infinito,
déjame ser el ave Fénix, que llevo oculto por dentro,
seguir con este sueño y ser un hombre completo.
Quiero ser libre en el cielo y volar en el firmamento.
Recorrer el mundo entero, con el Sol y con el viento.
Cuando las ataduras se suelten,
cuando el apego no exista,
quiero ser como ese águila imperial,
que vuela alto en el cielo,
y que contempla mi vista.
José Luis Giménez
