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Fiel amigo y camarada
cómplice noble y leal.
Guardián en mis largas noches
compañero sin igual.
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Duermo en paz si tú vigilas
descanso mientras tú estás
atento a cualquier ruido,
y presto la alarma das.
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¡Maldito sea aquel día…!
Esa noche que bebí…
Embriagado de mal vino
que hasta la consciencia perdí.
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Cuatro ladrones, cuatro…
Cuatro infames bandoleros
necesitaron ser cuatro
para matarte a ti.
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¡Nadie quiso socorrerme!
Nadie salió al encuentro
Solo estaba mi amigo,
mi fiel y leal compañero.
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De un tajo, le cortaron la mano
mientras otro le clavó el cuchillo.
Un tercero lo reventó a patadas
y el cuarto, lo mató en el sitio.
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No gemía de dolor…
Ni siquiera se quejaba,
Sólo tenía su vida,
y con nobleza la entregaba.
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Sus ojos se clavaron en mí
Suplicándome el perdón
Por no poder hacer más…
Ante el perverso ladrón.
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Se llevaron tres monedas,
un reloj y una cadena.
¡Y mi vida yo les diera!
Si mi perro aún viviera.
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¡Que amarga suerte la mía!
perder el mayor tesoro
el único y gran amigo,
el que por mí lo dio todo.
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Ahora ahogo mis penas
sobre su tumba en el huerto,
allí donde correteaba,
enterrado está su cuerpo.
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Ya no correrás al verme
como hacías cada día,
no moverás más la cola,
demostrando tu alegría.
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¡Maldita sea la bebida!
¡Maldito sea el mal vino!
Que me dejó sin mi perro,
sin mi mejor amigo.
© José Luis Giménez
www.jlgimenez.es
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