LOS OJOS DEL ALMA.

Mirando la lluvia al caer,
recuerdo con emoción
que fue junto a aquel balcón
donde cobijo buscaste
en espera que de llover dejase.

 

Tus ojos se fijaron en mí,
y yo corrí hacia ti,
guiado por una intuición.

Mi corazón sabía...
que allí me resguardaría.

Las gotas llenaron mi cara,
tus ojos mi corazón,
no pude dejar de mirarte,
esperando la ocasión.

 

Por fín mi boca se abría,
para pedirte perdón.

¿Por qué te disculpas conmigo?
Dijiste con dulce voz.
Por irrumpir en tu templo,
que huele a bendita flor.

Si tus ojos eran bellos,
más linda fue tu sonrisa,
y de tu boca dulce y melosa,
salió la risa más bella,
más suave, más hermosa.

 

Tus ojos seguían fijos,
mirando al cerrado cielo,
al que las nubes ocultaban,
su azul de terciopelo.

Pronto dejó de llover,
yo esperaba una respuesta.
Del bolso sacaste un blanco bastón,
para guiarte en la cuesta.

Ya dejó de llover,
gracias por quererme acompañar,
dijiste con aquella dulce voz,
mientras yo no supe cont
estar.

Tenía un nudo en la garganta,
el esfuerzo fue muy grande,
hasta que pude decirte :
Será un placer acompañarte.

Mientras subíamos la cuesta,
tú apoyada en mi brazo,
yo admiraba tu belleza,
tu figura y tu encanto.

Tu voz sonó dulcemente :
¿has visto el arco iris?,
¿ves que hermoso es?
No sabía que responderte,
y por eso te pregunté :
¿tú puedes verlo?

 


Mis sentidos me dicen lo que puedo ver.
Respondió amablemente ella.
Mas no es con los ojos de la vista,
sino con los del alma,
que sé que la vida es bella.

 

José Luis Giménez

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