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A mi niño del alma
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Hace tanto tiempo ya, que hasta la memoria se olvida,
que también tuviste madre y que fuiste niño un día.
La inocencia te abrazaba, y anhelabas compañía,
pues tu mano me buscaba para aferrarse a la mía.
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Tus ojos eran tristes, oteando el horizonte,
intentando ver el Norte, el futuro de aquél hombre.
Afrontando las desidias, las quimeras y humillaciones,
caminaste con paso firme, asentando tus razones.
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Anduviste por veredas, de peligros todas llenas,
soportaste la calumnia, la ignominia y la injusticia,
mas tu espíritu lucharía por las causas que eran buenas.
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Ahora miras en el tiempo, y recuerdas con nostalgia,
qué sería de aquél niño, que tan solo se encontraba…
que sólo buscaba cariño, y a un padre que lo amara.