POEMAS

de

Julia Calzadilla

 

¿Qué hice para qué pusieran/
a mi vida tanta cárcel?
(El Último Rincón)

A Miguel Hernández


¿Tu huella? Marca que llevo
recorriéndome la sangre.
Mi identidad. O la tuya.
O mi después. O tu antes.

¿Mi estela? La desconoces,
y si acaso la encontrases,
en las aguas la ahogarías
para seguir y no hallarme.

La tempestad no me importa.
Lo que da rabia es la cárcel.
Ese estar presa en tu paso
navegándome sin nadie.


Julia Calzadilla

Tú, tu vientre caudaloso,/el hijo y el palomar,
Esposa, sobre tu esposo/suenan los pasos del mar.
Miguel Hernández
Cantar (8)

(A mi madre)

Sigo hoy de reverso,
del final al principio.
Balbuceo las palabras.
Ya no vuelo, camino.

Ya no canto, susurro.
Ya no susurro, chillo.
Y el pecho de mi madre
obedece a mi grito.

No camino, gateo,
Y de pronto, ya existo,
en su vientre y su agua.
En tierra y mar tranquilos.

¡Al fin regreso a casa,
y floto en paz, Dios mío!


Julia Calzadilla

Que me aconseje el mar/lo que tengo que hacer:
Si matar/si querer.
Miguel Hernández
Poemas Sueltos (6)

¿Qué es mejor, matar recuerdos
o que ellos nos acaben?
¿Ser leño carbonizado
o una llama que no arde?

¿Ser espuma diluida,
fragmentada en tantas partes
que viven solo un segundo
arrastradas por el aire?

¿Qué debo querer entonces:
un relámpago de carne,
o la quietud del invierno
vuelta hielo en un estanque?

¡Ay, mar, espero respuesta!
Ha sido largo mi viaje
y aunque ya llegué a la orilla,
quiero hablarte y que me hables.

Y me digas si es que debo
querer que el agua se trague
para siempre aquellas muertes
que fui dejando en tu oleaje.

Pues toqué tierra y no quiero,
matar ya nada ni a nadie,
¿Y querer? Tal vez si duermo...
¡Ha sido tan largo el viaje!


Julia Calzadilla

A Federico García Lorca

Ay, Federico y la luna,
ay, el mar, la luciérnaga, el álamo, y el cielo,
ay, ay, la calavera, el pájaro, la nube, la nieve y el cuchillo,
ay, el jazmín y el agua prendidos de tus labios en mordida apretada
que acabó por mancharte de sangre los papeles.
y ay, tu pecho igualmente apretujado,
y ay, tu duende en el jardín de tu agonía
que ya no huele a hierba y ya no huele a río
porque no puede ser no puede ser porque no puede
volverse pan de trigo el pan carbonizado
ni manantial ni pozo ay ay mi agüita seca,
esta vena y su grito que me laten
porque también me faltas hoy, poeta romancero,
y quisiera contarte, ay, Federico,
que alguien martiriza mi colibrí de amor entre sus dientes.

Julia Calzadilla

A Lorca de nuevo,
porque quiero saber

Quiero saber si la luna,
es de algodón o de plata,
o el corcel que se refleja
en los temblores del agua.

O el viento que en los cristales
de la escotilla mojada
me martilla los recuerdos
gastados como barajas.

Pero me corta la arena,
se me emborrona la playa,
y hay alboradas negras
y noches que son muy blancas.

¡Qué tormento esta existencia
que me sacude la barca,
esta nieve derretida,
este sol lejos del alba!

Se me escapan las respuestas,
aquellas nunca encontradas,
que si he buscado en los astros
es porque en tierra me faltan.

¿Qué harás tú o qué harán todos?
¿Qué haré yo con tanta escarcha
congelada entre los dedos
como féretros de algas?

¿Escribir algún poema
si tal vez de madrugada
es cuando el llanto del niño
se afila como una espada?

¿Acaso es mejor bajarse
cuando se quiebra la rama,
ignorar que se está vivo,
oír que la muerte llama?

¡No! El horizonte está cerca.
¡Por favor, que no se vaya!

Julia Calzadilla


I


Nado en la abundancia.
Las escamas son vitrales coloridos.
Lentejuelas, lamé de peces pobres.
Son trozos de satín. De piel pulida.
Rebanadas de oro. Lascas de argento.
Capas sueltas de luz. Escamas vidrio.
Rodajas de cristal, cachos de nácar,
azogues en abrazo.
Son mi piedra de toque, hojuelas de perlas.
Son mi piedra angular. Medallas del torrente.
Alquimia bonachona que deja entrar al ojo,
ver sótano y traspatio, ver la hondura,
señales luminosas, alerta al marinero,
de que, por Dios, se, libre, de, las, aguas, mansas.

Julia Calzadilla

Me moriré en París con aguacero.
César Vallejo


Me moriré de risa cuando me dé la gana.
Cuando el suelo se crezca hasta el techo y yo me escape
por una puerta oculta,
por algún pasadizo secreto que inventé siendo embrión,
sospechando los aquelarres que vendrían.
Pues, sí, me moriré cuando se me ocurra,
y habitaré por fin el palacete entero de mí misma,
sin pellejos cambiantes que pretendan erigirse en apellido.
Seré aire. Fffffffffffff. Ese soplo de mí que fui al comienzo.
Y dejarán de machucarme las mandarrias. Dejarán de pincharme las espinas.
Dejarán de joderme los comerciales de que ciclano es bueno,
requetebueno, buenísimo, que hay que votar por él.
Hasta la jodedera dejará de joderme, porque aire seré. Un airecito.
Ajena a los raíles que se caigan de punta. A rayos partidores. Palabrotas.
Ceremonias pomposas. Mentirillas ¿piadosas? A la mierda.
Atenta, sin embargo, a la casa tambaleante de la esquina.
A la familia tambaleante que la apuntala. A sus perros y gatos.
Sus cotorras. Sus cucarachas, por cierto, con un código secreto desconocido.
Ajena al santurrón que nos contempla con los ojos en blanco.
Atenta, sin embargo, a los ojos en blanco. Al bastón y al camino.
Al palillo de dientes como adarga que imité del Quijote,
enfrentada a molinos demenciales, ¿de viento? No, de viento, no.
Más bien de olvido, de ira, de odio, de abandono.
Pues sí, me moriré el día menos pensado, como dice la gente.
El día del fiestón, de transmutar el estiércol, la bazofia
por airecito luz, por luz sabrosa, con el acorde de su telón de fondo,
praaaaaaaaannn ¡a pasar por fin del otro lado!, con música de esferas,
con la brisa y la paz, con mi airecito,
con el soplo de mí que fui al comienzo. Por los parques paseando,
sin trope… tropezar… sin trompicones.
Con ballenas y todo.
Remuerta de la risa. Divertida.
Porque habrá algún fotógrafo vampiro defraudado
que no podrá tomarme fotos con un puñal clavado en mi esperanza.

Julia Calzadilla

POEMAS (Cuatro Sonetos)
de
Julia Calzadilla

-I-

Es cierto que una herida llega hondo

sin que importe el alivio que da el tiempo,

que el pan es más duro en el invierno

y que el triste es más triste en el otoño.

Que la pena se encaja poco a poco

y desborda el contorno de los huesos,

que a veces hay naufragios o algún miedo,

o algún pedazo que perdió algún todo.

Eso es cierto, lo dicen las canciones

tan lindamente cursis que han logrado

ocupar triunfadoras los rincones,

pero hoy, cuando el sismo ya ha pasado,

declaro sin estrofas a montones...

que dolería más perder tus manos!


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-II-
(Para leer de viaje)

Es cierto que me voy, aunque no salga

del paisaje que tú habitas en mi cuarto,

demorando la distancia, algún abrazo

que se quede en mi pecho y en mi espalda . ..

Decir que voy, que iré, aunque la marcha

esta vez me camine más despacio,

y me encuentre tu calle a cada paso

con el eco de tu voz y mis palabras.

Pero saber que voy y que regreso

--aunque duela profundo la partida--

con más mares surcados, cerca, lejos...

porque traigo de vuelta esta infinita

alegría al sentir cómo te pienso

a pesar de la ausencia de tu orilla.

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III

Quiero habitar mi acera cotidiana,

mis cucharas, mis platos, mis papeles,

y a la vez pensar que no hay paredes

y que no tengo dedos, sino alas.

Quiero escapar del cuerpo que me ata

y sentir que las ramas se me crecen,

y a la vez respirar lo que me espere

al costado más duro de mi cama.

Quisiera ser, en fin, ese profeta

que anuncia una galaxia entre las ruinas

y quiere compartirla, que ande suelta,

pues así nada comienza ni termina,

como el cuento inventado que se queda

despierto en mi reloj en una esquina.


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Hoy es siempre todavía....

(Pensando en Atonio Machado)

No me canso de dar tumbos por las grietas

porque al fin pude saber el porqué existo,

la razón de recorrer, sin previo aviso,

las pisadas que ya sé a dónde llevan.

Hoy quiero dibujarte este poema

después de desandar tantos caminos,

sin haberme extraviado en el gentío

para esperar por ti frente a mi puerta.

La soledad no es pena, es compañía,

y contigo ni me rompo ni me pierdo

cuando enfrento el ataque de los días,

porque sé que es posible, ¡sé que puedo!

prolongar hasta siempre un "todavía",

aunque no salga, aunque se quede dentro.

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POEMAS
(para acordeón y vino,
o guitarra y cerveza, o violín y champán,
o té y roscas con azúcar)
de
Julia Calzadilla

-I-
Yo quisiera sentirte en las horas más nuestras
(que es tal vez nuestra forma de existir entre dos)

y etregarte esa lluvia que aprisiona en sus gotas

la humedad del sonido de llamarte sin voz.

Yo quisiera escribirte sobre lienzos y piedras

esta angustia tan mía de no estar donde estás,

en el modo cualquiera con que tiembla algún lago

demorando en la orilla lo que viene y se va.

Y así... sin saber cómo y ni cuándo ni dónde,

descubrir tu silueta en el gris del ocaso,

y al pasar por tu lado con el rostro de siempre,

callarme esta sed loca de estar entre tus brazos.

Mi manera callada, tan sencilla y tan mía,

que es igual al silencio de estas tardes así,

es también esta forma de sentirme más sola,

cuando sé cómo duele que amanezca sin ti.

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(Oyendo Autumn Leaves)

Si algún día yo supiera el motivo del viento

de ser bajo una roca amante de la arena,

no sabría que es más nuestro,

si la piedra o la brisa,

o el dolor de la espuma sobre playas ajenas.

Si algún día yo supiera por qué llega el otoño

cuando hay hojas que empiezan a sentirse más verdes,

no sabría que es más nuestro, si el otoño o las hojas,

o el invierno que parte y el color que se pierde.

Si algún día yo supiera qué hay en tus pupilas

cuando apoyas tus dedos cansados en la reja,

no sabría que es más nuestro, si tu entrada o mi angustia

cuando siento que faltas y comienza la espera.

Si algún día yo pudiera responderme

estas dudas,

llegaría finalmente a alcanzar dos certezas:

que mi almohada es muy fría cuando tu ausencia es larga,

que mi almohada es de fuego cuando es corta tu ausencia.

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Solo ante tí, Maestro, yo me inclino:

porque el Amor a todos que me fluye,

porque el Amor a uno que me embarga,

porque el Amor a alguien que me llena

porque el Amor plural que me derrama

es canción, poesía, raíz, viento,

es Amor de verdad,

Amor del bueno,

es Amor, Jesús,

¡te doy las gracias!

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