Recuerdo tu mirada, tu sonrisa,
y tus labios rojos carmesí,
el rubio color de tu pelo,
tu semblante y el olor a jazmín.
Te cruzaste en mi camino,
me miraste, te miré…
y el silencio se hizo eterno
hasta que por fin te hablé.
¿Qué hace una flor de primavera, en este jardín otoñal?
Sonreíste con dulzura, cándida, inocente y jovial,
respondiendo que buscabas… un amor sin igual.
Fueron pasando los años,
y sigues con ilusión…
buscando ese amor puro,
que colme tu corazón.
¿Acaso no te das cuenta, que ya no necesitas buscar?
Desde que te entregué mi cuerpo y mi alma…
Tu corazón es mi templo y mi altar.
Hace ya muchos años…
Aún parece que fue ayer,
cuando elegí a mi compañera,
a la dueña de mi ser.
Eres tú la que embelesa mis noches,
la que me estimula de día…
la que siento en mis entrañas
eres tú, vida mía.
