LA PACA DEL PACO

Una mañana, un buen hombre de campo, recibió un telegrama urgente. Pero como no sabía leer muy bien, pues apenas tuvo la oportunidad de ir a la escuela, se dirigió al Ayuntamiento, para que el alguacil o el escribiente le leyera el contenido. Después de conocer el contenido del telegrama, se volvió a su huerto, donde se encontraba arando y preparando la tierra. El alguacil, que había leído el telegrama del labriego, buscó al alcalde y le dijo lo que ponía en el telegrama y que si no hacía algo pronto, el Paco, podría cometer una barbaridad. Inmediatamente, el alcalde, dejó todo lo que estaba haciendo y se dirigió al médico del pueblo, quien tenía fama de saber convencer a los más testarudos, para que interviniese y evitase una tragedia, por lo que le comentó lo que le había dicho el alguacil, sobre el contenido del telegrama. El médico no fue menos que el alcalde, y dejó su consulta, para ir en busca del campesino.
Cuando el médico llegó hasta donde se encontraba el labriego, lo encontró sentado, afilando la hoz y la azada, y pensó para sí: ¡Menos mal, aún he llegado a tiempo”. Con palabras tranquilizadoras hacia el campesino, le dijo:

—¡Pero hombre, Paco!, ¿qué vas a hacer…? ¡Vas cometer una tontería… te vas a buscar la ruina…! Y total..., sólo porque la Paca está confraternizando con otro.
—Confraternizando no, doctor… y con otro, tampoco… que es con el Eusebio…
—¡Bueno qué más da, que sea con el Eusebio…! ¡Pero es Francisca, tu mujer!  
—¡Ah, no, no… doctor! Usted se refiere a mi Paca… Si precisamente fui a ver al alguacil para que me explicase que significaba eso de “confraternizar”, porque pa mí que le había dao un yuyo a la vaca. El resto del telegrama ya lo entendí…
—¡A ver ese telegrama, Paco…!
—Mire Usted doctor, mire…
“Ven urgentemente o cuando puedas, la Paca ya ha confraternizado con el veterinario y está totalmente abierta de nalgas. Y ha dicho que si no vienes la pierdes, tú mismo”.
—Pero…, esto parece…
—Pos ná doctor… ¿qué va a parecer…? Que a la vaca le ha dao por ponerse  a parir justo ahora… ¡con el trabajo que tengo! ¡Francisca, trae un botijo de agua fresca para el doctor!
Hace calor… ¿Verdad, doctor?

“A buen entendedor, con pocas palabras basta”.

 

© 2014 - José Luis Giménez
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