LA CAPILLA DEL MILAGRO

Capilla de Nuestra Señora de las Victorias

Al llegar al lago de Furnas, uno de los lagos más bellos de la isla de San Miguel, en Las Azores, y situado en la orilla Oeste del mismo, nos encontraremos con un edificio que no puede pasar desapercibido; se trata de u n templo de estilo neogótico, construido con ladrillos de color rojo, que lo hace destacar aún más si cabe, sobre el verde entorno existente, repleto de exótica flora y exuberante follaje, así como el mostrar gran variedad de vidrieras de gran valor artístico en cada lado del edificio.

 

Lago de Furnas con la Capilla al fondo

Capilla de D. José do Canto ( Nossa Senhora Das Vitórias )

La imagen que la capilla ofrece desde la lejanía, ya hace intuir que aquella construcción no es tradicional en el lugar, pues no se corresponde el estilo neogótico del edificio, típico de los templos franceses, con las construcciones llevadas a cabo en las islas Azores a partir de su descubrimiento, ya adentrado el siglo XV.

Por tanto, aquella construcción estaba fuera del tiempo, o por lo menos no se correspondía con el estilo que se había seguido utilizando en las islas, tal como había venido observando en mi recorrido por la isla de San Miguel. ¿Qué hacía un templo de estilo neogótico, típico de lugares tan lejanos como Francia, en aquel lugar?

Aquella capilla de estilo neogótico requería una investigación en profundidad por mi parte, y no dudé en ponerme de inmediato a ello.

Como solía ser habitual en mí, opté en un primer lugar por encontrar alguna indicación o dirección a la que dirigirme para obtener información de la capilla, pero resultó inútil, ya que dicha capilla se encontraba cerrada “a cal y canto”, con candados y cadenas que impedían siquiera visualizar algún elemento de su interior. Resultaba evidente de que aquel lugar llevaba cerrado mucho tiempo.

Así que estuve indagando por los alrededores, por aquello de encontrar alguna pista o alguna persona que pudiera facilitarme la información que precisaba. Pero no era fácil, de hecho, la entrada al lugar ya estaba restringida únicamente a personas autorizadas o vecinos, por lo que si no tenía la suerte de encontrarme con algún lugareño o persona que tuviese la información que precisaba, mi “investigación” se iría al traste.

Vista lado Noroeste de la Capilla

Vista lado Sureste

Pero la suerte ya estaba echada, y como no creo en las casualidades, no tardó en pasar por la calzada del lugar un vehículo, al que literalmente obligué a parar, poniéndome en medio de la calzada y haciéndole señales para que parase. No me importó que el conductor pensase que un “loco” se le había cruzado en su camino, ya que yo no tenía tiempo para hacer poco más, debido a lo avanzado de la hora de la tarde en que me encontraba, siendo más de las 19 horas, y que me imposibilitaba que volviese a tener la suerte de cruzarme con alguien más, ya que tenía que proseguir mi marcha.

Después de pedirle disculpas y presentarme al asombrado conductor, quien resulto ser un responsable del Centro de Monitorizaçao e Investigaçao das Furnas , éste me indicó que dicha capilla no se podía visitar, ya que llevaba varios años cerrada al público y además era de propiedad privada.

Ante mi insistencia, y debido a que sólo me quedaban dos días para marcharme de la isla, le rogué que me facilitase por lo menos el nombre del actual propietario o de qué manera podría contactar con él.

Vista lado Oeste

Vista lado Suroeste

Miguel, que así se llamaba aquel amable señor, se rebuscó en sus bolsillos, ofreciéndome el teléfono y el nombre del actual propietario, cosa que agradecí de inmediato, pero surgió otro problema del que me dí cuenta en ese instante; y no era otra cosa que el hecho de que mi portugués era muy deficiente y, ¡a ver de qué manera me presentaba yo a la propietaria! –puesto que resultó ser una señora- y le convenciera para que me permitiese visitar la capilla al día siguiente, pues tenía que devolver el coche alquilado y después regresar a Barcelona.
Así que volví a pedirle otro favor a Miguel: ¡Rogarle que la llamara él en mi nombre y le pidiera por favor que me permitiese visitar la capilla al día siguiente, pues ya no disponía de más tiempo! Así de paso, al llamarla una persona por ella conocida, resultaría más fácil el que me concediera mi petición. Miguel accedió, y la señora Dona Margarida , que así se llamaba la propietaria, también.

Casa de D. José do Canto, actualmente de su tataranieta Dona Margarida

Dona Margarida junto a su sobrina antes de abrir la Capilla

¡No me lo podía creer! Iba a poder ver por dentro una capilla que hacía muchos años había estado cerrada al público. Y lo que me resultaba más intrigante: conocer la historia y la razón de la existencia de dicho templo.

Durante el transcurso de la noche y el resto del día siguiente, hasta las cuatro de la tarde en que había quedado con la Señora Margarida , en mi pensamiento no dejaba de sopesar la posibilidad de que me encontrase ante una prueba irrefutable del paso de los Caballeros Templarios por aquellas tierras.

Estaba ansioso por conocer “ in situ ” y en persona, si aquella construcción estaba datada entre los siglos XIII o XIV, ya que indirectamente estaría confirmando la llegada de la Orden del Temple a tierras americanas antes del “descubrimiento” de Cristóbal Colón.

Como es de suponer, al día siguiente, llegué con la suficiente antelación como para ir haciendo fotografías del exterior y preparar el terreno. Me encontraba tan nervioso por el acontecimiento, que apenas habían pasado diez minutos de la hora convenida cuando, al ver que aún no había llegado Dona Margarida , decidí acercarme hasta el Centro de Monitorizaçao e Investigaçao das Furnas, con la esperanza de encontrar al amable Miguel y rogarle que llamase a la propietaria, para saber si había algún problema, pues yo estuve intentando hablar con Dona Margarida por teléfono y no conseguí comunicarme con ella.

Parecía que al final todo se estaba complicando, aquel día tampoco estaba Miguel en el Centro… y yo no tenía el teléfono de Miguel, así que le explique a la señorita que atendía al público que había quedado con Miguel y la Sra. Margarida , pero que no habían llegado aún, por si sabía algo…

Tuve que presentarme a la señorita y dejarle mi tarjeta, a fin de que me tuviese confianza y me permitiese hablar con Miguel, hecho que conseguí al acceder la amable señorita a llamar a Miguel y pasarme la llamada.

 

Vista general del interior con el Altar Mayor al fondo

 

Altar Mayor - Púlpito y vidrieras

Miguel intentó tranquilizarme diciéndome que ya había hablado con ella, que se había retrasado, pero que ya estaba de camino, que mientras, fuese al jardinero de la casa del lago, ahora propiedad de Dona Margarida, y allí éste me mostraría el hermoso y exuberante jardín que posee la casa.

Le agradecí a Miguel toda la amabilidad que había tenido conmigo y me dispuse a acudir a la casa del lago, cuando sonó el teléfono en la recepción del Centro de Monitorizaçao…

- Sr. Giménez, –me llamó la señorita de recepción- acaba de llamar Miguel, dice que la Señora ya ha llegado a su casa, que lo espera allí.

Le agradecí efusivamente a la señorita de recepción toda la atención que había tenido conmigo y salí rápidamente en dirección a la casa del lago, de la que me separaba unos mil metros aproximadamente.

Cuando llegué a la casa, el jardinero ya estaba atento a mi llegada, por lo que avisó de inmediato a la Señora de que yo acababa de llegar.

Nada más verme, la Señora Margarida se acercó hacia mí sonriendo, mostrando una gran simpatía y amabilidad. Llevaba un manojo de llaves en las manos, que supuse pertenecían a los candados y cadenas existentes en la capilla.

Después de presentarme y dejarle mi tarjeta, ella me indicó que al ser una ocasión especial, su sobrina que le acompañaba, también vendría con nosotros a fotografiar la capilla.

 

Vidrieras y lámpara del Altar mayor

 

Vidrieras sobre la Virgen y con el escudo de armas de D. José do Canto

Mientras caminábamos en dirección a la capilla, distante unos quinientos metros de la casa, aproveché para hacerle las preguntas que en aquellos momentos me parecieron de mayor interés.

- Dona Margarida, ¿Cuándo se construyó esta capilla y por quién?

- Ah, pues verá… la capilla se empezó a construir en el año de 1854…

- ¿1854…? Creí que era muy anterior…-repliqué- es de estilo gótico o neogótico…

- Sí, así es, y los planos los hicieron dos arquitectos franceses muy famosos de aquella época de la cámara municipal de París:  A. Bretton y A. Bonett

- ¿Y por qué se construyó una capilla de estas características en este lugar, donde no existe prácticamente ningún edificio de dicho estilo…?

– Bueno, eso se debió a la promesa que hizo D. José do Canto, quien prometió construir esta capilla como exvoto a la Virgen de la Victoria si curaba a su mujer de una grave enfermedad de la que no le daban esperanzas.

- ¿Y se curó…? –pregunté expectante.

- ¡Por supuesto, por eso estoy aquí! –afirmó mientras sonreía.

- ¿Quiere decir que fue un antepasado suyo…?

- Sí, D. José do Canto y su esposa Dñª María Guilhermina Taveira fueron mis tatarabuelos.

Vidrieras representado diversos pasajes de la Virgen.

Dona Margarida dio comienzo a una historia que muy pocas personas conocían.

D. José do Canto era un admirador de todo lo francés, de hecho estuvo viviendo más de 20 años en París, Francia. Mandó allí a sus hijos a estudiar y realizaba continuos viajes entre París y Ponta Delgada (Capital de la isla de San Miguel, Azores). En París conoció a los célebres arquitectos que después realizarían los planos de la capilla, la cual sería dedicada a la Virgen Nossa Senhora Das Vitórias (Nuestra Señora de las Victorias).

Cuando regresó de París con los planos, contactó con el maestro albañil Miguel Antonio de Sousa Remolino de Vila Franca do Campo, -ciudad cercana a Furnas- quién se haría cargo de trabajar las piedras rojas empleadas en la construcción de la Capilla. Poco a poco se fue construyendo, incluyendo esas majestuosas vidrieras que posee. Cada día por la mañana, D. José do Canto, atravesaba el lago con su barca, y la dejaba varada ahí en la orilla, frente a la capilla que estaban construyendo. Quería asegurarse de que todo se haría tal como él deseaba. Incluso llegó a dejar escrito en su testamento dicha voluntad, pues llegó a temer que pudiera morir antes de ver acabada la capilla. Así, en su testamento fechado el 27 de junio de 1862 viene a decir:

Detalle de la lámpara del Altar Mayor

Vidriera de San José con el niño Jesús - Escudo de J. Canto

“Después de haber hecho el voto en 1854, debido a la gravedad de la enfermedad de mi esposa, para construir una pequeña capilla por invocación y en agradecimiento a Nuestra Señora de las Victorias, y viendo que todavía no se ha logrado mi objetivo, demando que se haga el edificio actual que se está construyendo y que ha sido elegido cerca del lago del cráter, en el caso de que llegada la hora de mi muerte no se hubiere realizado, con la total diligencia y el buen sentido que se ha estado utilizando hasta ahora, para que sea construido.”

Trás escuchar a Dona Margarida, intervine para preguntar:

- Dona Margarida, ¿quiere decir entonces que D. José do Canto, no llegó a ver terminada la Capilla ?

- No, no, la Capilla se terminó en el año de 1884, es decir, 30 años después. El día 15 de agosto de 1886 se inauguró solemnemente. Don José do Canto siguió viviendo hasta el día 10 de julio de 1898 en que falleció, once años más tarde que su esposa Dñª María Guilhermina Taveira , quien fallecería el 10 de julio de 1887, tal como podrá observar ahora cuando entremos en la Capilla , ya que ésta se ha convertido en el mausoleo de ambos.

 

Dona Margarida mostrando el ajuar para los oficios religiosos

Casi sin darme cuenta, ya habíamos llegado hasta la entrada de la Capilla. La emoción era tan grande, que le solicité a Dona Margarida poder hacerle algunas fotografías mientras ésta abría las puertas.

Mientras la Señora Margarida estaba entregada en la apertura de las cerraduras y candados, me hizo varios comentarios al respecto.

- Esta capilla ha estado cerrada durante más de 20 años… al obispo no le gustaba que se celebrasen bodas y bautizos en este lugar… hasta hace poco no me han permitido volverla a utilizar para realizar bautizos o bodas, la última boda fue la de mi hija…

Inmediatamente, y tras hacerle un par de fotografías, por fin las puertas de la Capilla volvían a abrirse después de varios años y a entrar la luz del Sol por la puerta principal. La primera impresión fue extremadamente emocionante, las luces de variados colores que se reflejaban entre las paredes y las baldosas serigrafiadas o arlequinadas del suelo, proyectada desde las grandes vidrieras, le conferían un espectáculo de luz y color similar al observado en capillas tan célebres como la iglesia de Saint-Sulpice de París. Lo que de manera inconsciente me llevó a recordar el fenómeno de “ les pommes bleues ” de la iglesia de Santa María Magdalena en Rennes le Château, donde se supone que el abad François Bérenger Saunière dejó pistas sobre el secreto de Rennes.

Efecto de luces de colores sobre la pared y el suelo, tal como aparece en la Iglesia de María Magdalena en Rennes le Château, conocido como "Les pommes bleues".

Vista lateral

Las vidrieras, artísticamente decoradas con cristales de todos los colores, y repartidas por todos los lados del templo, representaban varios pasajes de la Virgen , que iban desde la Anunciación a la Ascensión.

Si no fuera porque Dona Margarida me permitió acceder a todas las partes de la Capilla y comprobar por mí mismo todo lo que allí había, hubiese jurado que aquel lugar guardaba más de un secreto. Pero el secreto era más que evidente, no era tal secreto, sino una declaración de Amor en toda regla; un Amor que fue capaz de hacer realidad lo que únicamente podía conseguir un milagro: Vivir juntos para la Eternidad.

Lápida mortuoria de Don José do Canto

Nacido en Ponta Delgada el 20 diciembre 1820 + en Ponta Delgada 10 julio 1898

Lápida mortuoria de Dña María Guilhermina Taveira Brum do Canto

Nacida en Ponta Delgada el 7 diciembre 1827 + en París 2 julio 1887

Fotografía de Don José do Canto

Fotografía de Dñª María Guilhermina Taveira

Y allí estaba la prueba: Las tumbas de Don José do Canto y de su amada esposa Dñª María Guilhermina Taveira, una al costado de la otra, a cada lado de la Capilla. Una capilla que para mí acababa de adquirir un nuevo nombre: La Capilla del milagro.

Dona Margarida mostrando la que fuera la casa de su tatarabuelo D. José do Canto

Vista del lago de Furnas desde la casa de Dona Margarida (casa José do Canto)

Mi agradecimiento a Dona Margarita, por su desinteresada colaboración, así como a D. Miguel GC Ferreira, sin cuya decisiva participación, este artículo no habría sido posible.

 

© 2012 - José Luis Giménez

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