El día del cambio universal


Había una vez un país al que llamaban “El País de la Ñ”. En dicho país había un gran número de personas que no tenían trabajo; una cifra astronómica, superior al resto de países de su entorno, y que ascendía a más de 6 millones de personas desocupadas, superando el 27% de la población activa.

Conforme los subsidios desempleo se fueron agotando, los trabajadores en paro empezaron a tener cada vez mayores dificultades para lograr sobrevivir en el día a día. El Estado no proporcionaba empleos a los trabajadores desocupados, ni se hacía cargo de las necesidades básicas de supervivencia de dichas personas, entre las que ya había más de 2 millones de niños que pasaban hambre. Otros tantos 2 millones de personas, habían agotado toda clase de ayuda estatal, por lo que tampoco recibían ningún tipo de ayuda social, lo que les llevó a la mayor indigencia, exceptuando a los que aún tenían familiares, padres o abuelos, que con su humilde pensión de jubilación, sustentaban a toda la familia.

Mientras tanto, el Gobierno, hacía caso omiso a todo lo que estaba sucediendo en el país, y únicamente le preocupaba las denuncias sociales de las que era objeto, debido a la gran corrupción e incapacidad que existía en la casta política. Tanto es así, que además de recortar todos los derechos sociales, laborales, de atención sanitaria, educación, pensiones, y aumentar todos los impuestos posibles etc., se propuso eliminar el derecho de expresión, proyectando nuevas leyes que cambiarían el código penal, con el fin de intimidar con grandes multas y sanciones a todos los periodistas o personas que hablasen de la corrupción de la casta política, para que así, ellos, pudiesen seguir defraudando, engañando, robando y mal gestionando la Hacienda del Estado.

Pero todo tiene un límite y, un buen día, a través de las redes sociales, los 6 millones de parados, se organizaron para hacer frente a tanta corrupción y desfachatez del Gobierno, por lo que programaron una gran marcha de todos los parados unidos hasta la capital de la Nación, para hacerse oír en la Cámara de los Diputados.

Se organizó de manera que todos los parados pudiesen estar el mismo día frente al Congreso, por lo que debido a que, de cada ciudad del país, alejadas de la capital, acudirían varios cientos de miles de ciudadanos, se optó por utilizar todos los medios de transporte que estuviesen a su alcance, recibiendo ayuda de varias compañías de trasportes y empresas privadas que prestaron sus autocares y camiones, incluso tractores con remolque, para que todos pudiesen estar el mismo día en la capital del reino.

Los miembros del Gobierno, al tener constancia de tamaña manifestación, se apresuraron a anular cualquier derecho de manifestación que pudieran tener los ciudadanos, intimidando a la ciudadanía con grandes multas y sanciones a todos aquellos que acudiesen a la manifestación. Pensaba el Gobierno que, si no se permitía la manifestación, la opinión internacional no conocería del grave problema que se cernía sobre dicho gobierno y así todo seguiría como hasta entonces.

El Gobierno, además, dio orden a las Fuerzas de Seguridad, para que impidiesen cualquier tipo de manifestación, autorizando a actuar con gran contundencia, además de servirse de los medios antidisturbios que se habían preocupado de adquirir para tales propósitos.

Llegado el día de la gran concentración en la capital del reino, los agentes de las fuerzas del orden se negaron a agredir y a rechazar la avalancha de manifestantes que se les venía encima, pues ¡eran más de 6 millones! Algo que nunca había sucedido en la Historia de la humanidad hasta ese día.

Los manifestantes rodearon el Congreso, donde se encontraban los señores diputados y los miembros del Gobierno, impidiendo que saliesen del edificio para comer o dormir en sus lujosas habitaciones de hotel y que, por una semana, se alimentasen en la misma medida que lo venían haciendo los manifestantes allí reunidos, así como dormir en sus cómodos sillones, en vez de en sus elegantes camas de las habitaciones de hotel.

Como era de esperar, la noticia saltó en todos los medios internacionales, lo que animó a otros parados de otras tantas naciones que pasaban por un trance similar, dando lugar a diversas manifestaciones de parados que, igual como sucedía en el país de la Ñ, estaban diciendo ¡Basta! al abuso y a la corrupción de la casta política.

Aquel día fue el final de una Era de corrupción, manipulación y mentiras, y el inicio de una nueva Era de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Los Consejos de Las Naciones Unidas se reunieron para adoptar nuevas medidas sociales que no dejasen a ningún ser humano desamparado ante ninguna situación, así como aprobar nuevas leyes donde ya nadie podría cometer corrupción sin recibir un castigo ejemplar.

Y todos fueron felices, y hasta algunos comieron perdices… aunque lo más importante de todo, es que ya nadie más tendría el poder de decidir sobre la vida de otra persona.


© 2014 - José Luis Giménez
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