El Hada y la Princesa

 

 

Había una vez una princesa... que no sabía que lo era. Siempre iba por el bosque mirando al suelo, por ver si encontraba al hada que le concediera sus deseos. Pero por más que buscaba en el suelo, sólo veía pequeños duendes. Así que un día, se detuvo delante de uno que parecía el más viejo de todos y le espetó:

末¿Por qué yo no puedo ver nunca al Hada del Bosque?

El duende se la quedó mirando, asombrado de lo que veía, y con voz tímida le respondió:

末¿Has visitado el arroyo de agua clara?

末He pasado cerca... pero no me he querido aproximar demasiado por no mojarme el vestido... 末respondió la princesita. El duende mirándola con extrañeza , le respondió:

末Pues vuelve al arroyo... y mira en su interior; si lo haces mirando con los ojos del corazón , podrás ver al Hada del bosque.

La princesa, volvió sobre sus pasos y se dirigió hacia el arroyo que le había indicado el duende.

Mas cuando llegó al arroyo, nerviosa y precipitada por ver al Hada, resbaló y cayó al agua, dejando opaca lo que antes era agua limpia y cristalina.

La princesa se levantó rápidamente, gritando improperios contra el duende, ya que creía que la había engañado, y volvió en busca del duende para reprenderle por su mala acción. Pero cuando llegó hasta el lugar donde lo había encontrado por primera vez, ya no estaba. En su lugar había un conejo, que intentaba entrar en su madriguera con un buen racimo de zanahorias. Entonces le preguntó al conejo:

末¿has visto al duende de este lugar?

El conejo, la miro extrañado y después de una pequeña pausa le dijo:

末¿al duende?, ¿ a qué duende te refieres ? sólo las hadas pueden ver a los duendes, ¿ a caso tú eres un hada ?

La princesa se quedó pensativa, miró fijamente al conejo y, éste, con un gesto de indiferencia se introdujo en su madriguera. Entonces la princesa pensó... quizás me he precipitado... ¡ voy a volver otra vez al arroyo¡ me fijaré bien.

Así que la princesa se volvió hacia el arroyo, pero esta vez tuvo la precaución de ir con cuidado, para no caerse en el agua y no ensuciarla. Cuando por fin llegó hasta el arroyo, se asomó al agua cristalina y ¡Oh sorpresa! Ante sus ojos apareció una golondrina. Entonces, su pensamiento recordó la frase del duende "debes mirar con los ojos del corazón". En ese instante, recordó por qué deseaba ver al Hada ¡quería ser como una golondrina, para volar por el cielo y sentir la libertad del viento!.

En ese instante la princesa entendió que el hada existía dentro de ella, de todos nosotros, y que todos nuestros deseos pueden hacerse realidad, pero sólo, si los contemplamos con los ojos del corazón.

 

 

 

José Luis Giménez
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