El Karma


Un hombre muy rico y poderoso acaba de morir de un infarto al corazón. Su alma sale del cuerpo inerte y se dirige al cielo. Al llegar a las puertas del cielo, un vigilante de seguridad, le cierra el paso y le pregunta a dónde va.

—Yo soy Don Emiliano, el banquero más importante de medio mundo… ¿Quién te has creído que eres tú, un simple portero, para impedirme el paso…?
—Lo siento señor, pero tengo orden de no dejar pasar a nadie que su aura no sea limpia…
—¡Pero qué dices insensato! Nadie en el mundo o muy pocos, tienen una relación tan intensa y productiva con el Vaticano como la que mantengo yo… ¡pregunta al Papa, que debe estar ahí dentro…!
—Lo siento señor, pero yo no puedo preguntar a nadie de adentro… además, aquí hace mucho tiempo que no ha venido ningún Papa, ni siquiera sabría a qué Papa se refiere…
—Vamos a ver… no me gusta perder el tiempo con gente sin importancia, llama a tu jefe y que salga a verme…
—Lo siento señor… pero ya le he dicho que yo no puedo abandonar mi puesto…

Ante el escándalo que se ha creado en la entrada al cielo, y debido a que se ha formado una aglomeración de almas que desean acceder y no pueden hacerlo porque el banquero está interceptando la entrada, San Pedro, decide salir a la puerta, para ver qué sucede.

—¡Vaya Don Emiliano… veo que ya ha llegado…!
—¿Y Usted quién es…?
—Aquí soy el jefe de seguridad, pero en la Tierra me conocen como San Pedro…
—Ah bien… bien… con Usted quería hablar…
—Pues Usted dirá Don Emiliano…
—Pues… ¿no lo ve? Este guarda, que no me deja entrar… ¡a mí!
—A ver, tranquilícese Don Emiliano. El Guarda tiene que cumplir con su obligación…
—Pero ¿no está viendo…? Está dejando pasar a todos esos… y algunos parecen hasta pordioseros… ¿Qué clase de normas hay aquí? ¿Sabe cuántos donativos he dado a la Iglesia…, a las fundaciones que me han indicado sus obispos, etc.? ¡Ya podría haber comprado un Cielo entero para mí solo!
—Ya, ya Don Emiliano… pero aquí no vale el dinero…
—¿Entonces… todo lo que decían los obispos… no es verdad?
—No sé qué era todo lo que le decían sus amigos los obispos… pero aquí el dinero carece de valor. Lo único que tiene valor son las acciones que se han realizado en vida en el mundo, con las personas más necesitadas… Pero bueno, no se preocupe, vamos a repasar su historial, a ver si ha habido algún error. Acompáñeme a mi despacho por favor…

Don Emiliano acompañó a San Pedro hasta el despacho de éste, mostrando una cierta incredulidad y malestar por el trato recibido, ya que esperaba a un coro angelical dándole la bienvenida, pero en su lugar, se había encontrado con un guardia de seguridad que le había impedido el paso. Ahora esperaba que todo aquello se debiera a un error informático y quedase solucionado inmediatamente.

—Bien Don Emiliano… me temo que no ha habido ningún error…
—¿Cómo… qué quiere decir… que yo no puedo entrar al Cielo?
—Verá Don Emiliano, esta es la séptima vez que se le ha dado la oportunidad de compensar todo el daño que causó en las encarnaciones anteriores…
—¿De qué encarnaciones me está hablando… no sé de qué me habla…?
—Pues es muy sencillo, Usted pidió volver a reencarnarse en la Tierra y ser un hombre rico y poderoso, para poder utilizar todo su dinero y su poder en ayudar a los más necesitados y hacer el bien… y mire que se le avisó de que ya lo había intentado con anterioridad en seis ocasiones y fracasó… pero Ud. insistió en que “a la séptima, va la vencida”, así que se le permitió regresar a la Tierra con sus condiciones.
—Pues yo no recuerdo nada de todo eso que Ud. me está diciendo… ni siquiera creo en la reencarnación… eso es una excusa que utilizan los pobres, los que no tienen nada y no saben triunfar en la vida, para justificar sus desgracias…
—Me temo que Ud. está en un error Don Emiliano… la reencarnación existe, y Ud. es la prueba de ello, en cuanto se le permita recordar todas sus vidas pasadas, ya no tendrá duda alguna.
—¿Y cómo voy a recordar todas esas vidas pasadas que dice que tuve…?
—Enseguida… en cuanto se presente ante el Juez de guardia. Él tiene la facultad de abrir todos sus archivos y hacer que recuerde todas sus vidas, para que pueda ser juzgado. Luego, él decidirá si le da otra oportunidad de restituir o compensar el daño causado, o cree que deberá empezar de nuevo… Eso sólo lo decide el Juez…
—¡Esto es increíble! ¿Cómo va a funcionar bien el Cielo, con estas normas tan absurdas?
—Pues llevamos así toda la Eternidad y, hasta ahora, nadie ha pedido el libro de reclamaciones…
—¿Franco tampoco…?
—¿Quién…?
—El Caudillo…
—¡Ah!, no, no estoy seguro, pero creo que no está aquí…
—¡Lástima, teníamos una buena relación…!

Bueno, aquí llega el Juez de guardia, le he avisado mientras hablábamos, ahora podrá discutir con él sobre sus otras vidas y el karma… le dejo con él.

—Don Emiliano, soy el Juez encargado de sus vidas terrenales, San Pedro me ha dicho que tiene alguna duda sobre sus vidas anteriores… No se preocupe, enseguida le desbloqueo sus registros akásicos para que pueda acceder y recordar todas sus vidas pasadas…
—¿Oiga, eso no será un truco… para sacarme dinero…?
—Je,je,je… no Don Emiliano, aquí no vale nada el dinero, incluso estorba.
—¿Y me hará daño…?
—No más que el que Ud. pueda sentir al recordar sus propias acciones…
—¡Oiga, yo no tengo motivos para sentirme culpable de nada…!
—No he dicho eso, pero dejemos que sea su consciencia la que decida… ¿le parece bien?

Don Emiliano accedió al desbloqueo de sus archivos akásicos, y pudo recordar de forma inmediata toda y cada una de sus vidas anteriores; quién fue en cada una de ellas, la familia que tuvo, a qué se dedicó, si actuó siempre con honestidad y honradez o por el contrario, si mintió, engañó, manipuló y se aprovechó de la ingenuidad de la gente. Pudo comprobar cómo sus acciones en las otras vidas no fueron nada ejemplares, y cómo a pesar de las continuas oportunidades que se le ofreció para compensar el daño causado, únicamente aprovechó su poder para su enriquecimiento personal y el de su familia y amigos.

—Bien Don Emiliano, ya ha recordado sus vidas pasadas… ¿recuerda cuál fue el acuerdo para volver a esta última reencarnación…?
—Sí, ahora ya empiezo a recordar… —respondió el banquero un tanto apesadumbrado— y creo que he vuelto a fallar…
—Así es, ha vuelto a fallar, y me temo que esta era la última oportunidad para reencarnase en las condiciones que Ud. solicitó. Ahora le tocará reencarnarse en las condiciones que exige su karma.
—¿Y cuál es ese karma? —preguntó el banquero.
—A partir de ahora deberá empezar de nuevo, desde el origen, sufriendo todas las calamidades que por su causa sufrieron otros, y respondiendo bien por mal… este es su karma.
—¿Y qué pasará si no soy capaz de cumplir mi karma…?
—De eso ya hablaremos en su momento, cuando volvamos a reencontrarnos.

Don Emiliano se sumió en un profundo sueño… para despertar tiempo después en una fría sala de hospital, de un barrio pobre del extra radio de una ciudad cosmopólita. Acababa de nacer un niño, hijo de una joven madre soltera y sin recursos.

 

© 2014 – José Luis Giménez
www.jlgimenez.es

 

 

VOLVER