EL REENCUENTRO
De
José Luís Giménez


Apenas faltaban 30 minutos para encontrarme con mi cita virtual y no sabía si sería capaz de presentarme.

Había decidido aislarme. Recluirme voluntariamente en un estado transitorio de estado alterado de conciencia, del que no deseaba salir.

No podía dejar de recordar aquel coche rojo, al que llegué a odiar por haber aparcado en la puerta de la oficina donde trabajaba María, en el lugar que tenía destinado a estacionar el mío, cuando iba a recogerla a la salida de su trabajo.

Aquella inusitada situación, me obligó a estacionar mi vehículo unos metros más a bajo de la calle, desde donde esperaría la salida de María. Apenas salió de la oficina, cuando me buscó con la mirada, yo no estaba en el lugar de siempre, así que tuve que alzar la mano mientras la saludaba y llamaba, moviendo el brazo de un lado a otro, a la vez que gritaba su nombre.

Nada más verme, María, sonrió y dibujo su graciosa expresión que tanto me gustaba contemplar, dirigiéndose hacia donde yo me encontraba.

No había recorrido más de 20 metros, cuando, un inocente pelotazo, de unos niños que jugaban a la pelota, fue a dar en el coche que se encontraba aparcado junto a María, provocando la activación de una bomba que, al parecer, llevaba incrustada dicho vehículo, haciéndolo estallar por lo aires y alcanzando de lleno a María.

Corrí raudo y veloz hasta donde se encontraba el cuerpo inerte y ensangrentado de mi amada. ¡María se había marchado para siempre! Y con ella, todo lo que más amaba en este mundo.

Ya no quise vivir, no tenía ningún motivo por el que vivir, así que me dejé morir, o eso creí. Estuve durante más de tres años sin apenas hablar con nadie, sin querer conocer a ninguna otra mujer y ni siquiera sin sentir ninguna necesidad sexual, hasta que Lucía entró en mi mundo. Aún no sé como ocurrió, ya que solamente me conectaba a Internet para buscar respuestas, pero Lucía, entró en mi vida poco a poco, casi sin darme cuenta, hasta que se ha hecho imprescindible en mi vida y ya no puedo estar un solo día sin conversar con quien me ha dado todo su apoyo y comprensión, de forma totalmente desinteresada desde el principio.

Pero tampoco podía olvidar las palabras de Maria cuando me decía: "Si muero, no me llores, búscame en el viento y deja que una suave brisa te lleve mi beso de despedida, cuando esto ocurra, sabrás que deseo que seas feliz. Siempre te amaré"

Estas palabras de María, se habían convertido para mí en una losa difícil de soportar. Parecía como si ella misma hubiese tenido una premonición, a la vez que sentía que si conocía a otra mujer la traicionaba y mi conciencia se oponía al deseo que ahora manifestaba mi corazón.

Esta incertidumbre me iba acompañando cada segundo que pasaba y que me acercaba por fin a conocer a Lucía. Pero ya no quedaba tiempo para echarse atrás, allí estaba la mujer que me había devuelto el deseo de vivir, de volver a sentirme alegre, por saber que, la vida, aunque cruel, también te vuelve a dar oportunidades.

Conforme me acercaba a ella, sin que se diese cuenta, ya que se encontraba de espaldas, habiéndola reconocido por el vestido que me indicó que llevaría, mi corazón empezó a palpitar con inusitada pasión, sentía una fuerza superior a mí, como nunca había sentido. Cuando por fin estuve tan cerca de Lucía como para tocarla suavemente con mis dedos, ella se giró, me miró y sonrió… No sabría decirlo, pero juraría que era la misma sonrisa que tenía María, sus ojos, brillantes como el lucero del alba, me decían que ella también me reconocía y no fue necesario decir palabra alguna, ya que nuestros corazones hablaban por si solos.

Una brisa suave del viento, vino a besarme en mis mejillas y supe en ese instante, que la vida, me había devuelto el amor.


José Luis Giménez
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