El sabio


Había una vez un anciano sabio, el cual era muy respetado por toda su comunidad, pues siempre aconsejaba acertadamente a todo aquél que acudía a pedirle consejo.

Un día, mientras se encontraba sentado sobre una roca, en frente de un cruce de caminos, aparecieron tres caminantes, los cuales, al verlo, le preguntaron:

—Buenos días, buen hombre… estamos buscando el camino que conduce hasta la cabaña de la cima, pues dicen que allí se encuentra un gran sabio… pero vemos que aquí, en este cruce, se bifurcan los caminos y no indica cual es el que lleva hasta la cima ¿Podría indicarnos el camino…?
—¿Para qué queréis ir hasta ese lugar…? —inquirió el sabio.
—Es que nos han dicho que ese gran sabio lo conoce todo… y queremos pedirle que nos diga lo que ha de suceder en nuestros dominios, pues cada uno de nosotros somos reyes de otros tantos reinos, y últimamente, el Pueblo, se muestra muy alterado y disconforme con nuestro gobierno…
—¿Y para qué queréis conocer lo que ha de acontecer…?
—Para tomar medidas represivas y que no nos coja desprevenidos…
—Entonces da igual el camino que toméis…
—¿Acaso todos los caminos conducen a la cima…? —replicó uno de los reyes.
—No, lo que quiero decir, es que de acuerdo a vuestras intenciones, no necesitáis que el sabio os diga lo que va a suceder… eso lo adivina cualquiera…
—Entonces, si eso lo adivina cualquiera… ¿decidnos… qué crees que va a suceder…?
—Sucederá todo eso que teméis y mucho más… pues un Pueblo no se merece tener a un rey o gobierno, que únicamente se preocupa en conocer cómo debe reprimir a su Pueblo en momentos de crisis… Y un rey déspota, tampoco se merece reinar a ningún Pueblo.
—¿Y qué nos aconsejaríais… si fueseis ese sabio…?
—Si yo fuese ese sabio… os aconsejaría daros la vuelta y regresar por donde habéis venido, que anduvieseis varios días por las calles de vuestro Pueblo, que convivieseis con ellos el día a día… y al cabo de muy poco tiempo, conoceríais la solución a todos vuestros problemas… Sí así lo hacéis, y sois capaces de actuar en consecuencia, entonces, habréis demostrado ser merecedores de ser su gobernante. Si no lo hacéis, no hace falta que vayáis a preguntarle al sabio, pues ya os he dicho la respuesta.

Los tres reyes se despidieron del anciano, sin saber que era el gran sabio al que querían preguntar, pero decidieron tomar cada uno el camino de regreso a sus dominios, confiando en que serían capaces de hallar la respuesta.

 

© 2014 - José Luis Giménez
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