El sueño

 

Había pasado un día horroroso, insoportable, lleno de estrés y tensión, así que cuando llegó la hora de irme a dormir, me pareció que era lo mejor que iba a sucederme por este día.

Al despertar de nuevo, el Sol resplandecía en el azul del cielo. Se podía escuchar claramente el trinar de los pájaros, algo inusual desde hacía tiempo, y el aire se respiraba y sentía más límpido que nunca.

Aquella situación no era la habitual de los últimos años, así que salí a la calle, a ver que pasaba…

La gente paseaba contenta, se saludaban unos a otros y se daban los buenos días. ¡Un hecho insólito! ¿Qué estaba pasando?

Continué caminando calle abajo, parecía que se había formado un tumulto de gente. Ésta, al contrario que las que había visto hasta ahora, estaban alteradas, se gritaban una a otras y algunas, hasta llegaron a las manos.

Me acerqué con cuidado, pues era evidente de que allí había muy malas pulgas. Nada más llegar, un personaje muy enfadado, vestido de negro, me espetó:

–– ¿Y tú qué quieres…?

–– Nada… yo solamente pasaba por aquí…

–– Pasaba por aquí… pasaba por aquí… ¡todos decís lo mismo!

–– Disculpe, pero no le entiendo…

–– ¿No me entiendes..?, ¿encima con guasa…? ¡Claro, como ahora no vais a ser explotados por nadie!

–– Ya sé que le parecerá extraño, pero acabo de salir de mi casa y me he encontrado todo cambiado, de verdad que no sé que es lo que pasa…

–– Mira jovenzuelo, si te quieres reír a mi costa, ¡te juro que te pego dos tiros aquí mismo! ¡Aún guardo la pistola de la Guerra !

–– Por favor, no se altere, le aseguro que sólo quería saber que ha pasado…

–– ¡Está bien! Te lo voy a decir despacito y con claridad, para que luego no digas que no te has enterado… ¡y no me interrumpas! ¿¡Conforme!?

–– Sí, sí, le escucho…

–– La culpa de todo la tiene la Libertad … ¡dichosa libertad! Primero se inventan eso que le llaman Democracia, donde cualquiera ¡cualquiera! puede tener voz y voto; aunque supimos como manejarlos, y estuvimos viviendo muy bien durante decenios, al fin de cuentas, las Leyes las hacíamos nosotros. Pero la verdad es que algunos de los nuestros se pasaron de la raya, y el vulgo empezó a protestar ¡como si tuviesen derecho! ¡Si me hubieran dejado hacerlo a mi modo, yo los hubiese callado de golpe! Ahora ya no hay quien los pare… Sin ir más lejos, se han puesto todos de acuerdo a través de las redes sociales, eso que se llama Internet y que algunos de los nuestros decían que era nuestra mejor arma porque así los teníamos controlados… ¡Se ha vuelto contra nosotros! Ahora están unidos e informados. Y claro, las consecuencias no han tardado en aparecer… ¡Han eliminado el dinero! ¡Sí, sí, como lo oyes! Ya no hay dinero en ninguna parte, bueno sí, en nuestras casas, en los bancos de Suiza y paraísos fiscales y lo poco que se había guardado en nuestros bancos. Pero es igual, no sirve de nada, ¡han abolido el valor del dinero en este país! Ahora todo funciona por intercambio: tú me haces un trabajo, yo te hago otro trabajo, tú me haces el pan, yo te construyo tu casa, tú enseñas a mis hijos, yo te curo tus heridas… ¡Están locos…! ¿Y ahora cómo vamos a vivir nosotros si nadie quiere el dinero? ¿A quién le vamos a intercambiar nuestras mentiras religiosas, o nuestras promesas políticas incumplidas, o nuestros créditos inexistentes? ¡Es la debacle!

¿Entiendes ahora por qué estamos así?

–– Vaya… pues sí, ahora sí lo entiendo… bueno, me vuelvo a mi casa, creo que hoy tengo el día libre.

 

Ya estaba planificando todo lo que iba a hacer ese día, en qué iba a utilizar cada minuto de mi tiempo, cuando un ligero zarandeo me despertó…

 

–– Hijo… ¿pero no has oído el despertador? Vas a llegar tarde al trabajo y te despedirán…

 

¡Otra vez la maldita tensión y el estrés…! ¿Por qué no seguiría soñando?

 

 

© 2012 José Luis Giménez

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