Con lengua viperina y mordaz…

Por José Luis Giménez


¿Qué no te gusta lo que digo…? --No lo leas…

Pero si la curiosidad no te deja apartar la vista de este escrito… ponte cómod@ porque tengo algo que contarte…

--¡Ya estoy hasta los güevos…! Sí, si, he dicho los güevos… ¡y no me llames mal hablado, que yo miro mucho mi léxico! -me decía mi compadre, mientras resoplaba como un toro de Miura.

--¿Has visto esta multa…? --me decía mientras mostraba el papel arrugado.

--Pues no, ¿cómo quieres que la vea?, si no paras de mover la mano y encima está el papel todo arrugado --le respondí casi sonriendo.

--¡Es que es un gilipollas! --repetía una y otra vez.

--¿Quién…? --le pregunté varias veces…

--¡Pues el tío este…! ¿Quién va a ser…? --respondió exaltado, como si yo tuviese que saberlo.

--¿Pero quién es ese tío…? --volví a inquirir.

--¡Jolín…! ¿Es que hablo en chino…? ¡El de la multa…! ¡El gilipollas de la multa! --repetía una y otra vez, mientras su rostro se tornaba en un rojo intenso.

--Bueno…, vale, no te alteres… que ya sabes que se te sube la tensión… --intenté calmarle.

--¡La tensión…! ¿la tensión…? ¡los güevos…! ¡se me suben los güevos…!

--¡Vaya día que llevas hoy con los dichosos güevos…! --le dije en tono recriminatorio.

--¡Manda güevos…! ¿Pero es que no has visto la multa…? --volvió a increparme.

--¿Cómo quieres que la vea?, si aún no has parado de mover la mano haciendo aspavientos…

--¡Lee… mira, lee…! --me mostraba con el dedo índice.

--… infracción: "defecar en la vía pública" --indicaba en el texto de la denuncia.

--¿No me digas que has hecho tus necesidades en medio de la calle…?

--¡No…! En medio de la calle no…

--¿Pero lo has hecho…?

--No exactamente… ¡la culpa la tiene la parienta! --dijo excusándose.

--Pues ya me contarás… --le dije expectante.

--Le tengo dicho que no me haga tantas judías y garbanzos estofados para comer. Para desayunar: judías con butifarra; para comer: garbanzos con espinacas y para cenar empedrado de judías y bacalao… así llevo toda la semana, y todo por ahorrarse unos euros.

-- ¿Pero qué tiene que ver eso para hacer tus necesidades en la vía pública?

--¡ Y dale…! ¡Que no…! Que no fue en la vía pública… estaba trabajando, limpiado los ventanales del banco, a tres pisos de altura. Tenía el vientre tan hinchado que me quise desahogar… y solté un viento…

--¿Un viento…? --pregunté expectante.

--¡Coño, un pedo…! pero me cagué… ¡me puse hasta los güevos de mierda! ¿Lo entiendes ahora…? ¡Hasta los güevos!

--¿Y por eso te multó? --le pregunté mientras evitaba sonreír.

--No… por eso no. Fue porque al bajarme los pantalones para ver el estropicio, se me escapó otro viento… y con tan mala fortuna, que le cayó encima de su cabeza…

--Pero hombre… eso fue un accidente… --le dije intentando consolarlo, mientras la risa se me escapaba por momentos.

--Sí, eso le dije yo también…

--¿Y el guardia que contestó…? --le pregunté.

-- ¿Y los garbanzos… que son…? ¿peladillas de confeti…? Eso me dijo, todo cabreado…

--¡Ja, ja, ja…! ¡lo siento, no lo puedo evitar…! --le respondí a mi compadre, sonriendo-- ¡lo que hubiese dado por verlo!

--Eso, eso… fue lo que le enfadó más… --intercedió mi compadre.

--¿El qué…? --le pregunté expectante.

--Cuando le dije al guardia que no se iban a creer en casa lo que me había pasado… El contestó que sí, que no me preocupase, que él me iba a hacer un justificante, para que nadie lo dudase… ¡Y me hizo la denuncia… 300 euros por un pedo!

--Bueno, no hay mal que por bien no venga… --le respondí sonriendo.

--¿A qué te refieres…? --preguntó mi compadre.

--Pues a que ahora tienes la excusa para que tu mujer no te dé tantos garbanzos para comer, justificándose en que se ahorra dinero… ya has visto que los garbanzos salen caros…

--Pues mira, en eso llevas razón… porque hacía semanas que parecía una ametralladora… aunque todo sea que no le dé por cambiar los garbanzos por las coles de Bruselas…


José Luis Giménez
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