Huellas del Antiguo Egipto en la América precolombina: la cruz ANKH

Huellas del Antiguo Egipto en la América precolombina:

la cruz ANKH

 

Lic. Julia Calzadilla Núñez

Egiptóloga

 

La Gran Rueda, cubierta.JPG

En mi libro La Gran Rueda: Una lectura decodificatoria de los Misterios en el Antiguo Egipto[1], se explica el posible significado de la cruz Ankh en los rituales mistéricos de la Gran Obra egipcia, además de constatar la existencia, desde aquellos remotos tiempos, de elementos de telescopía[2] y de microscopía reflejados, en este caso, en la polisemia de la cruz Ankh –trigo, espejo, sandalia, Vida eterna−, como se menciona en el Capítulo 2.[3]

 

. Capítulo 1. Muerte Física y Muerte Psicológica o Mística.

sankh.jpgEn dicha obra, este capítulo trata de los Símbolos básicos de la Ciencia Transmutatoria egipcia −basada en el Tantrismo blanco que aspira a la elevación por los 7 chakras o plexos de la energía Kundalini en el raquis humano− y, entre ellos, tras una investigación minuciosa realizada a lo largo de mi vida sobre los Misterios iniciáticos del Antiguo Egipto,  destaco (…) “La cruz Tau, cruz Ankh, cruz ansada o cruz de la Vida Eterna[4] ( ), ampliamente conocida en lo formal, [que] constituye la representación estilizada del cruce del lingam o falo horizontal con el yoni o útero vertical --sin derramamiento del ens seminis--, a que debe aspirar el iniciado en la ardua tarea de salir triunfante de las pruebas destinadas a transmutar su sexualidad bruta, por lo cual, asida por un hombre o una mujer, es reveladora de su condición iniciática.” (…)

 

En cuanto al simbolismo numérico oculto en este signo, refiero que:

 

(…) El número 11, por su trascendencia, exige un análisis más vasto. En su libro Dioses y Robots, José Álvarez López anota que (...) ´En otros casos, la presencia del once pitagórico se disfrazaba multiplicándolo por tres. Por ello, el número solar de los babilonios –que asignaban un número a cada cuerpo celeste-- era el número 33 que, en realidad, era el número once, escondido por la multiplicación por la unidad pitagórica –el ´tres´ que era ´uno´ en la aritmética mágica de los pitagóricos. La Luna debía ser diez, pues su número era el 30.´[5]

 

“En el párrafo anterior al citado, dicho autor se refiere al ciclo undecenal de las manchas solares, conocido por los chinos desde tiempos remotos, y al ocultamiento intencional del número 11 en todas las religiones relacionadas con el culto solar, v.g. en la astrología antigua –doce planetas incluyendo a la Luna que, al no contarse entre ellos, da por resultado once--; en el almanaque de 12 meses de 30 días excepto febrero --asociado a la Luna-- y que, al tampoco contarse, suma once, cifra igual a la obtenida al restar a Judas de los 12 Apóstoles.

 

“Con respecto a Platón, gran iniciado en los misterios de la Suprasexualidad del Valle del Nilo, debe señalarse que en este diálogo, llamado también del Amor o El Banquete, uno de los comensales, Fedro, eleva el Amor a la categoría de dios, alegando que es el más sublime y capaz de hacer virtuosos y felices a los hombres durante su vida y después de su Muerte. Más adelante, otro invitado, Agatón, asevera que su fuerza no puede igualarla ni el propio Marte, porque el Amor es superior a él, y Diótima, reconocida por Sócrates como su maestra en las artes amorosas es, en este diálogo, calificada de sabia mujer conocedora de las elevadísimas doctrinas del erotismo. Aquí, con la sabida habilidad platónica para ´decir sin decir´, se vislumbra otra de sus disimuladas referencias a la Alquimia Sexual egipcia que él conoció de boca de los hierofantes y cuyo secreto guardó celosamente, pues si aceptamos que en la astrología antigua, la Luna –identificada con el ens seminis o mercurio de los sabios-- se ´omitía´ o ´confundía en un conjunto´ con el propósito de ocultamiento, ello puede haber impulsado de igual forma a Platón a ´omitir´ o ´disfrazar´ a Diótima como personificación de la fuerza femenina que conduce los misterios de la magia sexual. En ambos ejemplos, al ´esconder´ simbólicamente dichas presencias, el sigilo vinculado al número once –sólo detectado por medio de una obligatoria operación de resta a diferencia de la pitagórica multiplicación por tres--, indescifrable para los no iniciados, permanece intacto a pesar de plasmado, no siendo demasiado fácil develar su hermetismo.

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“Por otra parte, en lo tocante al cristianismo, debe recordarse que la presencia de Jesús entre los esenios, su hipotético viaje a la India o a Egipto, el saludo con ramas de palmera −representación de la espina dorsal Kundalini− y su controvertida ´Muerte´ y posterior ´resurrección´ [el ´Nacer dos veces´] exactamente a los 33 años, son algunos de los indicios que hacen pensar en su condición de iniciado en los misterios de la Ciencia Transmutatoria, sugerida en el Nuevo Testamento (Jn. 3, 2-l5), cuando él mismo declara a Nicodemo:

 

(...) ´De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo

 

(...) ´Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna[6] Y Vida eterna, como se dijo, es una de las acepciones del signo polisémico Ankh.

 

“En esta cita, el episodio de Moisés muestra el carácter dual que lógicamente, también entre los egipcios, tuvo la serpiente[7]: Moisés, triunfador en la Gran Obra, levantó su sagrada serpiente del fuego solar contra las tentadoras y malignas serpientes del ego que lo atacaban, hecho que, una vez más, corrobora el significado de su nombre hebreo ‘salvado de las aguas´, escondido bajo el manto de la conmovedora narración de su hallazgo en el río, rescate y salvamento por una princesa egipcia.

 

“Aún con relación al número once, y como parte de una interpretación propia del porqué de su ocultamiento tradicional por los antiguos iniciados en estos misterios, resulta imprescindible mencionar a la estrella alfa de la constelación del Can Mayor, Sirio, Spode o Sothis, por ser el astro que encarna uno de los mayores enigmas de esta cultura y, por cierto, de la contemporánea cultura Dogón, en el África Negra.

 

(…) “Pero lo que se quiere subrayar aquí, en el marco de la “Muerte psicológica” que nos ocupa, es que, señala el autor Álvarez López, (...) ´los astrónomos egipcios sabían que en un día determinado del año las estrellas ascienden con un retardo de veinte minutos, mientras que Sirio asciende solamente once minutos después.´ He ahí, de nuevo, el número once, destacado en cursiva. Sin embargo, la base de mi argumentación relativa a la voluntad de ocultamiento implícita en su consiguiente multiplicación pitagórica por tres, atañe directamente y sobre todo, a la antigua matemática egipcia, donde –según C.C. Zain– ´10+1, significa la [Rueda de la] Fortuna dominada por la Voluntad´ [unión de yoni y lingam].[8] De ese modo, el número 10 estaría representado con el grafismo  [como figuración del yoni femenino]  y, el número 1, con el grafismo [como figuración del lingam masculino]. De acuerdo con la lógica aquí seguida, la unión de ambos guarismos, 10 + 1 –o sea, once-- con las cifras escritas del modo habitual, de derecha a izquierda, se representaría , elementos que, colocados sankh.jpguno ´sobre´ o ´dentro´ del otro, conformarían la cruz Ankh, (cuya esencia evoca la letra hebrea Tau). Asimismo, el número 33 resultante de la multiplicación de 11 x 3 apuntaría sin duda a las 33 vértebras, anillos esotéricos o grados iniciáticos que sabemos ubicados en la espina dorsal de la anatomía humana oculta por donde ascendería la energía Kundalini.

 

“En ese sentido, la firmeza de mi suposición conduce a reconocerle a esta figura alegórica, la cruz Ankh, un origen puramente egipcio cuyo simbolismo gráfico-numérico se difundió posteriormente por todo el planeta, ratificando así la maestría de esta cultura en cuanto a esconder las verdades más sagradas y espirituales como medio de preservarlas de esa “contaminación” que puede también emanar de la mitad satánica del hombre.

 

. (Capítulo 2) “Necrópolis de Giza, una lectura decodificatoria”. (…) “Antes de proseguir, debe mostrarse cómo el simbolismo del trigo (color blanco, pureza) –que unido a la cebada (color rojo, sexo)[9] representan las “dos mitades de la tierra (Alto y Bajo Egipto)/cuerpo de pecado”— se asocia de manera directa con la cruz Ankh, en cuya representación y polisemia es evidente la extraordinaria semejanza con un grano de este cereal, precisamente al séptimo día de crecimiento. (…)[10]Trigosankh.jpg

 

. (Capítulo 6) “Tres elementos sagrados: tierra, río, sol”

 

(…) “Aún en relación con la cruz Tau (Lat. crux commisa), debe agregarse que su potencia redentora era vista por los semitas como símbolo de vida y seguridad. En la configuración de la crux ansata copta y cristiana –representativa del cobre en los siglos XVIII y XIX—que incorpora el asa en su parte posterior, puede haber influido el signo que identifica al planeta Venus, siendo una variante del Ankh egipcio, emblema de la vida eterna y de la unión sexual, colocado en las manos de la diosa Hathor/Isis/Astarté/Afrodita que encarna los atributos de este planeta. Como información de interés, señalo de paso que en la cultura mochica del Perú, el signo del ankh aparece diferenciado sólo por el dibujo lleno del asa superior.[11] (…) En ese sentido, tampoco debe olvidarse que en un palacio de Palenque, en México, se halló esta cruz Tau o astronómica”, hecho que, como los demás, alientan a continuar la reflexión. (…)

 

. (Cap. 9) “La magia de la piedra”  (…) Dado que en la cruz Ankh quedan emblematizadas la horizontalidad del lingam y la verticalidad del yoni ¿no podría tratarse de otro de los habituales significados “ocultos” en las observaciones de Herodoto su críptica referencia en “Euterpe” XXXV a que “Las mujeres orinan en pie [posición vertical]; los hombres se sientan para ello” [posición horizontal], si identificamos de nuevo aquí la orina con las “aguas” sexuales, en este caso respectivamente  vaginales y fálicas emitidas sólo en el esotérico procrear del tantrismo blanco? Con esta pregunta, me propongo lanzar otra semilla en el campo de la aguijoneante reflexión, cuyo fardo se vuelve más ligero al compartirse. (…)

 

A continuación, y como argumento de justicia histórica, me uno a los estudiosos que han estado defendiendo desde hace años el carácter autóctono del topónimo América y, por consiguiente, denunciando el fraude cometido al atribuírsele a un navegante italiano cuyo nombre verdadero era Alberico, tal como planteo en el Capítulo 3,Huellas del Antiguo Egipto en Culturas del Continente americano”, inciso 3.1, de la mencionada Tesis de predefensa, donde se alude igualmente a la presencia gráfica y semántica del símbolo Ankh con relación al Golfo de México y a Cuba.                                                             

 

3.1. El nombre autóctono de América. Su falso nombre “europeo”.

El objetivo del análisis que se desarrollará en este acápite es, sobre la base de argumentos etimológicos, filológicos e históricos, trazar la verdadera raíz y el auténtico origen del topónimo América, así como su posible vinculación con la milenaria cultura del Antiguo Egipto, no sólo en la zona caribeña donde se encuentran el Golfo de México y la isla de Cuba, sino también en otros sitios del continente suramericano, entre ellos la provincia ecuatoriana de Manabí, donde pude comprobar personalmente la huella egipcia mezclada con añejas culturas preincaicas.

“Desde el punto de vista filológico, se analizará el error cometido en escritos y mapas al atribuirle a un oscuro navegante europeo el nombre dado a todo el continente que, en su momento, constituía para ellos el llamado ´Nuevo Mundo´ y, con un enfoque etimológico, se aprehenderá la verdadera raíz de dicho término y su genuina existencia en tierras americanas mucho antes de la conquista y colonización que dieron lugar al ´bautizo´ doloso de una tierra que, en su propia toponimia nativa, incluía desde tiempos remotos la voz Amerrique o Amerique, de la cual derivaría el apelativo de América.[12]

 

Considerando que la etimología de una palabra contribuye a aclarar la verdad de su origen, en este caso la esencia del gentilicio que nos califica: americanos, debe comprenderse en toda su magnitud la importancia del fraude histórico que nos fue impuesto y la inexorable frecuencia lingüística de uso que mantiene hasta hoy, lo cual se resume a continuación en diversos datos de suma relevancia en el tema tratado: 

(…) ”Amerrique era el nombre indígena dado a las montañas existentes entre Juigalpa y La Libertad, departamento nicaragüense de Chontales. El geólogo y naturalista Thomas Belt, autor de The Naturalistic in Nicaragua (1874), observó que la sierra o cordillera de Amerrique forma la línea divisoria de las aguas, entre el lago de Nicaragua y el río Bluefields. De 1868 a 1871 Belt fue ingeniero de la compañía Minera de Chontales, en las minas de oro de Santo Domingo, San Benito y San Antonio. Anteriormente, las minas habían sido explotadas por los indígenas y los españoles. Ávidos de oro, los tripulantes del cuarto y último viaje de Colón (1502-03) fueron los primeros en divulgar con persistencia la voz amerrique.  

“El piloto mayor Vespucci, entre ellos. Un año después, Vespucci dejó de llamarse Alberico y adoptó el de Amerigo, nombre desconocido en Europa pero dado por sus marineros a propósito de Amerrique o Amerique. Es decir, que en lugar de tener el honor de dar su nombre al ´Nuevo Mundo´, de éste salió el nombre que lo hizo célebre. (…) La segunda parte de esta historia tuvo lugar en abril de 1507, en Saint Dié, pequeña población de Lorena. Allí fue traducida del francés al latín la carta de relación Quatuor Navigationes de Vespucci a Francesco de Médicis, impresa con el nombre de Cosmographiae Introductio, única partida auténtica de bautismo del Nuevo Mundo.

(…) Cosmographiae Introductio no hace mención alguna a Cristóbal Colón, cuya existencia ignora. (…) “En todos los puertos de mar era sabido que Vespucci no era el descubridor del ‘Nuevo Mundo’. La resistencia de los sabios a la adopción del nombre ‘América’, adoptado por el vulgo, duró tres siglos. En los actos oficiales, en el Consejo de Indias, en las Historias de las Indias de Oviedo, de Gomara, de Las Casas, no se emplea el nombre de Vespucci. 

“Al recibir la Cosmographiae Introductio, Vespucci debe haberse sentido por extremo lisonjeado. ‘Si hubiese querido dice Marcou[13] pudo desconocer esa 'gloria peligrosa', pues no ocurrió su muerte hasta el 22 de febrero de 1512 (....) No sucedió esto.’ ‘En maya quiché Amerrique significa "país del viento", "país donde el viento sopla siempre’". [14]

En este contradictorio tema, interviene, i.a., el barón Alexander von Humboldt como el primer estudioso en analizar científicamente los viajes de Vespucio (2do. Volumen de su Examen de l'histoire de la Géographie du Nouveau Continent aux XV et XVI siècles), quien atribuye el error de la propagación del nombre América a las cuatro ediciones de la Cosmographiae lntraductio {1507, 1509, 1535 y 1554) del geógrafo y cartógrafo alemán Martin Waldseemüller y a la falta de publicaciones sobre los viajes de Colón. Según Jules Marcou[15],  Humboldt –quien como muchos otros hombres de su época, ignoró la existencia de la Sierra de Amerrique− calificó a Waldseemüller como  un simple "impresor de Saint Dié, “un sabio oscuro que fue a comer pasas a Lorena” y realizó un trabajo descuidado.  Es por ello que Humboldt opina que Vespucci no fue instigador per se de la "gloria peligrosa que se le preparó en Saint Dié", argumento que apoya el visconde de Santarem al decir que la denominación (América) dada al nuevo Continente, después de la muerte de Colón, “fue probablemente resultado de un plan concebido y preparado contra su memoria”, lo cual hace pensar que debió tener móviles económicos y hegemónicos más abarcadores y agentes mucho más poderosos.

Por su parte, Ricardo Palma, en Tradiciones Peruanas (Ed. Espasa-Calpe 1951) alude a las montañas de Chontales, Nicaragua, como zona rica en oro; a la posibilidad de que este nombre se “acuñara” por la repetición del nombre “Americ o “Amerique”[16] en boca de los indios y que fuera el propio Alberico quien le facilitara a Waldseemüller el mapa con esa designación inscrita. Por su parte, Fray Bartolomé de Las Casas, como gran detractor de Vespucio, lo acusa de “mentiroso” y “ladrón”[17] y, por consiguiente, se erige en ardiente defensor del derecho de Cristóbal Colón a bautizar las tierras por él descubiertas[18]. Ahora bien, en lo tocante a la responsabilidad del error en la nomenclatura del mapa, el propio Alejandro de Humboldt achaca al mencionado geógrafo alemán el inscribir por primera vez el nombre de América en el capítulo noveno de su Cosmographiae Introductio, tratado de geografía que acompañaba a su conocido planisferio titulado Universalis Cosmographia Secundum Ptholomei Traditionem et Americi Vespuci Aliorumque Lustrationes[19] (Figuras 40, 41 y 42) supuestamente inspirado en las cartas de Vespucio de dudosa autenticidad, publicadas en 1507 con el título de Cuatro Viajes de Américo.

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Figura 40. Planisferio Universalis Cosmographia.              Figuras 41 y 42. Detalle con el nombre América[20]

 

Posteriormente, el topónimo, referido particularmente a la parte sur del continente americano se repite en 1509 en el Globus Mundi, publicado de forma anónima en Estrasburgo, y en un mapa conservado en Viena. A partir de esa publicación cartográfica, el topónimo América, vinculado con Vespucio, se fue extendiendo por varios países europeos, con la excepción de España, que mantenía su rechazo en aceptar dicha atribución por considerarla un fraude intencional en menoscabo de Cristóbal Colón. Y fue el cartógrafo flamenco Gerard de Cremere, conocido por Mercator (Lat. mercader), quien, en un mapa publicado en 1538, extiende ese topónimo a la parte norte del continente, distinguiendo específicamente la Parte septentrional de América y la Parte meridional de América. De ese modo, como expresa Volodia Teitelboim, fue así:[21]

 

(…) consagrado por los siglos la consumación de uno de los despojos más dramáticos de la historia. El genio tenso, tenebroso y destrozado del descubridor le siguió más allá del sepulcro. De la atmósfera densamente trágica de su existencia escapa el acento romántico, propio de una vida esclava de sus ensueños y no intérprete de los hechos; fluye la sombra ciega y amarga del padre que desconoce al hijo de sus vigilias, hasta culminar en el epílogo del hijo que no llevará el apellido del padre. El nuevo continente no se llama Colombia sino América.

Como colofón, el mapa Introductio in Ptholomei Cosmographiam, realizado en 1512 por el geógrafo polaco Jan de Stobnica (…) “es el primer documento donde aparece un mapa de América del Norte y del Sur que muestra explícitamente la conexión por un istmo de ambos continentes”. Y se hace constar que:

Perdidos todos los ejemplares del planisferio de Waldseemüller, el de Stobnicy fue considerado el más antiguo de los mapas que representaban a América como un continente independiente, hasta que en 1901 se descubrió en el castillo de Wolfegg, en Alta Suabia, el único ejemplar actualmente subsistente, que en el siglo XVI había pertenecido a Johann Schöner, un astrónomo y fabricante de globos terrestres de Nuremberg. En 2001 este ejemplar único del mapa de Waldseemüller fue adquirido por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.[22]

Como dato lingüístico significativo, se sabe que, en la lengua inglesa, por errónea frecuencia de uso, el adjetivo american, para referirse al gentilicio americano, equivale únicamente a estadounidense y no a los habitantes del resto de dicho continente, lo cual, por ejemplo, no ocurre en la lengua española. En lo referente a la legitimidad del nombre, la tergiversación analizada constituye un hecho incuestionable ―aunque no lo suficientemente conocido y difundido―, ya sea por un error involuntario en la nomenclatura de los mapas o por el intento deliberado de minimizar y desvalorizar las culturas del nuevo continente y, sobre todo, de apoderarse de sus riquezas. De cualquier modo, sea como fuere, y tal como se expresa en el artículo “AMERRIQUE, LA TIERRA DE DONDE SOPLA EL VIENTO”. El verdadero origen de la palabra "América" [23], debe insistirse en que:

 

La palabra América proviene en verdad de "Amerrique", voz de un dialecto nativo de las cordilleras centrales de Nicaragua, perteneciente al tronco lingüístico lencamaya. En esa lengua, el nombre quiere decir "La tierra donde sopla el viento". Es la denominación ancestral de una comarca montañosa en Chontales, actual República de Nicaragua. En tiempos relativamente recientes el nombre era utilizado para identificar al pueblo de los amerriques, nación aborigen que habitó dicha zona hasta fines del siglo pasado. Como tantas otras regiones del continente, esta sierra estaba cubierta de bosques densos y contenía algunos yacimientos de oro más importantes de América Central. Debido a la deforestación que la asoló durante cinco siglos, la Sierra Amerrique se transformó en un área de pastizales cuya principal actividad es la ganadería. Localmente todavía se extrae oro de dos pequeñas minas: La Libertad y Santo Domingo. (…) Existen indicios de que el nombre Amerrique fue recogido por varios exploradores europeos al desembarcar en las costas centroamericanas desde la zona de Veragua, en la actual república de Panamá, hasta la costa de Misquitos en los territorios de Nicaragua y Honduras. (…)

 

Al respecto, y como datos adicionales a lo anteriormente dicho, debe añadirse que   a fines del siglo XIX, en su obra Isis sin Velo[24] (1877), Helena Petrovna Blavatsky, presenta diversos argumentos que fundamentan su criterio de que el nombre América era muy anterior a la época de Vespucio y lo enlaza también con la comarca montañosa nicaragüense denominada Americ, Amerrique o Amerique y señala que en "el idioma indígena las terminaciones ic e ique significan grandeza, jefatura y dignidad, como por ejemplo cacique. Apunta además que en (…) el relato de su cuarto viaje cita Colón el poblado de Cariai (probablemente Carcai), en donde abundaban los hechiceros saludadores, y estaba situado en la cordillera de Amerrique, a unos 920 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, Colón omite en su relato la palabra Amerrique”.

En resumen, vemos que se trata de una importante cuestión histórica plagada de contradicciones, donde las omisiones y los añadidos se fundieron penosamente en una mezcla que data del siglo XV. Sí queda claro que América es un nombre autóctono de nuestro continente y que “Américo” Vespucio en verdad se llamó Albericus (Figura 43), como aparece de su puño y letra en una carta dirigida a Lorenzo de Médicis: Albericus Vespucius

Figura 43. Carta de Albericus Vespucius a Laurentio Petri de Medicis[25]

 

 

 3.1.1. El signo jeroglífico egipcio MR (MER, MIR) en el vocablo AMÉRICA.

Explicado ya el error cometido en la nomenclatura cartográfica sobre América y el papel desempeñado en ello por Martin Waldseemüller y Alberico “Americo” Vespucio, se examinará ahora la raíz egipcia de dicho topónimo, lo cual arrojará más luz sobre su incuestionable autenticidad americana. Es sabido que el jeroglífico egipcio MR (MER/MIR) incluye en su polisemia las nociones de amor, arado, pirámide, canal, presentes en numerosos vocablos que, en todos los casos, apuntan a una elevada espiritualidad, propia de diversas culturas antiguas, i.e., Meru (montaña mítica situada en los montes Himalaya, de carácter sagrado   en especial para hindúes y tibetanos); Merkaba, el bíblico carro de Ezequiel (Ezequiel 1:4-26,); Ta-Mert, "la tierra bien amada", uno de los nombres del viejo Egipto, además de la obvia relación entre la raíz MR, el ya analizado vocablo América y el cada vez más aceptado origen de éste: la Sierra de Amerrique nicaragüense, donde se incluye la noción de pirámide-montaña del signo MR.

 

3.2. ANKH en el Antiguo Egipto y ANAHUAC en América

Vistas ya las evidencias acerca de la legítima toponimia de nuestro continente, sería de sumo interés poder observar la similitud entre la forma geográfica del Golfo de México-Isla de Cuba en épocas geológicas remotas tras la caída de un meteorito hace unos 65 millones de años y la posible configuración de la cruz ankh egipcia, asumiendo que las dos puntas de la barra horizontal de la cruz hayan estado muy cercanas o incluso unidas, de un lado, a la península de Yucatán y, del otro, a la península de la Florida. (Figuras 44, 45, 46, 47). Es, además, significativa la conexión fonética existente entre los vocablos ANKH, egipcio, y ANAHUAC, que en lengua náhuatl significa Valle de México −o, como alegan algunos estudiosos, la totalidad del territorio mexicano−, y que, al aplicar la lectura correspondiente a los antiguos idiomas sagrados, de base consonántica a causa de la deformación que sufren las vocales que, empero, por ser necesarias en el acto de pronunciación, se suplirían por consonantes débiles, tampoco resultaría difícil detectar el parentesco fonético, digamos, entre ankh y anhc.  Además, obsérvese que en el estado de Nuevo León, en la frontera con los Estados Unidos hay un municipio llamado Anahuac y también una ciudad con este nombre en el condado de Chambers, en el estado norteamericano de Cross, AnkhTexas, es decir, en los propios bordes del Golfo.

    Figura 45. Cruz Ankh (inclinada)

 

 

Figura 44. Mapa de América. Véase Golfo de México[26]      

AmerAnkh                                                                                            

  Caribe con Ank 2.jpg                                

Figura 47. Diseño. Ankh en el Golfo de México.

 
Figura 46. Cuenca del Caribe[27]

                                                                                                                              

 

Como dato que abundaría en lo antes planteado, asumiendo que la figuración que presenta el Golfo de México esencial en esta hipótesis, se debería al impacto de un meteorito en la península de Yucatán al final del período Cretácico, hace unos 65 millones de años, se conoce que

 

 (…)”un objeto de unos diez kilómetros colisionó contra la costa del Golfo de México produciendo un cráter que, inicialmente, tenía entre 80-100 kms de diámetro y de 20 a 40 kms de profundidad. A una velocidad de hasta 250.000 kms por hora, atravesó la atmósfera en pocos segundos, generando un terremoto de magnitud 13, un 'tsunami' con olas de hasta 90 metros de altura e inyectando a la atmósfera y a la estratosfera unos 21.000 kms cúbicos de polvo y fragmentos de roca.”[28]

 

En relación con esta teoría denominada “impacto de Chicxulub” y refutando la difundida creencia de que la destrucción de los dinosaurios y de otras especies habría sido causada por dicho impacto, se ha planteado lo siguiente: 

 

“Ahora tenemos evidencia de que el impacto de Chicxulub ocurrió unos 300 000 años antes del fin del Cretácico, y que por lo tanto no causó la extinción en masa. De hecho, no fue la causa de la extinción de ninguna especie”, dice Keller, que presentó sus hallazgos durante el encuentro de 2006 de la Sociedad Geológico de América, que tuvo lugar el pasado mes de octubre en Filadelfia.

 

Por lo tanto no solamente los foraminíferos, sino también los anfibios, las aves, los insectos y los dinosaurios aparentemente sobrevivieron a ese impacto. (…)[29]

 

S-a-i-n-Saint_Andrew's_cross.svg.pngVista ya la conjetura que enlazaría la figuración del signo Ankh con la del Golfo de México, incluida en ello la isla de Cuba, debe considerarse que, en la polisemia de dicho signo es fundamental la noción de la cruz. Su simbolismo como objeto religioso, difundido por todo el planeta, se remonta a muchos siglos antes de la era cristiana, tanto en su acepción de muerte y sufrimiento como en la de sus contrarios, vida eterna y salvación.[30] Carl G. Liungman, en su Dictionary of Symbols, hace alusión a más de 20 tipos diferentes de cruces, entre las cuales la Cruz de San Andrés desempeña también un destacado papel en el simbolismo de estas culturas, sin olvidar que la sombra proyectada por el cuerpo del hombre que extiende sus brazos para saludar al Sol es la primera imagen de cruz que conocemos.

 

De acuerdo con J.E. Cirlot en su Diccionario de Símbolos,  la cruz ansada egipcia, en su acepción de “vida y vivir” (Nem Ankh) entra en la composición de palabras como salud, felicidad, y en una analogía con el cuerpo humano, expresa que el círculo representaría la cabeza (la razón, el sol que le vivifica), los brazos (la línea horizontal) y el cuerpo (la línea vertical).  Por otra parte, analizando la composición de los términos ANKH y ANAHUAC se observa que, de ningún modo, pueden tener un origen pagano. En sánscrito, el vocablo ANAHITA significa “La Húmeda, Fuerte, Inmaculada Señora de las Aguas”. Entre los egipcios, ANUKI identifica el Ank hebreo (“mi vida, mi ser”), con el pronombre personal Anochi del nombre de la diosa egipcia Anouki, una forma de Isis. Para los sumerios, ANKI indicaba el Universo, “lo cual puede traducirse `por algo así como `cielo y tierra´. Y no debe olvidarse el Etenanki sumerio, la Torre de Babel…

 

En América, es sabido que el nombre de Anáhuac se interpretó de inicio, erróneamente, como referido sólo al valle de México por encontrarse en la ribera de dos lagos cuando en realidad las “aguas” que lo rodean eran las de los Océanos Atlántico y Pacífico,  y que después se extendió al espacio de la llamada Nueva España. A partir de entonces en especial desde el Primer Congreso de Anáhuac convocado por José María Morelos y Pavón (1765-1815) en Chilpancingo, actual estado de Guerrero en 181 se ha luchado por defender el nombre de Anáhuac para todo el territorio nacional mexicano, abogando incluso por evitar el empleo de la palabra “Mesoamérica” y sustituirla por la original Anáhuac o Antigua Anáhuac, que incorrectamente se interpretó limitada a la meseta o sección central de la tierra mexicana, cuando en realidad aludía a todo su territorio. Y, como argumentos políticos, se esgrime que, a la “falta de realidad histórica” se suma la “falta de realidad geográfica” con la sustitución conceptual del nombre Anahuac por el de Mesoamérica, de las 56 lenguas nativas por el español y el sojuzgamiento general de los derechos por los anahuacos desde la invasión y conquista españolas.

 

No obstante, aunque en lengua náhuatl, Anahuac o Anáhuac significa “zona cercana del agua o rodeada por agua” interpretada esta como “lagos” o más correctamente como los océanos Atlántico y Pacífico[31], en calidad de partícula la vemos integrando una noción aún más abarcadora y profunda: cemanahuac[32]: universo, donde todo es creado por una energía viviente, contenida en la noción dual de Ometéotl, la energía cósmica:  

 

Afortunadamente, nuestros ancestros tomaron una aproximación completamente diferente de cómo ellos [los conquistadores españoles] vieron nuestro papel en el universo. Usando un sistema de constante observación, experimentación y verificación, nuestros ancestros concluyeron que todo dentro del universo conocido es creado por una energía viviente, una energía capaz de darnos vida a todas las cosas, así como causar nuestra destrucción.

Esta energía dual penetra al cosmos y puede ser encontrada en la más pequeña de las partículas atómicas. En la filosofía de la gente de Anauak, esta energía, el creador de todo, es conocida como Ometeotl. La palabra “Ome” significa “dos” o “dual” en nuestra lengua nativa: el Nauatl, y “Teotl” significa energía cósmica. La filosofía y tradiciones de nuestra gente han sido siempre una ciencia exacta, nunca un sistema de supersticiones guiados por la ceguera, la fe improbable en un “misterioso dios” quién controla nuestro destino. Esto es un resultado directo de la dedicación de nuestros ancestros para observar y entender las fuerzas naturales. Nuestra existencia, junto con la existencia del universo entero, está comprendida en esta energía dual.”[33]

Otra tergiversación histórica sufrida en este caso por los mexicas, fue la creencia en la práctica de un culto politeísta, desmentido en el Código Matritense copia del Códice Florentino, obra escrita y supervisada por el fraile español Bernardino de Sahagún entre 1540 y 1585, donde Quetzalcóatl es reverenciado abiertamente como un único dios:

Eran cuidadosos de las cosas de dios;
sólo un dios tenían;
lo tenían como único dios;
lo invocaban,
le hacían súplicas:
su nombre era Quetzalcoatl.
Y eran tan repetuosos de las cosas de dios,
que todo lo que les decía el sacerdote
Quetzalcoatl
lo cumplían, no lo deformaban.
El les decía, les inculcaba:
-Ese dios único,
Quetzalcoatl es su nombre.
Nada exige,
sino serpientes, sino mariposas,
que vosotros debéis ofrecerle,
que vosotros debéis sacrificarle.[34]

A pesar de ello y de su profundo interés en la etnología y antropología del indio mexicano, demostró obvias contradicciones que han sido agrupadas en dos actitudes opuestas: destruir o salvaguardar las sabias leyes naturales del indio.

Por ello, al analizar su figura, mientras algunos estudiosos celebran su amor por la etnología y antropología indígena, otros responsabilizan a Sahagún por haber (…) “tenido su parte en el proceso de demonización de la religión de los antiguos mexicanos, y en la transculturación de los pueblos subyugados. Si bien no hay evidencia de que haya participado en la destrucción física de los monumentos nahuas (como sí lo hizo su colega franciscano Pedro de Gante), como evangelizador contribuyó a la eliminación del antiguo orden indígena (…)[35].

 

En las culturas precolombinas, fundamentalmente maya y azteca, se aboga por aplicar una lectura simbólica al “desmembramiento y a la “decapitación” rituales, al igual que ocurrió en el Antiguo Egipto, sobre todo con miras a desmitificar las equívocas creencias derivadas de las crónicas de narradores poco confiables que, de propósito o no, dieron sobre ellas una imagen cruel y en extremo sanguinaria.

Por otro lado, refiero mi experiencia directa en la visita al Museo precolombino de Chirije, ubicado en la provincia de Manabí, Ecuador (2011), al hallar una asombrosa similitud entre antiguas culturas de la costa ecuatoriana y la antigua cultura egipcia (una pierna derecha con 8 dedos en el pie), así como las investigaciones arqueológicas del destacado investigador Víctor Emilio Estrada Icaza y los nexos hallados por él entre culturas ecuatorianas y la antigua cultura Jomon de Japón.

En la propia Suramérica, se menciona la también desaparecida cultura de los Marajoaras del Brasil, a la que se da el epíteto de “los egipcios de América”­­, y se analiza brevemente su producción alfarera. Sin embargo, por carecer hasta hoy de una sólida confirmación científica, no se alude a la supuesta presencia egipcia en la llamada “Lost City” del Gran Cañón del Colorado según el testimonio del explorador G.E.Kincaid a principios del siglo XIX, “cueva” o “ciudadela” estudiada primero por el Prof. S. A. Jordan del Smithsonian Institute y buscada de forma exhaustiva, infructuosamente, por el investigador Jack Andrews en 2001. El sitio, no obstante, por sus autóctonas raíces americanas afirmadas por una leyenda de los indios Hopi cuyos ancestros habrían vivido en las entrañas del Gran Cañón y su origen provendría de Asia o de la parte alta del Nilo, se considera un lugar sagrado.[36] Otras teorías relacionan esa enigmática zona con los indios anasazi, desaparecidos antes del siglo XVI y que habrían habitado la región de “Las Cuatro esquinas” donde conluyen los Estados de Arizona, Utah, Colorado y Nuevo México[37].

Finalmente, como otra hipótesis sustentada por la autora en el simbolismo antropomorfo, en este caso del “ombligo”, se compara la noción egipcia del “territorio/cuerpo” destacando su ubicación en el Egipto Medio como plexo solar durante el período de Tell-elAmarna (Dinastía XVIII)­­ y lo que sería el “territorio-cuerpo” del Tahuantinsuyo incaico, donde Cuzco o Cusco,[38] adquirió la noción de “ombligo” como punto territorial central de donde emanaron los cuatro puntos cardinales y divisiones territoriales o suyus (quechua suyu) de dicho Imperio incaico.

Para concluir, se citará el artículo titulado ¿Qué hace el símbolo egipcio ankh en un antiguo sitio azteca en México? acerca de ese reciente hallazgo que constituye una evidencia incuestionable del contacto entre ambas culturas: (…) Calixtlahuaca, hoy Toluca tiene uno de los objetos más misteriosos descubiertos en México. El monumento número 4, Cruz Altar o Tzompantli comparten una increíble similitud con la cruz Ankh en el antiguo Egipto. El Ankh también conocido como clave de la vida era un antiguo carácter jeroglífico egipcio que significa «vida». En realidad representa el concepto de vida eterna, que es de acuerdo a los historiadores el significado general del símbolo. (…)  Pero, ¿qué hace el símbolo Ankh en México? El sitio arqueológico de Calixtlahuaca se encuentra a unos 2.500 metros, y hay varios monumentos presentes en el sitio. De estas estructuras, elegimos la estructura de Tzompantli. Un Tzompantli es un tipo de estante de madera documentado en varias civilizaciones mesoamericanas. Fue utilizado para la exhibición pública de cráneos humanos, típicamente de cautivos de guerra u otras víctimas de sacrificio.(…) Pero lo que hace que esta construcción sea tan misteriosa es que se asemeja al símbolo egipcio Ankh. (…) La similitud entre algunas estructuras encontradas en Calixtlahuaca cuando se compara con algunos símbolos y estructuras de Egipto es bastante interesante. Ambas culturas tenían un uso similar de la cruz de «Tau». El Ankh egipcio antiguo era una cruz de «Tau» que tiene un lazo encima de ella. Los antiguos aztecas y mayas usaban un simbolismo similar en su cruz; Que aparentemente proviene de la cruz «Tau» sin el lazo que los antiguos egipcios usaban. Es por eso que la «Cruz Ankh encontrada en México» es fascinante. La cruz de Ankh egipcia que se encuentra en México. ¿Por qué los aztecas se desviarían deliberadamente del uso convencional de la cruz de «Tau» y la modificarían como lo hicieron en Calixtlahuaca agregando un lazo, al igual que hicieron los egipcios? Para los egipcios, el símbolo Ankh era un glifo muy importante que estaba conectado con la vida futura. Los antiguos egipcios eran extremadamente espirituales, y creían firmemente que una persona seguiría viviendo en la otra vida. Por eso la cruz de Ankh era tan importante para ellos. En Centroamérica, tenemos una historia similar cuando hablamos de los mayas y los aztecas, ya que creían que una persona seguiría viviendo en la otra vida.(…) El Caduceus de Hermes era una consecuencia de la cruz de TAU. – http://www.sacred-texts.com/ Hay muchos monumentos en Calixtlahuaca que aún no han sido excavados; Hay mucho trabajo por hacer en el sitio, y los arqueólogos esperan descubrir más información sobre este antiguo complejo y sus habitantes.[39]

¡Que se abran al fin en todo el mundo las puertas de la Historia, clausuradas por mentes estrechas! ¡Falta mucho aún por descubrir y rectificar en sus páginas!


Julia L. Calzadilla Núñez

Lic. en Historia del Arte

Egiptóloga, miembro en representación de Cuba, de la Asociación Internacional de Egiptólogos de Münich, Alemania, desde 2002 hasta el presente, 2017.

 


 

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[1] Publicado por AGEAC (Asociación Gnóstica de Estudios Culturales y Científicos), Editorial Papyrus Print, impreso en Rumania, 2009 (389 pp).

[2] En cuanto al conocimiento que ya tenían de lentes telescópicos, lo prueba la alusión a las estrellas Sirio A y Sirio B e incluso a Sirio C, o sea, al sistema ternario que conocemos hoy en día, representado entonces por las diosas ISIS (Neftis), ANUKIS y SATIS. Y sabemos que Sirio A es la estrella más brillante del hemisferio Norte, situado a unos 8,7 Años-Luz de la Tierra. Y una magnitud de -1,4. Todos conocemos la importancia de Sirio para la cultura egipcia, ya que su orto helíaco en el mes de junio –reflejado con exactitud en el calendario sótico--, indicaba cada año la crecida del Nilo, período de calor, estación de AKHET, inicio de la canícula cuya etimología nos remite precisamente a la constelación del Can Mayor a la cual Sirio pertenece, situada al  sureste de la de Orión, que representaba a Osiris. Estos asombrosos conocimientos científicos sobre el sistema estelar de Sirio eran también profundamente conocidos por la cultura africana Dogón.

[3] Una síntesis de lo expresado en dicho libro forma parte de la Tesis de predefensa del Doctorado en Ciencias Históricas de la autora, 2016, que se encuentra en proceso, “Simbolismo y escritura codificada en la narración de la Historia”.

[4] A lo largo del mencionado libro, se establece una diferenciación entre la cruz Tau  y la cruz Ankh que obedece a la hipótesis defendida. En este último caso, el grado de avance iniciático del adepto se reflejaría en la mano que la porta, izquierda o derecha.

[5] Alvarez López, José. Dioses y Robots. Editorial Kier S.A., Buenos Aires, 1980, pág. 27.

[6] Cursiva de la autora. Como se sabe, el agua es símbolo del “ens seminis”, atributo masculino; el Espíritu, símbolo del fuego serpentino del amor, atributo femenino, [mercurio y azufre, respectivamente, en la Alquimia Sexual, Gran Obra o Ciencia Transmutatoria egipcia]. Asimismo, de acuerdo con Uzcátegui, se admite esotéricamente que la  “Muerte” y posterior “resurrección” de San Juan Bautista –en la persona de Jesús, según Herodes-- indican en realidad una “decapitación psicológica” seguida  de un “segundo nacimiento” (Mt 14, 2-12; Mr 6, 14-29; Lc 9, 7-9) y que la  purificación del templo por Jesús (Mt 21, 12-14; Mr 11, 15-18;  Lc 19, 45-46;  Jn 2, 13-22), al expulsar de allí a los mercaderes, puede interpretarse como la expulsión de las bestias del ego animal de su propio cuerpo.

[7] Símbolo del raquis humano, con sus 33 vértebras.

[8] Zain, C.C., The Sacred Tarot, The Church of Light, Vol. VI, Los Angeles, 1969, pág. 241.

[9] Ch. Jacq, Fascinating Hieroglyphs, Sterling Publishing Co., Inc, New York, 1996, pág. 89. Aquí se muestra el signo alusivo a los testículos con significado de “los rojos”, en egipcio INSOO.

[10] En: El Tesoro de la Juventud o “Enciclopedia de los Conocimientos”, Tomo IV, pág. 1249.

[11] Liungman, Carl G., Dictionary of Symbols, W.W. Norton and Company. New York-London,  1991, pp. 438-439, 333.

[12] Como datos de interés, antes de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano, el pueblo Kuna de Panamá y Colombia denominaba Abya Yala a estas tierras, y es también sabido que en el libro La llave de Hiram, los escritores Robert Lomas y Christopher Knight señalan que la secta de los mandeos de Irak eran los descendientes directos de los nasoreos de Judea de los que se dice que Jesús había sido miembro. Los mandeos tienen una antigua tradición relacionada con una tierra mágica en occidente, habitada por seres espirituales, y creían que estaba bajo el dominio de una estrella especial [que podría ser la estrella Sirio o identificarse con el planeta Venus, llamado también “lucero del alba y lucero vespertino”.] Al parecer esta estrella recibía el nombre de MERICA, y ambos autores sugieren que era la base del nombre de “América”, la tierra occidental a la que supuestamente navegaron los templarios en el año 1303. (…) Puede ser la unión de Meri-Ka, que en antiguo egipcio podría traducirse como algo parecido a Tierra espiritual de las pirámides, es decir, Egipto. En: Nacho Ares, Robert Bauval, Gérard Galtier, Adrian Gilbert y Robert Temple. MISTERIOS DEL ANTIGUO EGIPTO, Colección AÑO/CERO, Editado por acuerdo con OBERON. Bilbioteca Año Cero. Edita América Ibérica, S.A.. Madrid., s/f, pp. 56-57.

[13] Jules Marcou (1824-1898). Geólogo franco-norteamericano.

[14] En: José Steinsleger, América nació en Nicaragua. La Jornada,  http://www.lafogata.org/05latino/latino10/la_143.htm, 10/13/2006

[15] Nuevas investigaciones sobre el origen del nombre América, por el investigador Jules Marcou, EXTRACTO DEL BOLETIN DE LA SOCIEDAD DE GEOGRAFIA DE PARIS, TRADUCCION DE J. D. RODRIGUEZ, Managua, 1888. En: http://www.enriquebolanos.org

 

[16] Como ya se vio, en maya quiché Amerrique significa "país del viento", "país donde el viento sopla siempre".

[18] Según el Dr. Antonio Las Heras, autor del libro LA TRAMA COLON publicado por ediciones Nowtilus (Madrid) y presidente del Instituto Humanístico de Buenos Aires. Colón no llega, realmente, al continente americano sino a las Islas Antillas que ya figuraban en los mapas. El viaje de Colón no es, pues, otra cosa que el camino elegido para la revelación pública de datos secretos que estaban en manos –desde hacía siglos– de la realeza, los grandes comerciantes y los principales capitanes de mar. En: “Historia de un fraude”, www.antoniolasheras.com.ar,  Publicado por Cosmoxenus para el_amarna@yahoogroups.com  el 10/12/2008.

[19] Acela Caner Román, La tierra que es América, p.54.

[20] Figura 40. Waldseemüller names a place America. Bell Library: Maps and Mapmakers

http://bell.lib.umn.edu/map/WALD/AMER/ves2.html. Figura 41 y 42. Wikipedia. Mapas, Universalis Cosmographia..

[21] Volodia Teitelboim: Amanecer del capitalismo y la conquista de América, p. 125. Citado en: Acela Caner Román, Op. Cit., pp. 54-55.

[22] Wkipedia. Universalis Cosmographia. Categoría Mapas. Y Jan de Stobnica. Categorías: Cartógrafos | Científicos de Polonia | Filósofos de Polonia.

[24] Isis sin Velo, tomo II, Ed. Novedades de Libros, México D.F., 1953, p. 395. Asimismo, expone que. (…) Es muy probable que la cordillera nicaragüense de Amerique (gran montaña como el monte Meru) diese su nombre a todo el continente, pues en caso de habérselo dado Vespucio, seguramente lo derivaría del apellido y no del nombre”.

[25] En: Vespucio, ¿fraude? http://globalizacion.no.sapo.pt/ponencia6.htm

 

[26] Golfo de México. Microsoft Encarta 2009.

[27] Google. Cuenca del Caribe. Mapa Batimétrico.

[28] El meteorito que extinguió a los dinosaurios cayó en México. 06/02/2006 - 22:37. IBLNEWS, AGENCIAS.

[29] From: Antonio Coca To: boira@yahoogroups.com ; Aldea Gala Irreductible,

January 29, 2007  Subject: [boira] El asteroide de Yucatán no exterminó a los dinosaurios. Enviado por Hebert Rizzo.

[30]  Carl. G. Liungman. Dictionary of Symbols, Op. cit., pág. 10.

[31] Por lo complejo del tema, debe insistirse en la existente discrepancia de opiniones: hay autores que, al concebir la meseta de Anahuac sólo como la parte más elevada de la altiplanicie mexicana donde los mexicas o aztecas fundarían Tenochtitlán, interpretan esta agua como la contenida en los lagos centrales del país, no en los mares que la rodean (ANAHUAC, vocablo náhuatl que significa "cerca del agua o rodeados por agua").

[32] Náhuatl - Spanish Dictionary. On-line AULEX.

[33] Kurly Tlapoyaua. Cosmología mexica de Anáhuac (traducido por Baruc Martínez). Este artículo proviene de Museo Cuitláhuac, http://www.cuitlahuac.org

[34] En: La Doctrina Secreta de Anahuac.  Capítulo XXI. www.radiomaitreya.org

[35] Wikipedia. Bernardino de Sahagún.

[36] http://www.bibliotecapleyades.net/esp_orionzone_8h.htm#The Original April 5, 1909 Arizona Gazette article.

[37] Wkipedia. Anasazi. Categoría: Anasazi.

[38] Grafía adoptada oficialmente desde 1986, aceptada por la mayoría de sus habitantes por consideraciones lingüísticas nativas y que, por tanto, se respetará en la presente tesis.

 

[39] http://codigooculto.com/2027/02/que-hace-el-simbolo-egipcio-ankh-en-un-antiguo-sitio-azteca-en-mexico

JULIA CALZADILLA
La Habana, 1943
Obras principales
Literatura para niños y jóvenes:
Los poemas cantarines (1974)
Cantares de América latina y el Caribe (1976)
El escarabajo Miguel y las hormigas locas - en colaboración con Marinieves Díaz- (1988)
Los chichiricú del charco de la jícara (1988)
Los alegres cantares de Piquiturquino (1988)
Los pequeños poemas del abuelo Cantarín (1988)
Las increíbles andanzas de Chirri (1989)
La obra literaria de Julia Calzadilla sobresale por su dominio del idioma, la presencia de la ternura y el acento amoroso de sus poemas y relatos. Tanto en su poesía como en su prosa, se empeña en rescatar valores genuinos de la cultura, el folclor cubano y del continente y de la tradición oral.
Es una de las figuras más destacadas de la literatura para niños y jóvenes. Sus libros Cantares de América latina y el Caribe y Los chichiricú del charco de la jícara, le valieron sendos premios Casa de las Américas, mientras que Los poemas cantarines y El escarabajo Miguel …merecieron premios de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
En Los chichiricú … la autora articula los 25 relatos que lo conforman en la leyenda cuajada de humor y alegría de los jigües o güijes-míticos pobladores de ríos, arroyos y charcos- dueños del misterio y la gracia. Y es que Julia Calzadilla sabe hurgar en la mitología afrocubana y trasladar a sus textos el corpus mágico de una literatura oral.
Por encima de lo fabuloso y lo anecdótico, interesa a esta escritora dar el hecho poético, el juego, la exaltación de la fantasía, el rescate, la recopilación y el enriquecimiento del folclor. Quiere divertir y agudizar la sensibilidad de sus jóvenes lectores, y su perspicacia, y eso la lleva a incursionar en el policial infantil con Las increíbles andanzas de Chirri. Sus libros resultan atractivos para niños y jóvenes de cualquier latitud.
Su título más reciente es Casuarino y el libro mágico de los chacaneques. se ubica en una geografía imaginaria, pero transparentemente latinoamericana y trata acerca de la extinción de una civilización autóctona ante el enfrentamiento con unos visitantes inesperados e indeseables. Es una novela de aventuras.
También para niños y jóvenes escribió ¿Ruidos extraños?, dedicado al caballo Rocinante, de quien ningún autor o cineasta habla jamás y Por si las moscas, sobre el Popol Vuh y la civilización maya.
Para adultos Julia Calzadilla ha escrito recientemente La Gran Rueda: una lectura decodificatoria de la espiritualidad en los MISTERIOS del Antiguo Egipto, una extensa y muy seria investigación sobre los ritos de esta civilización; La música en las venas, sobre el Trío de las hermanas Lago, y el libro de poesía para adultos Cáscara de Nuez.

 

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