PIEDRAS DE ICA
GLIPTOLITOS DE
En diciembre del 2001 fallecía
luego de una penosa enfermedad, Javier Cabrera Darquea.
Médico de profesión, y peruano por nacionalidad, sus revolucionarias teorías
acerca de las Piedras de Ica, causaron sensación, y
lo convirtieron en
una pequeña celebridad, aunque
su trabajo provocó controversias a nivel internacional.
Aunque durante toda su vida
buscó reconocimiento por su labor, Cabrera, fue ignorado por la mayoría
de los académicos, y murió sin obtener la aceptación por sus descubrimientos.
Durante los cuarenta años al mando del Museo de Ica,
que fundara para resguardar los controvertidos Gliptolitos,
como gustaba llamarlos, intentó por todos los medios despertar la simpatía por
su causa. Para desgracia del médico iqueño, la difusión del tema a nivel
mundial intensificó el rechazo y oposición, por un asunto que desde sus
inicios, se catalogó como “maldito”.
Cinco años antes de su muerte,
la revista española “Año Cero” publicó una extensa investigación
sobre el tema, titulado “Las Piedras de Ica,
el fin de un mito” firmado por Vicente Paris. El artículo resultó un
golpe devastador para la credibilidad del hallazgo, y sentó precedentes. En
resumidas cuentas se apuntaba a un fraude orquestado por los residentes locales
con la complicidad de Cabrera, señalado, como el verdadero
mentor detrás de las ideas impresas en las piedras.
Aunque el reportaje no mostraba
fisuras ante las pruebas presentadas, si contaba con una particularidad. La
mayoría de las revelaciones provenían de Irma Gutiérrez Aparcana,
que en un principio había colaborado con Cabrera, aunque luego sería retirada
de escena, dejando lugar a Basilio Uchuya
como el único tallador oficial. ¿Motivo? Según palabras de Irma: “cuando el Dr. vio
que yo decía la verdad a la gente, dejó de darme trabajo y empezó a decir que
yo estaba loca. A partir de entonces sólo encargó trabajos a Basilio”. Textual,
sic.
Pero las idas y vueltas de los
ayudantes de Cabrera no son historia nueva, las contradicciones entre los
supuestos implicados, contabilizaban años de afirmaciones y posterior
retractación.
A principio de la década del
Otro periódico, “El
Dominical” (28/08/71), publicaba, “El
secreto de las 11.000 piedras. ¿Posibilidad de un cataclismo arqueológico?”,
aseverando: “Es difícil admitir tales cosas que sobrepasan nuestra imaginación.
Pero esto es posible, puesto que aquí, delante de nuestros ojos, están las
piedras y porque se pueden fabricar una, dos, tres, cuarenta, ¡pero no once
mil!”.
“En Ica hay unas piedras raras que son un
enigma”, del
diario “Ultima Hora” (02-09-71), se
declara que el descubrimiento de Ica, ha dado la
vuelta al mundo, pero que todavía no es conocido en el Perú” // “señala la
existencia de grabados representando secuencias de intervenciones quirúrgicas y
de trasplantes de órganos, que el doctor Cabrera tiene la intención de
presentar con motivo de un congreso internacional de medicina”.
Toda esta aparente calma se
esfumó en cuanto se conoció “El enigma de los Andes” (1974) del
escritor francés Robert Charroux.
El investigador galo dedicó gran
parte del libro a las Piedras de Ica, bautizadas
desde entonces como
“El Doctor Cabrera Darquea es no sólo el más grande descubridor del siglo,
sino de todos los tiempos. Su museo de piedras y sus tesis abrirán dentro de
algunos años la era del conocimiento verdadero que nos fue ocultado hasta ahora
por las conjuras de mentira. Estaría orgulloso de ser su discípulo, si él lo
quisiera, y desde aquí le dedico toda mi admiración y afecto”.
Las repercusiones no se hicieron
esperar.
El 17 de Enero de 1975, la
revista limeña Mundial, da a publicidad una nota sensacionalista acerca del Museo de Cabrera, donde en trece páginas
se dedica a destrozar la tesis del médico, y poner en tela de juicio la
verosimilitud de los Gliptolitos. Irónicamente, el
informe no lleva firma, y se sabrá después, que el mismo es producto de un
conjunto de redactores del medio aludido.
El escándalo es mayúsculo, y se
advierte detrás, una campaña muy bien orquestada, quizás, la más virulenta en
contra del “ilustre de Ica”, que desde ese entonces
verá su reputación empañada.
Las figuras de Basilio
Uchuya e Irma Gutiérrez de Arcapana,
toman vuelo propio, y es a partir de este suceso cuando sus nombres se
convierten en materia obligada, cada vez que se desea ridiculizar el tema de
las piedras ante la opinión pública.
Una rápida lectura del artículo
revela unas cuantas anomalías, que hacen levantar una cuota de sospecha.
La alerta se enciende con la
declaración de la mujer de Uchuya, quién
cuenta a los reporteros del Mundial:
“Hace varios días mi esposo y la señora Aparcana fueron llevados por unos señores del PIP
(Policía de Investigación del Perú) para que declaren si las piedras son falsas
o legítimas. Es decir, si las han grabado ellos o han huaqueado. Y ya mi esposo
dijo que todas las piedras que le vendió al doctor Cabrera fueron grabadas por
él. Que no las ha desenterrado de ninguna parte. La señora Irma de Aparcana
también dijo lo mismo”.
Pregunta ¿Por qué la
intervención oficial? ¿Algo que ver con la ley 6634 sobre Protección de
Monumentos Arqueológicos? Porque si el lector ignora, de aplicarse la
legislación existente en ese país, el delito por “tráfico” se paga con multa o
el encierro en la cárcel.
El asombro continúa cuando el
numerito de Irma hace su aparición, imagen calco que repetiría casi diez años
más tarde, pero esta vez para un público aún mayor, a través de Año
Cero.
“La piedra grabable
se extrae de un promontorio de unos
Otro detalle perturbador es la
declaración por escrito de Basilio, una verdadera confesión de culpabilidad.
Las faltas de ortografía corren por cuenta del artesano.
“Yo Basilio Uchuya
Mendoza reconosco que todas las piedras del
doctor javier Cabrera han sido trabajadas por mí bajo
el sistema quemado de piedra luego trasada con cierra
coble filo y luego bañadas con barro y después son
limpiadas con un pequeño trapo y después son embetunadas, este trabajo lo bengo realizando desde ase 10 años y a la única persona que
le he bendido mi trabajo es al doctor Sotil”. O sea, a Cabrera.
“Me ví obligado”, diría por esos días el pobre
Basilio, admitiendo que su confesión fue alentada por el propio Cabrera “quién
le recomendó que mintiese afirmando que él mismo había hecho los dibujos que
figuraban representados en las piedras”. Era eso o la cárcel.
Juanjo Benítez en Existió Otra Humanidad (1975), recogería más evidencias que
apuntaban en esa dirección.
“Irma, al igual que Uchuya y el resto de las familias que habita Ocucaje, llevaba muchos años —posiblemente
desde 1962— viendo las piedras que salían
del fondo del desierto. Esto podía explicar perfectamente que los motivos
elegidos por ella para «grabar» la piedra depositada sobre la arena de su
corral fueran parecidos —o trataran de parecerse, para hablar
con propiedad— a los de las auténticas
«ideografías» de la colección de Javier Cabrera. En realidad —y según me confesó minutos después Tito Aisa—, el verdadero objetivo de la vieja Irma no era precisamente vender la
piedra, sino «protegerse» de aquellos que realmente podían colo
Si los artesanos
mentían, Cabrera los justificó, después de todo nadie podía culparlos por
querer desviar la atención. Sin embargo, cuando un año más tarde publicó El
Mensaje de las Piedras Grabadas de Ica (1976),
el médico volvió a la carga, insinuando ser objeto de una conspiración.
“Aquellos
campesinos que abiertamente venden ejemplares de Gliptolitos
en el caserío de Ocucaje, no creo que sean los que
han hallado los depósitos que uso
“En el reportaje
que publica el diario el Correo y que recoge las opiniones de Adolfo Bermúdez Jenkins, Director del Museo Regional de Ica,
se exhiben fotos de una sola piedra. Las fotos de las revistas y el reportaje
son de la misma piedra, y una de las fotos se utiliza en ambas publicaciones.
¿Quién a proveído de la misma foto a dos órganos periodísticos diferentes cuyos
artículos tienen el mismo propósito?. ¿Por orden de quién?. Y finalmente, son
reveladoras, las palabras vertidas por el Prefecto del departamento de Ica ingeniero Enrique Egoaguirre,
a los periodistas de la revista Mundial. Luego de señalar respecto de Basilio Uchuya e Irma Gutiérrez de Aparcana,
“nos hemos limitado a tomar sus declaraciones y nada mas”: el prefecto agregó:
“Esto a pesar de que hay gente interesada en este asunto. Gente que incluso me
ha llamado desde Lima para decirme porque no hacemos esto o aquello”. ¿A
quiénes se refería el Prefecto?. Responder a estas interrogantes puede conducir
no sólo a conocer quiénes son los más interesados en que se sigan vendiendo
estos auténticos especimenes arqueológicos, sino también a conocer los
depósitos de donde se las sigue extrayendo por millares. Así se habrá logrado
develar el misterio de Ocucaje”.
Al parecer los redactores de Año
Cero no se interesaron en investigar las contradicciones de los
artesanos, como así tampoco en las sombras que se cernían sobre el tema;
prefiriendo sacrificar a Cabrera, el chivo expiatorio perfecto para un asunto
que estaba lejos de aclararse. Un dato no menor y que se daba como al pasar en
ese mismo artículo, es que Vicente Paris lleva a España piedras extraídas no del Museo de Cabrera, sino de
algún sitio de extracción, y que fue un grupo de aficionados a los fenómenos paranormales quiénes realizaron
los análisis condenatorios. En un párrafo de la nota se cuenta como al pasar dos geólogos argentinos sustrajeron una
piedra del Museo “para analizarla en su facultad. El resultado
fue concluyente: los grabados habían sido realizados con instrumentos modernos”. Sin
comentarios.
Breve
Cronología.
A pesar de estos importantes antecedentes, uno
de los puntos que a mi entender presentaba la mayor objeción se refería al
sitio de extracción. Y no era un asunto menor. El silencio de Cabrera en cuanto
a revelar la fuente madre de los Gliptolitos,
enfurecía a sus críticos, que veían en esta negativa la comprobación de sus
sospechas. Pero aunque nunca señaló la ubicación exacta, Cabrera, dejó pistas, una
de las cuales recoge Benítez.
“Los arqueólogos —le dije— se preguntan por qué no señalas
el lugar o yacimiento de donde se sacan tantos miles de piedras grabadas. Y
tienen razón, pienso. Eso aclararía la situación y haría progresar la
investigación sensiblemente... Siempre tuve la impresión de que Javier Cabrera
esperaba aquella pregunta final. Y no sabría precisar hasta qué punto nos
relató todo lo que realmente conocía en ese momento. Siempre que he solicitado permiso para realizar
excavaciones —respondió Cabrera Darquea muy serio— se me ha
negado. Ya sé que no soy arqueólogo. Pero, ¿es que acaso no se están
concediendo esas licencias a personas que tampoco lo son?» Yo he hecho un estudio. Dispongo de un plano y tengo, lógicamente,
información que me pondría en la pista de ese depósito en menos de un mes» Aquello me dejó atónito.
“Por un lado, Javier Cabrera
reconocía la existencia de ese yacimiento o depósito. Pero, por otra parte,
parecía querer decirnos que él no había entrado en dicho lugar... Pero, ¡ojo! —prosiguió—, yo no haré público jamás
dicho yacimiento arqueológico mientras no tenga la seguridad de que el
Ejército lo controla y protege. ¿El Ejército? —pregunté con
extrañeza ¿y por qué precisamente el Ejercito? Javier Cabrera me miró en
silencio e hizo un esfuerzo para no seguir hablando. Fue precisamente en aquel instante cuando yo supe a ciencia cierta
que el doctor había estado en el gran depósito, que había visto lo que
realmente contenía y que —por ello— exigía la salvaguarda del Ejército”.
En otra frase enigmática se
leía:
“Y yo sé que el presidente de
Más definiciones sobre el
depósito:
“Parte de ese túnel donde se encuentran las piedras
sufrió los efectos de un movimiento sísmico y quedó inclinado. La mayor parte
de las piedras que constituyen la «biblioteca» gliptolítica
rodaron y ocultaron gran parte de lo que acompañaba a las piedras grabadas”.
¿Alguna pista de ese túnel?
Benítez dejaba entrever casi al
final de Existió Otra Humanidad una probable conexión entre Perú y Ecuador,
enlazados sus territorios por pasajes subterráneos antiquísimos, quizás una de
las claves para resolver el misterio de los Gliptolitos.
Hay que mencionar que por esa misma época se conoció el libro de Erich Von Däniken, El Oro de los Dioses (1975), que
mencionaba el descubrimiento realizado en Ecuador por un aventurero húngaro
pero nacionalizado argentino, Juan Moricz,
que habría localizado restos de una civilización desconocida en los subsuelos
selváticos.
Una información aislada que
recibiera una expedición española en 1994, con el objeto de comprobar las
aseveraciones de Moricz, en Ecuador me puso en
alerta. Allí se decía que “cuando hace años se construyó el aeropuerto de Cuenca, los operarios
encontraron en el subsuelo una piedra triangular, en la que figuraba un sol en
lo alto, debajo un elefante (¿un mamut acaso?), y bajo éste una serie de simbolos”, de factura similar a los declarados en su
libro por Däniken. Era un dato
importante porque el hallazgo fue realizado por simples trabajadores, que no
ganaban nada especulando con el tema
Quiso la suerte que un ingeniero
de la zona de Ica, Ernesto Ayza
me contactara hace un tiempo para relatarme su testimonio, una historia que
después de leerla fue clave para relacionarla con el hallazgo de Ecuador.
Ernesto me permitió reproducirla, pasajes que transcribo a continuación:
“Aproximadamente año 1993 en la ciudad de Lima, me encontraba con mi buen amigo e investigador de las piedras, Tiberio Petro León, y estábamos tomando un café cerca de la construcción de lo que es hoy el edificio más alto de esta ciudad, el CENTRO CIVICO. Habíamos llevado algunas piedras para ser analizadas y catalogadas geológicamente y el grueso de ellas estaba dentro de un maletín pero había una un poco mayor que no entraba en el maletín por lo que la pusimos a un costado de éste y sobre la mesa.
“A su vez se encontraba al lado de nuestra mesa una ocupada por tres obreros de la construcción con los respectivos cascos. Notamos que se interesaban mucho por nuestra piedra y nos preguntaron que de dónde procedía, a lo que contestamos, para no alargar la historia, que la habíamos comprado en Ica... acto seguido que ¿cuánto habíamos pagado?, respuesta rápida, que alrededor de cinco dólares por ésta; ¡gran revuelo entre ellos! y pelea verbal con recriminaciones....les preguntamos el porqué, y nos contaron que ellos en algún momento trabajaban para una compañía que construía una carretera alrededor de la bahía de Paracas, en un determinado momento del avance al pasar la retro excavadora empezaron a aparecer piedras como la nuestra por lo que se preguntaron qué hacer con ellas, uno de ellos propuso venderlas pero los demás opinaron que nadie les daría un centavo y ahora se daban cuenta del error ya que optaron por ponerlas en la cimentación”.
El análisis de estas dos
informaciones sugiere no ya la existencia de un túnel aunque no se descarta,
sino la posibilidad de algo mucho más profundo, y que apunta a los subsuelos
sudamericanos, que por causas desconocidas tienen esparcidas en sus entrañas
estos extraños objetos que cada tanto hacen su aparición. Esta reafirmación la
obtenemos estudiando la genealogía de las Piedras de Ica,
que confirma en parte esta suposición.
Para su mejor compresión
recurrimos a Javier Cabrera.
“La llamada «Revolución de
“El terreno donde se encuentran
las piedras grabadas corresponde, por tanto, a una era muy anterior a los
Andes. Y junto a zonas del Paleozoico, los geólogos han descubierto también
otras áreas del Mesozoico y del Terciario y —¡cómo no! — del Cuaternario… Ocucaje es una pura y constante sorpresa en ese sentido. En
el departamento de Ica se han encontrado, incluso,
diatomeas, que corresponden al Precámbrico. ¡Y en superficie! Eso nos remonta
ya a tiempos anteriores a
“Yo les pido nuevamente que se
acerquen a Ica, que estudien las piedras, que
analicen los terrenos… Según esto, ¿qué edad podrían tener los grabados y
altorrelieves de las piedras? Nadie puede averiguarlo realmente. Podrían ser de
finales del Mesozoico, con más de 65 millones de años. O del comienzo, con más
de 200 millones… ¡Y quién sabe si mucho más…! Observa el plano geológico y te
darás cuenta de otro detalle extraordinario.
El verdadero “arqueólogo” de esta zona de Ocucaje ha
sido el río Ica… Él ha abierto los estratos. Él los ha dejado al descubierto. Y aquí
ves zonas que pertenecieron al Paleozoico… El río nos está mostrando una verdad
incuestionable.”
Según escribiera Charroux en su libro Archivos de Otros Mundos (1977):
“Se comenzaron a encontrar las
piedras, de forma masiva, hace unos quince años, cuando una especie de
desviación del río Ica hizo afluir sus aguas sobre
las tierras vírgenes de la zona de Ocucaje. Se
hallaron entonces grandes cantidades de piedras grabadas” // “He aquí, pues la
clave del enigma: en 1961, el río Ica abandona su
curso normal y va zapar a los cerros del pueblo de Ocucaje.
Las aguas arrastran las arenas de estas colinas desérticas y ponen al desnudo
una necrópolis, o más exactamente un santuario, donde un pueblo desconocido ha
depositado sus archivos prehistóricos.
“Más de 10.000 piedras tapizan
el suelo: no hace falta sino agacharse para recogerlas. El pueblo de Ocucaje está en las cercanías (aproximadamente un
kilómetro) y los habitantes no tardan en notar la presencia de aquellas piedras
negras o grises, pero todas grabadas con dibujos fantásticos. Transportan estas
piedras misteriosas hasta sus pobres moradas, a menudo con gran esfuerzo, ya
que algunas ¡pesan 400, 600 kilos y más¡ Las depositan contra las paredes, en
las bodegas oscuras que flanquean sus habitaciones, incluso las dejan sobre la
plaza del pueblo”.
La visión de Charroux el
primer investigador europeo en interesarse por las Piedras de Ica,
se refuerza una vez más con las revelaciones del ingeniero Aysa
a quién me permito citar nuevamente, testimonio que considero excepcional
proviniendo de un residente local:
“Allá por el año 1985 yo era
gerente de una compañía de turismo y como siempre encima de mi escritorio solía
tener algún ejemplar de las piedras de Ica y el libro
de Javier…resulta que uno de los chóferes de la flota entró a mi solicitud para
recibir instrucciones acerca de su trabajo y luego de recibirlas me preguntó
sobre la piedra grabada que tenía frente a él, recuerdo que le resumí sobre el
asunto y entonces el me preguntó si quería saber acerca de su experiencia sobre
el tema, a lo que lógicamente respondí que me interesaba efectivamente. Me
contó entonces que siendo él aún muy joven, en ese momento le calculo que
debería frisar los sesenta y algo, se tuvo que alejar de su tierra en busca de
trabajo, creo debe haber sido alrededor de los años cuarenta, y lo contrataron
con algunos otros obreros para realizar trabajos en unas tierras a la altura de
la desembocadura del río Ica; el referido trabajo
consistía en hacer una zanja de aproximadamente
“Mi pregunta obviamente fue de
que se hizo de aquellas piedras, a lo que me contestó que ellos, su cuadrilla,
eran personas sin mayor cultura y que les llamaba muchísimo la atención por lo
cual dilucidaron entre todos ellos y no faltó por allí algún “sabiondo” que aconsejó que las desaparecieran enterrándolas
junto con las mezclas de cemento en aquella pared ya que de no hacerlo podría
intervenir alguna entidad y les quitarían este trabajo, por lo que así
procedieron. Está claro que luego de tantos años de lo sucedido le llamó
enormemente la atención encontrarse con otro ejemplar de estos, él no conocía
que Javier ya tenía un museo de ellas en Ica”.
Si las Piedras de Ica
están esparcidas por toda la región de Ocucaje, y tal vez
prolongándose su influencia a otras regiones o países, eso explica porque no se
puede dar una solución a corto plazo que ayude a resolver el enigma. Aún
aceptando la existencia de un plano, como el mencionado por Cabrera
señalando uno de esos sitios de extracción, el problema de fondo continuaría,
porque de encararse un trabajo en este sentido, la tarea sería casi ciclópea.
Cabe preguntarse entonces que
pudo provocar un desplazamiento de tal magnitud. ¿Resultado de un
cataclismo? Cabrera así lo creía,
pero ¿tenemos pruebas?
Volvamos a citar al médico
iqueño en su larga charla con Benítez:

“-Este
continente que ves a la izquierda de lo que hoy es Sudamérica era Mu. Actualmente, sin embargo, esta masa continental ya no
existe frente a nuestras costas. ¿Por qué? En razón de la "deriva"
de los continentes, Mu fue desplazándose hacia
Occidente. Y con el transcurso de millones de años chocó con
“Al regresar frente a la piedra donde Javier Cabrera me había
señalado el citado continente Mu, le pregunté sin
rodeos: ¿Qué relación puede haber entonces entre este desaparecido continente y
Pascua? Todo. Miré al investigador con incredulidad. -Todo, repito. Como te
digo, la «deriva» del continente Mu dejó un «rastro»
de islas a todo lo largo del océano Pacífico. En muchos casos, ese
desgajamiento de la masa continental coincidió con zonas donde existía una
floreciente cultura, tal y como se refleja en estos miles de piedras grabadas.
Y Pascua fue uno de estos ejemplos.
que
pudieron quedar en esos archipiélagos e islas terminaron por mezclarse. Y
también los habitantes de Mu —una vez que el continente formó
definitivamente Asia— se
vieron sometidos a constantes cambios. En esa nueva área del globo, el medio
ambiente resultaba totalmente distinto-.
“Durante mis viajes por diversas zonas del Perú había observado un
hecho para el que no tenía explicación. En numerosos poblados y ciudades —especialmente en aquella región de Ica—
los indígenas ofrecían a los turistas las más variadas tallas de madera.
Tallas que, en un principio, yo consideré producto de la artesanía local. Pero
un hecho posterior, ocurrido en el desierto de Ocucaje,
así como los testimonios de numerosos peruanos —expertos en la materia—,
me hicieron comprender que muchas de aquellas tallas de madera negra y
desconocida tenían una gran antigüedad. Los indígenas y campesinos —según pude comprobar en el citado
desierto de Ocucaje— dedicaban buena parte de su tiempo a «huaquear» o rastrear las zonas
arqueológicas, desenterrando muchas de estas Millas entre los restos de las
tumbas prehispánicas.
“El propio profesor Cabrera Darquea disponía
de una formidable colección de estas figuras de madera. Pero lo que
verdaderamente me llamó la atención desde un principio en las citadas tallas
fue la abrumadora semejanza con los gigantescos «moais»
de la referida isla de Pascua. Muchos de aquellos idolillos tenían un claro
perfil «pascuense». Pero, ¿cómo podía ser? Mi asombro llegó al máximo en una
clara mañana del invierno peruano cuando, mientras visitaba el Museo Regional
de Ica, uno de mis acompañantes me señaló un arcaico
y artístico remo de madera. En uno de sus extremos habían labrado ocho
figurillas que me recordaron inmediatamente las mencionadas estatuas gigantes
de la enigmática isla de Pascua. Aquellas figuras encontradas por azar en un
remo incaico, posiblemente anterior a la llegada de los conquistadores
españoles, se tocaban, incluso, con los mismos gorros o sombreros que aún lucen
algunos de los «moais». Como se sabe, en un principio
parece ser que la totalidad de estas formidables estatuas de piedra disponía
de los citados gorros. En la actualidad, y quizá como consecuencia de
movimientos sísmicos o de sucesivas catástrofes, esos adornos de piedra aparecen
desgajados de las cabezas de las estatuas y esparcidos por las proximidades de
los «moais».Mil veces me formulé la misma pregunta:
¿A qué se debía aquel parecido, aquella semejanza, entre estas tallas de
madera encontradas a miles en las tierras Peruanas y los fantásticos y
desconocidos seres que quedaron representados en las estatuas de Pascua?
“Ahora, al escuchar al profesor Cabrera, al oír que el desaparecido
continente Mu fue dejando un extenso «rastro» de
islas en su camino hacia lo que hoy es Asia, todo parecía más claro. ¿Es que
ésta podía ser la explicación a la desconcertante isla del Pacífico? Estas
tallas encontradas en Perú —le
planteé a Javier Cabrera— y
las estatuas de la isla de Pascua tienen una profunda semejanza. ¿Por qué? -No
olvides que esta remotísima civilización que dejó las piedras grabadas cubría y
se extendía por todo el planeta. Había una intercomunicación. Las tallas
encontradas en los desiertos y tumbas del Perú son muy similares, en efecto, a
las estatuas de la isla de Pascua. Sin embargo, ¿por qué los «moais» no son similares a los habitantes actuales de dicha
isla? ¿No te lo has preguntado? La razón confirma una vez más la gran
antigüedad de esta civilización. Los hombres representados en las estatuas de
Pascua no se parecen a los actuales «pascuenses» porque el tiempo transcurrido
entre ambos es enorme. Sin embargo, los «moais» sí
son idénticos a los seres representados en el altiplano peruano de Marcahuasi. Ambos son hombres de eras remotas del planeta.
Y al igual que sucede con los animales, también las distintas Humanidades que
han ido poblando el mundo han ido cambiando. El hombre de Tiahuanaco,
por ejemplo, era rechoncho, de gran cabeza, piernas cortas, brazos largos y
cuatro dedos en cada mano. Muy parecido, por tanto, al hombre "gliptolítico". Pero, ¿qué raza actual se asemeja a ese
hombre de Tiahuanaco o al de las piedras grabadas?
Esto, necesariamente, nos remonta a un pasado de
Una fotografía recibida el año
pasado a través de una colega amigo, fue clave para empezar a encauzar la
hipótesis de Cabrera.
En esa toma, se observa una
línea de Nazca dirigiéndose hacia el Océano Pacífico.
A su vez en Fantástica Isla de Pascua,
libro de Francis Mazière que visitara la
tierra de los Moai en la década del
No es el caso de Franz Kowacs en “La misteriosa Isla de Pascua”, que con
vehemencia escribe: “para la arqueología oficial, estas calzadas sumergidas
sencillamente no existen. En el mejor de los casos se trataría solo de
corrientes de lava agrietada… o de rampa para barcos. Desearíamos dejarnos
convencer por esas tranquilizantes conclusiones si no existieran, a algunos
miles de kilómetros al oeste de
Calzadas y líneas que se dirigen
al mar. ¿Reminiscencias de una antigua masa continental con base
en el Pacífico?
En “Dioses del Pasado”, Renato
Longato escritor e investigador peruano residente en USA, brinda datos
importantes que refuerzan nuestra hipótesis en cuanto a la conexión Ica-Pascua. “No debemos dejar de lado las serias dudas con
respecto a la presencia de una masa de tierra hoy sumergida en la extensa área
del pacífico sur que bien pudo haber desaparecido producto de una serie de
terremotos del llamado círculo del fuego. Esta gran zona sísmica se extiende
desde las costas de Sudamérica hasta Alaska. En toda la zona podemos afirmar
que todos los movimientos sísmicos son cosas de cada día. La existencia de
numerosas islas esparcidas a lo largo del Pacífico Sur sugiere la alta
posibilidad de una masa de tierra en toda esa área. Mi interés se centraba en
saber en que placa tectónica se asienta
Longato entrevista con este objetivo a
un sismólogo, y vulcanólogo que le confirman lo
siguiente: “
A través de los aportes de Longato
se confirma las suposiciones esgrimidas por Cabrera en cuanto a este
punto, pero las similitudes entres estas dos regiones son aún más
perturbadoras, porque desentrañando Pascua, tal vez resolvamos algunos de los
misterios de Ica.
Retomemos las palabras del
iqueño: “Los hombres representados en las estatuas de Pascua no se parecen a
los actuales «pascuenses» porque el tiempo transcurrido entre ambos es
enorme”. Le contaron a Francis Mazière: “Los primeros habitantes de
¿Cuál era su origen entonces? La
leyenda de la isla cuenta la historia de Hotu Matua, mítico rey que arribó a Pascua con un séquito de
casi 17 personas que escaparon de una gran catástrofe marítima. El lugar de
procedencia era Hiva, aunque se desconoce su
localización. Además de enseres y barco este Noé del Pacífico trajo consigo
miles de tablillas rongo rongo,
indescifrables en la actualidad. ¿Estaba Hiva
situado detrás de América como contó el lugareño a Maziére?
En las piedras de Ica hay dos Gliptolitos que
muestran la conformación de
Volvamos a Pascua.
La escritura rongo-rongo, quizás uno de los últimos enigmas que quedan
por resolver, guarda secretos no revelados. Muchos fueron los intentos por
encontrar una clave que ayude en la traducción de los pictogramas
ininteligibles. Por años los principales expertos mundiales lucharon por
descifrar el misterio que se esconde en esas tablillas apodadas “parlantes”.
Verdaderas guerras entre especialistas, que ante la ausencia de una Piedra Rosetta, como la encontrada por Champollión
en Egipto, vieron hasta el momento frustrado sus ansias de gloria. Quizás uno
de los impedimentos que impidió mayores avances en el campo, fue mantener una
postura local, donde se veía a la escritura de Pascua, como un producto aislado
y sin correspondencia. Para 1921 se realizó un descubrimiento que rompía con el
estigma del aislacionismo pascuense, y que aunque no aceptado, y ferozmente
discutido, brindaba al tema una perspectiva global, fuertemente resistido por
sus implicancias. Tuvo lugar en la región de
Dos ciudades Mohenjo Daro y Harappa salieron a
luz, e iniciaron una especie de revolución arqueológica. “Las pruebas
irrefutables aportadas por Marshall y Daya habían conseguido dar por tierra con la opinión
generalizada que afirmaba que ninguna cultura organizada (¡ni qué decir de una
adelantada!) había podido existir en ese lugar. Capitales gemelas, Harappa y Mohenjo-Daro fueron en
Pero la verdadera hecatombe se
desató en 1932 cuando un
especialista húngaro Guillermo
de Hevesy, presentó a
La revisión de los glifos
hallados en Mohenjo Daro y
Harappa dejó a la vista más interrogantes, ya
que se detectaron animales desconocidos así como extrañas plantas fusionadas
con ellos. Algo que se repite en Pascua si atendemos las observación realizada
por un misionero que en 1864 contó: “en todos las chozas se encuentran
tablillas de madera o palos cubiertos de varios tipos de caracteres
jeroglíficos: son figuras de animales desconocidos en la isla que los indígenas
trazan con piedras afiladas”. ¿En las ideografías que adornan los gliptolitos no encontramos fauna y flora también extraña al
continente americano?
Dijeron los locales a Meziére: “La
primera raza inventó la escritura Rongo-Rongo, que inscribió sobre piedras. Esta escritura
solamente subsiste en Asia entre las cuatro partes del mundo habitado en otros
tiempos por la primera raza”.
¿La escritura de Mohenjo Daro es el nexo con Pascua, unidos en el
pasado por un continente? El lector tiene la decisión.
De nuevo a Ica.
Otro Gliptolito
registra la caída de un cuerpo esférico ¿meteorito o planetoide?, estrellándose
con el planeta.
Un tema que en Pascua adquiere
resonancia.
“En el año 1973 un lingüista brasileño
llamado Vaz de Melo, afirmó
haber descifrado las tablillas rongo-rongo. Hablarían según él, de un gigantesco maremoto con
olas de más de treinta metro de alto que habría hundido un archipiélago del que
formaba parte
¿Podemos tomarlo en serio?
Emmanuel Velikovsky en su polémico libro Mundos
en Colisión “emitió la hipótesis según la cual el planeta Venus habría
sido literalmente arrojado de Júpiter en una época que se remontaría a unos
miles de años solamente. Al pasar cerca de
Si un cataclismo de estas características
tuvo lugar, eso explica las anomalías de las Piedras de Ica,
su extraña similitud
con Pascua y de ésta con las
del Valle
del Indo. ¿Estamos ante restos de esa primera raza madre que habitó el
Pacífico?
Más pruebas. El Candelabro o Tridente de Paracas.
Según J.J. Benítez el “eje central
del candelabro señala al sur. Exactamente a
A continuación un ejemplo.

Un sabio vasco argentino del que poco se
acuerdan,
Taylor Hensen fue una etnóloga que se dedicó a
estudiar las leyendas y mitos del pueblo Apache. Cual sería su sorpresa
cuando identificaron a Tiahuanaco, la ciudadela
muerta enclavada en los andes bolivianos, como el lugar de origen de sus
antepasados, “describiendo, sin haberla visto nuca, la estatua del "blanco
barbudo". El dios empuña dos espadas en posición vertical, lo que
significa "amistad hasta cierto limite". Las espadas forman ángulo
recto con los antebrazos, y con la cabeza un tridente, que es nuestra señal
secreta de reconocimiento. Allá donde se alza la estatua, es el lugar de
nuestro origen”. Y no debemos olvidar que Tiahuanaco
siempre estuvo asociado con un continente desaparecido, para ser más precisos
del Pacífico.
Nuestra tarea concluye aquí. Este trabajo
intenta un acercamiento diferente en cuanto al tema de las Piedras de Ica. Si se enfoca el espinoso tema desde una visión globalizadora veremos como las piezas comienzan encajar en
este rompecabezas. El error es seguir considerando al descubrimiento como una
expresión aislada, sin conexión con otras culturas. Creemos que más allá de la
autenticidad de las piedras, y de su dudosa para algunos procedencia, los Gliptolitos merecen con lo aquí expuesto una nueva
oportunidad. Abrimos una puerta, esperemos que no la cierren.

Y para concluir una “nueva
coincidencia”, esta vez desde Argentina. En este país se desarrolló una cultura
muy poco conocida y altamente avanzada. Se la conoció como
Una imagen vale más que mil palabras.
Bibliografía
Libros
Benítez, Juan José (1975). Existió Otra Humanidad.
Barcelona: Plaza & Janés.
Cabrera Darquea, Javier
(1976). El Mensaje Grabado de las Piedras de Ica.
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& Janés.
Charroux, Robert (1977). Archivos de Otros Mundos. Barcelona: Plaza
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Renato Longato.
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(1976). Fantástica Isla de Pascua. Barcelona: Plaza & Janes.
Artículos:
Paris,
Vicente. Las Piedras de Ica: fin de un mito. En:
Revista Año Cero, 1994.
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verdad sobre las Piedras de Ica. En: Revista Más Allá
Nro 190, 2004
De
Dalmau, Ángela: El Misterio de
Webs:
http://www.gabrielebaraldi.arq.br/index.htm
http://www.chauvet-translation.com/