CAE EL VELO: MARIA MAGDALENA, HISTORIA Y SIMBOLO


Dios no es sólo Él. Es también Ella. Porque es Padre y Madre. La fusión de los dos principios, masculino y femenino, que lo permea todo en la Naturaleza. Energía. Amor universal. Los opuestos complementarios, la polaridad no excluyente, plasmada desde hace milenios en culturas profundamente sabias donde el leit motiv de los gemelos se reitera por doquier. Al respecto, resulta ilustrativo lo expresado por Juan Marín en El Egipto de los Faraones" :

(...)"Como se decía al iniciado en los Misterios de Samotracia (según nos cuenta el romano Varro), ´entre Cielo y Tierra hay la misma relación que entre alma y cuerpo, que entre sequedad y humedad´. Osiris era el ´lingam´ sivaico, mientras que Isis era el ´yoni´ de Parvati. Ellos estaban simbolizados en el cielo por los dos "Gemelos" .
(...) "Según Plutarco, la teoría de los "Dos Principios" estaba en la raíz de todos los ritos iniciáticos del mundo antiguo (...)"

Por su parte, en su libro Egyptian Divinities, el egiptólogo Moustafa Gadalla afirma:

(…) "Los textos egipcios expresan que Nun --el caos de la pre-creación -- poseyó características que se identificaron con cuatro pares de poderes/fuerzas primordiales. Cada par representa los gemelos primigenios de doble género --los aspectos masculino/femenino. Los cuatro pares son equivalentes a las cuatro fuerzas del universo (la fuerza poderosa, la fuerza débil, la gravedad, y el electromagnetismo).

Y no por último menos importante, en este brevísimo recuento del simbolismo gemelar sobresale la obra Mito y Significado, de Claude Lévi-Strauss , cuyas conclusiones sobre su nexo con el talón como zona del pie de especial importancia podrían incluso aplicarse al epíteto inscrito en el cartucho de Kheops --"el que sujeta y es sujetado"--ubicado en la Cámara de Descarga de la Gran Pirámide y analizado por el Dr. Georgeos Díaz-Montexano en su estudio El Enigma de los Grafitos de Kheops.

La connotación de fragilidad que poseyó esta zona trasera del pie está, pues, relacionada en gran medida con el mito de los gemelos (véase v.g. el nacimiento de Esaú y Jacob) . De ese modo, al igual que Thetis sujeta a Aquiles por el talón para otorgarle la inmortalidad al sumergirlo en las aguas estigias que corrían por el Hades, el "gemelo" que nace en segundo lugar sujetaría por el talón al hermano que le precede, "debilitando" de ese modo esta zona crucial del pie. Ello, alegóricamente, explicaría en muchos casos el combate entre hermanos para representar transiciones históricas (v.g. nomadismo/sedentarismo) o la pugna entre principios opuestos que, sin ser en realidad excluyentes, luchan por prevalecer hasta lograr fusionarse mediante la fuerza del Amor: yin/yang, bien delimitados y a la vez conteniéndose el uno al otro. En la cosmología del Antiguo Egipto, i.a., los "gemelos" proliferan como símbolos de la dualidad y polaridad necesarias para el equilibrio cósmico: Shu-Tefnut, Geb-Nut, Osiris-Isis, Set-Nephtys... Como también Cástor y Póllux en Grecia, Rómulo y Remo en Roma, Quetzalcóatl y Xólotl entre aztecas y mayas, o los Ibeyis, en la cultura yoruba… Todos vinculados de algún modo con serpientes y dragones, la Madre Kundalini que mora en el raquis humano... La lista es larga.

Ahora bien, ¿qué relación tiene este simbolismo esotérico con las figuras de Jesús y María Magdalena? Ante todo, la misoginia de la cultura judía en los tiempos bíblicos, continuada y exacerbada a lo largo del tiempo por altas personalidades de la Iglesia católica, es una de las explicaciones de la reiterada labor de tergiversación y ocultamiento del papel de la mujer en nuestra llamada "cultura occidental".

En este sentido, la acción de respetar el necesario sigilo es un ejemplo harto elocuente. Moisés, en Exodo 27, versículos 33 a 35, tras haber "escuchado" en un alto nivel iniciático, coloca sobre su rostro un velo en señal de voto de silencio y, más tarde, clásicos griegos como Herodoto, Platón, Pitágoras, Plutarco, callan en sus escritos lo que no les estaba permitido decir acerca de una religión mistérica que, basada en la sabiduría del dios egipcio Thot -el Hermes Trimegisto de los gnósticos-podía sólo transmitirse "de labios a oídos". Todo ello es correcto.

No obstante, una cosa es el silencio que se guarda de modo voluntario por razones disciplinarias y éticas y, otra, el impuesto a lo largo de los siglos a la mitad femenina de la Humanidad, escindida por el mismísimo Zeus como castigo aplicado a los Titanes en su intento de luchar contra las deidades del Olimpo. En un comienzo -y Platón lo expresa en su diálogo El Banquete (Symposio) o Del Amor por boca de Aristófanes--, el hermafroditismo que habría caracterizado a la naturaleza humana representaba, en aquella mítica fusión macho-hembra, la fuerza poderosa y unitaria del Amor, la necesidad de amalgamar ambas porciones -andro y gino, Hermes y Afrodita- en una totalidad armoniosa regida por un equilibrio tan perfecto que recordaría la sexualidad o, mejor aún, la asexualidad de los ángeles, en quienes la sublimidad de dicho sentimiento habría hecho desaparecer cualquier tipo de distinción, incluida la de género.

La realidad ha demostrado, empero, el lamentable fracaso de la aspiración unitaria e igualadora contenida en el mito. En este caso, la mujer, desprovista de voz y, por consiguiente, de voto o poder de decisión, era presentada como la imagen viva de la charlatanería, de la plática hueca, depositaria de la palabra que, transmitida por ella "de labios a oídos", lejos de sabia no era más que rumor, en síntesis, mero chismorreo.

Por razones de tiempo y de espacio no nos detendremos aquí en el análisis de la apabullada Eva que, desde el Génesis bíblico, cargó con la exclusividad de la culpa de la "caída del Adán ingenuo"... Lo cierto es -como señalaron las ponentes del XII Congreso de Teología realizado en Madrid en septiembre de 1992 en torno al problema de la marginación femenina-que la historia omite, por haberlas omitido la propia realidad, a las papisas y a las Madres de la Iglesia: La Papisa Juana, pues, no pasa de ser un personaje imaginario. La Iglesia ha tenido Padres, jamás Madres. De las reinas se han divulgado sus amoríos; sobre las mujeres destacadas en la ciencia, la literatura, el arte, la política, la religión, la sociedad en general, los comentarios han sido lacónicos, en contraposición a los extensos legajos dedicados a las arpías, gorgonas, medusas, furias, parcas, serpientes, etcétera, a cuyo verdadero significado esotérico apenas se alude.

Por los mass-media, y por los codos, se propagan los efectos nocivos del climaterio femenino; el masculino brilla por su ausencia. Las sirenas cantan y engañan, al paso que los tiburones despedazan a sus presas sin tanto alboroto. Para designar un terrible torbellino y un pavoroso escollo del estrecho de Mesina, los apelativos Escila y Caribdis -evocadores de lo femenino-parecieron idóneos a los misóginos antiguos. La esfinge edipiana, también en su versión exotérica, era monstruo-mujer, elaborado por los griegos a partir de la figura original egipcia, de esencia andrógina. La belicosa gemela de Ares, con otra perversa manzana, sembraba la discordia a modo de entretenimiento. En Latinoamérica, la legendaria Madre de Aguas se califica por lo común de agresiva y sanguinaria... La lista, una vez más, es extensa…

En nuestros días, descuella el resonante ejemplo de una injusticia histórica y simbólica que, felizmente, parece haber llegado a su fin: la vida y obra de Myriam, la de Magdala. En su libro El Legado de María Magdalena, el investigador barcelonés José Luis Giménez desenmascara con evidencias irrefutables la milenaria mentira acerca del verdadero papel de la amada discípula de Jesús, ligada a él, además, como esposa y madre de su descendencia. El Legado... contribuye a echar abajo la calumnia de la "prostituta redimida". Saca a la luz fuentes intencionalmente olvidadas o relegadas de larga data que le permiten rescatar la dignidad de la Mujer y del Amor, tanto desde el punto de vista histórico como emblemático. En pocas palabras, apuntala con firmeza los mensajes que, de manera velada, transmitieron desde épocas remotas aquellos que conocían la naturaleza inviolable del secreto.


Tal como hiciera Dan Brown en el Código da Vinci o Michael Bigent, Richard Leigh y Henry Lincoln en The Holy Blood and the Holy Grail, entre muchos otros autores que han tocado este polémico asunto, José Luis Giménez ha contribuido a destapar la Caja de Pandora en cuyo fondo, bien visible, reposa la Esperanza. Porque la Verdad siempre se abrirá paso.


Iré por partes: el Santo Grial es, ante todo, un símbolo de la presencia crística en el ser humano, de su pureza, de su Realización espiritual. Para lograrlo, la comunión de los principios femenino y masculino resulta indispensable. François Bérenguer Saunière lo sabía. Este hombre singular, párroco de la Iglesia de Sta. María Magdalena en Rennes-le-Château, en el sur de Francia, al concebir la modificación de los retablos allí existentes, incluyó dos imágenes, una a cada lado del altar mayor, descritas y fotografiadas por José Luis Giménez en su Op. Cit.: a la derecha, la Virgen María con un niño y, a la izquierda, San José con otro niño distinto. Es decir: la polaridad que no se excluye, lo gemelar que se fusiona.


Ahora en tierras españolas, en el cisterciense Real Monasterio de Santes Creus (provincia de Tarragona), que data del siglo XII, el autor de El Legado... saca a la luz, en tal sentido, otras piezas de enorme relevancia: en la capilla de San Juan Evangelista, este aparece representado en la parte central del retablo con un aspecto incuestionablemente femenino, del mismo modo que ocurriría en el viejo Egipto con las representaciones hermafroditas de Akhenaton durante el período de Tell-el-Amarna (dinastía XVIII). Aquí, tal como señala J.L. Giménez, la intención del autor es obvia: San Juan, identificado en ocasiones con la figura de María Magdalena, tiene, como esta, largos y rizados cabellos pelirrojos, a diferencia del porte varonil con que aparece en cuadros de El Greco, de Tiziano, de Velázquez... Sin embargo, Leonardo da Vinci, conocedor del esoterismo antiguo, en particular del egipcio, supo también reflejar -y ocultar-- magistralmente lo andrógino en sus pinturas...

En los siete íconos adicionales al retablo, situados en su parte inferior, hay imágenes con pasajes bíblicos acerca de la vida de Jesús y María Magdalena que encierran una gran riqueza simbólica: además del número 7 alusivo de los plexos de energía chákrica, en uno de los íconos la Magdala aparece junto a dos criaturas gemelas, mientras que en el correspondiente a San Juan Evangelista, además del cáliz en su mano, aparece al fondo la cruz de San Andrés formada por dos árboles... el axis mundi.

Podrían hacerse numerosas lecturas deshermetizantes de este retablo realizado por un pintor anónimo a principios del siglo XVII. El dedicado a María Magdalena embarazada, llorando al pie de la cruz junto a una calavera, se analizará en párrafos posteriores.

Volvamos al tema específico del Santo Grial. En la escritura jeroglífica egipcia, la letra G era indicada por el signo que representaba un apoyo, asiento, sostén o protección de jarra, vasija, pote... O sea, el receptáculo, el recipiente, lo que recibe, símbolo -al igual que el arca y al barca-del yoni o útero que, en este caso, da cabida a la sangre que se identifica con el ens seminis, las "aguas mercuriales", la saliva, todo ello como líquido sagrado que interviene en la Suprasexualidad tántrica denominada también Ciencia Transmutatoria, Muerte Psicológica, Alquimia Sexual, Nacimiento Segundo , Gran Obra. Y si tomamos en cuenta el principio "acrofónico" aplicado por Jean-François Champollion a la escritura fonética en su labor de desciframiento de los jeroglíficos egipcios, puede inferirse que la citada letra G representada por el vaso, jarra, etc., podría aludir veladamente al Grial.


Oscar Uzcátegui, al referirse a Nut, la Madre Cósmica egipcia/Isis, señala que en su representación, "Encima de la paloma, Nut tiene un cáliz sagrado. Dicho cáliz es la copa o gomor dentro de la cual se halla contenido el maná del desierto con el cual se han alimentado todos los profetas.
"Esa copa o gomor es el yoni femenino, en el cual está contenido el vino de la sabiduría y al cual se le rendía culto en los misterios del dios Baco entre los antiguos romanos y griegos. Es una lástima que todavía la antropología y la arqueología oficiales sigan creyendo que las vestales romanas y griegas eran prostitutas que se embriagaban y practicaban orgías bebiendo vinos espumosos.


"Todo esto ha sido siempre simbólico. [El vino y el maná] (...)" Ambas cosas no vienen a ser otra que el ens seminis dentro del cual se encuentra todo el ens virtutis de la sabiduría, como lo apuntara en su tiempo el virtuoso Paracelso.


"Todo adepto sin cáliz es una blasfemia dentro de los misterios. Un sacerdote oficiando sin su cáliz es un absurdo total. El cáliz es el complemento fundamental de la lanza." En la historia de Jesús y María Magdalena hay ambas cosas: lanza y cáliz. Asimismo, en la lengua de Oc (Languedoc), nuevo escenario de la vida de la Magdala, la pronunciación del término que significa "cáliz" y "vaso" suena así... grial. El cáliz o copa que muy probablemente no fue empleado por Jesús para beber en una cena que no ocurrió en realidad, sino en el plano de la alegoría.


Desde hace siglos, La Última Cena ha sido un tema recurrente para los artistas, en especial para los pintores. Fray Angélico y Andrea del Castagno lo plasmaron en el siglo XIV, y sobre todo en la obra magistral de este, La Santa Cena , es ella, la discípula más amada de Jesús quien ocupa el centro de la composición, reclinada sobre la mesa y rodeada, en perfecta simetría bilateral, por el resto de los Apóstoles. Jesús, aquí, está sentado frente a ella al otro lado de la mesa, contemplándola, como indica la inclinación de su cabeza. En cada extremo... una copa.


Por otra parte, la copia del fresco del "Cenáculo" de Leonardo realizada por Marco de Oggiono no difiere del original, excepto en que aquí, los pies de Jesús son perfectamente visibles bajo la mesa, en particular el derecho, que avanza como considero hicieron los iniciados en los Misterios egipcios al cumplir el doble recorrido ceremonial. En otra versión del Cenáculo de Leonardo, de autor desconocido, es en extremo significativa la jarra situada frente a la figura femenina:
María Magdalena, la Myriam oriunda de Magdala es, no obstante, el personaje cuestionado y hasta denigrado de esta historia. El célebre cáliz ha sido codiciado y buscado por muchos debido a su legendaria riqueza material. Otros lo han hecho por su genuino valor emblemático, mientras que María Magdalena -tesoro en sí misma-- era presentada como la prostituta redimida por Jesús, la discípula ignorada, la mujer menospreciada, excluida, marginada como todas las demás, junto con los pobres y los extranjeros, en aquella sociedad furiosamente patriarcal.


Pero la Magdala lleva en su nombre la partícula MR, mer/mir, el signo jeroglífico egipcio que, en su polisemia, incluye la noción de Amor. De ahí su apelativo: Myriam, María...


Posee, por añadidura, un sentido que, sin duda, remite al Gran Arcano 13 del Tarot egipcio a la luz de la doctrina cabalística: El Segador, la Muerte como Transformación, lograda cuando las fuerzas polares desintegran el cuerpo físico al obtener la Realización. Y hay más, muchas más constataciones que por muy asombrosas que parezcan, rebosan de lógica esotérica. Fue así como me llegaron y así como las transmito.


¿En qué elementos baso tal asociación? La calavera que suele acompañar a María Magdalena significa la Muerte Psicológica, la aniquilación del ego bestial, la decapitación simbólica que la enlaza con San Juan Bautista. Además, las letras correspondientes a este Gran Arcano son: Mataloth (egipcia), Mem (hebrea) y M (latina). ¡La M que ojos expertos han visto dibujada con los cuerpos de Jesús y la Magdala en La Ultima Cena de Leonardo, unida con la V alusiva de la vagina, de lo femenino! Como gema, le corresponde la amatista y las piedras rojizas. Como color, las tonalidades rojas. En el mundo espiritual, la destrucción y la renovación. En el intelectual, el ascenso del espíritu a esferas divinas. El signo zodiacal, Aries, promesa de inmortalidad que en mi criterio la asocia directamente con Jesús, el carnero de Dios. En la Alquimia, es la Transmutación, el flujo de los opuestos polares , o sea, el ya explicado simbolismo gemelar.


En este análisis, "debe tenerse presente que el signo zodiacal Aries encarna la cabeza de un carnero y evoca la fuente de vida o el brote que florece en el equinoccio de primavera. (...) Géminis (...) es el dualismo, la dualidad de los gemelos; y la representación de Virgo ´se basa en la letra hebrea mem y en el símbolo fenicio que significa pescado, convertido en épocas tempranas en signo representativo de Jesús y del misterio de su nacimiento virginal´. . El símbolo del pez, cargado de sentido espiritual en el esoterismo antiguo, derivaría de su condición de primer animal de la Creación dotado de espinazo, reflejo del raquis humano.


Todo encaja. Mucho más cuando se lee que la función humana que compete a este Gran Arcano 13 es la del sentido del gusto. Porque la noción de gusto, de paladar, evoca alimentos, comida: la simbólica hogaza de pan que ya en los jeroglíficos egipcios, como letra T, era un signo determinativo del género femenino. En este contexto: el principio yin (ostia) que, fusionado con el masculino yang (vino/sangre), observamos unidos en la Eucaristía en calidad de hierogamos, las Bodas de Canaán. De ahí, pues, la reunión de Jesús con sus apóstoles en una Ultima Cena como acto de despedida ante su próxima "Muerte", transmutación obtenida gracias al Amor de su esposa y discípula. Insisto, todo encaja.


Y a este enfoque deshermetizante del principio femenino encarnado por María Magdalena, agrego mi lectura del controvertido puñal que empuña "una mano desprovista de cuerpo" en dicha escena: es su propia mano, la mano derecha de Myriam la de Magdala quien esgrime el cuchillo , --utilizado emblemáticamente en los Misterios iniciáticos egipcios-como prueba del aniquilamiento de los yoes bestiales: .


Como vemos, la escritura jeroglífica vuelve a arrojar luz sobre el significado de esta acción: en el arte esotérico del Antiguo Egipto era común encontrar brazos extendidos en actitud de dar, presentar, esgrimir o portar algún tipo de ofrenda, todo ello con diversas connotaciones, v.g.: . . Así lo explica también Christian Jacq al analizar el acto de dar, de ofrecer, expresando que, para los egipcios, mientras más largos eran los brazos y las manos, mayor era la ofrenda. Y la de Magdala lo era, lo es, lo será. De ahí que el personaje a su derecha eleve a la altura del pecho las dos palmas de las manos con el mismo sentido que dicho gesto posee en la escritura jeroglífica egipcia: "adorar".


El Legado de María Magdalena, por tanto, me indicó los caminos a seguir, los lugares donde -como hizo su autor José Luis Giménez-- debía hurgar con lupa y escalpelo para elaborar conjeturas verosímiles que contribuyesen a ratificar sus conclusiones, que sentí ciertas en todo momento. La verdad finalmente se ha abierto paso. Myriam la de Magdala es símbolo y también historia.

 

Lic. Julia Calzadilla
Historiadora de Arte,
Egiptóloga.

 

JULIA CALZADILLA
La Habana, 1943
Obras principales
Literatura para niños y jóvenes:
Los poemas cantarines (1974)
Cantares de América latina y el Caribe (1976)
El escarabajo Miguel y las hormigas locas - en colaboración con Marinieves Díaz- (1988)
Los chichiricú del charco de la jícara (1988)
Los alegres cantares de Piquiturquino (1988)
Los pequeños poemas del abuelo Cantarín (1988)
Las increíbles andanzas de Chirri (1989)
La obra literaria de Julia Calzadilla sobresale por su dominio del idioma, la presencia de la ternura y el acento amoroso de sus poemas y relatos. Tanto en su poesía como en su prosa, se empeña en rescatar valores genuinos de la cultura, el folclor cubano y del continente y de la tradición oral.
Es una de las figuras más destacadas de la literatura para niños y jóvenes. Sus libros Cantares de América latina y el Caribe y Los chichiricú del charco de la jícara, le valieron sendos premios Casa de las Américas, mientras que Los poemas cantarines y El escarabajo Miguel …merecieron premios de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
En Los chichiricú … la autora articula los 25 relatos que lo conforman en la leyenda cuajada de humor y alegría de los jigües o güijes-míticos pobladores de ríos, arroyos y charcos- dueños del misterio y la gracia. Y es que Julia Calzadilla sabe hurgar en la mitología afrocubana y trasladar a sus textos el corpus mágico de una literatura oral.
Por encima de lo fabuloso y lo anecdótico, interesa a esta escritora dar el hecho poético, el juego, la exaltación de la fantasía, el rescate, la recopilación y el enriquecimiento del folclor. Quiere divertir y agudizar la sensibilidad de sus jóvenes lectores, y su perspicacia, y eso la lleva a incursionar en el policial infantil con Las increíbles andanzas de Chirri. Sus libros resultan atractivos para niños y jóvenes de cualquier latitud.
Su título más reciente es Casuarino y el libro mágico de los chacaneques. se ubica en una geografía imaginaria, pero transparentemente latinoamericana y trata acerca de la extinción de una civilización autóctona ante el enfrentamiento con unos visitantes inesperados e indeseables. Es una novela de aventuras.
También para niños y jóvenes escribió ¿Ruidos extraños?, dedicado al caballo Rocinante, de quien ningún autor o cineasta habla jamás y Por si las moscas, sobre el Popol Vuh y la civilización maya.
Para adultos Julia Calzadilla ha escrito recientemente La Gran Rueda: una lectura decodificatoria de la espiritualidad en los MISTERIOS del Antiguo Egipto, una extensa y muy seria investigación sobre los ritos de esta civilización; La música en las venas, sobre el Trío de las hermanas Lago, y el libro de poesía para adultos Cáscara de Nuez.

 

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