La estrella que ilumina y mata. El Martí místico.

 

Muchas interpretaciones se han hecho a lo largo de los últimos decenios sobre la obra del Apóstol de los cubanos, pero escasas aquellas que revelan planos tan ocultos en su pensamiento como su conocimiento del espíritu. Desde la más adelantada juventud, luego de sufrir el presidio por sus ideas revolucionarias a los dieciséis años, se mostró conocedor de las más sublimes y ocultas leyes universales, como la Ley de Causa y Efecto y la Ley de Reencarnación:

 

Yo suelo no acordarme de mi daño, más que cuando los demás suelen sufrir por mí. Pero cuando yo sufro y no mitiga mi dolor, el placer de consolar el sufrimiento ajeno, me parece que en mundos anteriores he cometido una gran falta, que mi merecida peregrinación por el espacio me la ha traído a venir a purgar aquí, y es más desgarradora mi pena al pensar en el dolor y el sufrimiento que les espera a estos hombres que le están causando el mal a otros a sabiendas. [1]

 

A cada acción se opone una reacción que compensa el efecto de la primera, ley física que los hindúes denominaban Karma, y que actúa también en el hombre como parte integrante del Universo. Conocía el Maestro que algunos errores cometidos por él en otras vidas eran consecuencia de los sufrimientos a los que en esta había sido sometido, y es que a veces la respuesta a una acción puede retardarse tanto que alcanza planos superiores, dígase muchos años  –incluso vidas. Asimismo, la continuidad de la existencia después de la muerte, que “es vía y no término” [2] , supone en su criterio ante-vidas y post-vidas como conocimiento brotado de su intuición, como facultad que lo revela como un espíritu poseedor de un altísimo grado de evolución. Para alcanzar esta perfección el hombre tiene la oportunidad de elegir su camino: “(…) es el arquitecto de su propio destino.”, que puede ejercer lo que llamamos libre albedrío; elegir una vida fácil, para el lucro y contento personal (toda tendencia egolátrica), o brindarse en sacrificio por el bien de los demás: “(...) no se empieza a poseer la vida hasta que no vaciamos sin reparo y sin tasa, en bien de los demás, la nuestra.” [3]

Y cuando en una vida el hombre no es capaz de practicar el amor a toda la Naturaleza que le rodea, y su acción va en contra de ella, las leyes naturales de compensación actuarán, tarde o temprano, en el transcurso de una u otra vida para restaurar el equilibrio que fue entonces violentado.  Todo esto nos enseña Martí en “El Presidio Político en Cuba”, sin dudas una muestra de la conciencia universal que iba ya formándose en él como conocedor de estas enseñanzas esotéricas.

En este mismo artículo, al dirigirse al pueblo español, habla sobre su Dios, a pesar de que Martí no practicaba religión alguna:

 

      Si existiera el Dios providente,  lo hubiera visto, con una mano se habría cubierto el rostro, y con la otra habría hecho rodar al abismo aquella negación de Dios.

Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno. (…)

Dios existe, y si me hacéis alejar de aquí sin arrancar de vosotros la cobarde, la malaventurada indiferencia, dejadme que os desprecie, ya que yo no puedo odiar a nadie; dejadme que os compadezca en nombre de mi Dios.

Ni os odiaré, ni os maldeciré.

Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mí mismo.

Si mi Dios maldijera, yo negaría por ello a mi Dios. [4]

 

     ¿Cómo lo entendemos entonces? Es obvio que un espíritu tan evolucionado no podría someterse a ningún dogma religioso que estuviese en contra de su razonamiento: “(...) no hay rito mejor de religión que el libre uso de la razón humana (...)” [5] .

 

     Otro texto cargado de esoterismo es, por supuesto, “Homagno” ¿Qué lectura podríamos hacer?

 

Homagno sin ventura

La hirsuta y retostada cabellera

Con sus pálidas manos se mesaba.

“Máscara soy, mentira soy, decía;

Estas carnes y formas, estas barbas

Y rostro, estas memorias de la bestia,

Que como silla a lomo de caballo

Sobre el alma oprimida echan y ajustan,

Por el rayo de luz que el alma mía

En la sombra entrevé,-¡no son Homagno!

 

Mis ojos sólo, los miro caros ojos,

Que me revelan mi disfraz, son míos.

Queman, me queman, nunca duermen, oran,

Y en mi rostro los siento y en el cielo,

Y le cuentan de mí, y a mí de él cuentan.

¿Por qué, por qué, para cargar en ellos

Un grano ruin de alpiste mal trojado

Talló el Creador mis colosales hombros?

Ando, pregunto, ruinas y cimientos

Vuelco y sacudo; a sorbos delirantes

En la Creación, la madre de mil pechos,

Las fuentes todas de la vida aspiro.

 

Con demencia amorosa su invisible

Cabeza con las secas manos mías

Acaricio y destrenzo; por la tierra

Me tiendo compungido, y los confusos

Pies, con mi llanto baño y con mis besos,

Y en medio de la noche, palpitante,

Con mis voraces ojos en el cráneo

Y en sus órbitas anchas encendidos,

Trémulo, en mí plegado, hambriento espero

Por si al próximo sol respuestas vienen.

Y a cada nueva luz, de igual enjuto

Modo y ruin, la vida me aparece,

Como gota de leche que en cansado

Pezón, al terco ordeño, titubea,

Como carga de hormiga, como taza

De agua añeja en la jaula de un jilguero.”

¡De mordidas y rotas, ramos de uvas

Estrujadas y negras, las ardientes

Manos del triste Homagno parecían! 

Y la tierra en silencio, y una hermosa

Voz de mi corazón, me contestaron. [6]

 

Aquí enfatiza que la visión corpórea de nosotros mismos no es más que una mentira. La carne y las memorias de nuestra naturaleza animal no son el Ser espiritual que ha cumplido la Gran Obra de la vida, el que ha logrado la disolución de los residuos impuros presentes en su ego. Este hombre superior, solar, sólo se entrevé en sus ojos, donde se asoma su alma. Nos dice claramente que incluso aquello que llevamos encima de nuestros hombros es basura ante toda la creación de la cual somos parte y que revela nuestra naturaleza divina: “Hay un Dios: el hombre; -hay una fuerza divina: todo.”[7]Durante su vida, el hombre se hace preguntas que son o no respondidas; a Martí, empero, les fueron contestadas.

¡Qué clarividencia y conocimiento de las leyes de la vida nos profesa en “Pollice Verso”! No es casual que hoy continuemos diciendo asombrados que su pensamiento está presente en nuestro tiempo. Una vez más nos recuerda el presidio: cierto es que el sufrimiento es la expiación de nuestras deudas kármicas contraídas en vidas anteriores y que van a parar a otras en el futuro.

 

(Memoria de presidio)

 

 ¡Sí! ¡yo también, desnuda la cabeza

De tocado y cabellos, y al tobillo

Una cadena lurda, heme arrastrado

Entre un montón de sierpes, que revueltas

Sobre sus vicios negros, parecían

Esos gusanos de pesado vientre

Y ojos viscosos, que en hedionda cuba

De pardo lodo lentos se revuelcan!

Y yo pasé, sereno entre los viles,

Cual si en mis manos, como en ruego juntas,

Las anchas alas púdicas, abriese

Una paloma blanca. Y aún me aterro

De ver con el recuerdo lo que he visto

Una vez con mis ojos. Y espantado,

¡Póngome en pie, cual a emprender la fuga!

¡Recuerdos hay que queman la memoria!

¡Zarzal es la memoria; mas la mía

Es un cesto de llamas! A su lumbre

El porvenir de mi nación preveo.

Y lloro. Hay leyes en la mente, leyes

Cual las del río, el mar, la piedra, el astro.

Ásperas y fatales: ese almendro

Que con su rama oscura en flor sombrea

Mi alta ventana, viene de semilla

De almendro; y ese rico globo de oro

De dulce y perfumoso jugo lleno

Que en blanca fuente una niñuela cara,

Flor del destierro, cándida me brinda,

Naranja es, y vino de naranjo.

Y el suelo triste en que se siembran lágrimas,

Dará árbol de lágrimas. La culpa

Es madre del castigo. No es la vida

Copa de mago que el capricho torna

En hiel para los míseros, y en férvido

Tokay para el feliz. La vida es grave.

Y hasta el pomo ruin la daga hundida,

AI flojo gladiador clava en la arena. (...) [8]

Martí prevé un futuro para la nación cubana, y llora. Llora porque sabe que todas las crueldades cometidas por nuestros antepasados españoles durante la sangrienta matanza aborigen en la colonización, la trata negrera y la esclavitud y luego la represión  contra los cubanos que luchaban por la libertad, serían presa de la ley de Acción y Reacción, lo que conllevaría páginas dolorosas en la historia futura: “Pagaremos con sangre y luto, la riqueza inmerecida de nuestros abuelos.” Nos habla directamente de la existencia de ciertas leyes que rigen la mente, y que son las mismas que rigen la naturaleza: estas son las leyes del Karma y del Amor. Somos lo que sembramos, en efecto: “¡La generosidad da buen dividendo!”[9], y no es la vida el paraíso utópico del Génesis, sino más bien la arena del circo romano. Sólo así, comprendiendo estas leyes naturales “A través de las pruebas y experiencias de la existencia el alma aprende y crece.”

    

     Recuerdo que en muchas ocasiones traté de entender el poema “Yugo y Estrella”  sin lograr jamás obtener una lectura apropiada. Ahora, con el conocimiento de estas leyes universales que nos descubrió el Maestro, he podido al fin comprenderlo:

 

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:

“Flor de mi seno, Homagno generoso,

De mí y de la Creación suma y reflejo,

Pez que en ave y corcel y hombre se torna,

Mira estas dos, que con dolor te brindo,

Insignias de la vida: ve y escoge.

Este, es un yugo: quien lo acepta, goza.

Hace de manso buey, y como presta

Servicio a los señores, duerme en paja

Caliente, y tiene rica y ancha avena.

Esta, oh misterio que de mí naciste

Cual la cumbre nació de la montaña,

Esta, que alumbra y mata, es una estrella.

Como que riega luz, los pecadores

Huyen de quien la lleva, y en la vida,

Cual un monstruo de crímenes cargado,

Todo el que lleva luz se queda solo.

Pero el hombre que al buey sin pena imita,

Buey torna a ser, y en apagado bruto

La escala universal de nuevo empieza.

El que la estrella sin temor se ciñe,

Como que crea, icrece!

iCuando al mundo

De su copa el licor vació ya el vivo;

Cuando, para manjar de la sangrienta

Fiesta humana, sacó contento y grave

Su propio corazón; cuando a los vientos

De Norte y Sur virtió su voz sagrada,

La estrella como un manto, en luz lo envuelve,

Se enciende, como a fiesta, el aire claro,

Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,

Se oye que un paso más sube en la sombra:”

- Dame el yugo, oh mi madre, de manera

Que puesto en él de pie, luzca en mi frente

Mejor la estrella que ilumina y mata.

 

El principio de evolución, no sólo de las especies a través de la historia natural (filogénesis) sino también del espíritu, desde las etapas más primitivas y bestiales hasta las más avanzados, está claramente expuesto al decir: “(…) Pez que en ave y corcel y hombre se torna, (…)”. La capacidad humana de tener libre albedrío, dígase el poder de elegir a su antojo entre lo vano y lo trascendente, se observa aquí en la proposición materna. Aquel que escoge el yugo, símbolo de riqueza y bienaventuranza, se vuelve esclavo de su ego y al final de su paso por la tierra no evoluciona; al contrario, retrocede en esta escala universal. El que acepta la estrella, al sacrificarse en beneficio de los demás, logra la iluminación del espíritu, que se alcanza con la muerte: “La muerte con claridad sobrenatural ilumina la vida.”[10]Esta  es símbolo de la aniquilación de los “yoes” bestiales o agregados psicológicos indeseables del ser humano como medio de alcanzar la autorrealización, la evolución hacia planos superiores del espíritu. 

 

Por doquier nos sorprende el Martí Místico, y negarlo sería “Negar lo espiritual, que duele y luce, que guía y consuela, que sana y mata, (...) o que no conmueve a un padre la gloria de un hijo.”[11]No caben dudas de su conocimiento de las sublimes leyes universales de la naturaleza y el espíritu; y como que se dio en sacrificio por su patria, triunfó en la Gran Obra de la vida, elevado como un rayo de luz por la estrella que ilumina y mata.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                      Ivan Rodríguez López.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] El Presidio Político en Cuba. Obras Completas. Vol. 1. Pág. 69.  Martí tenía solamente dieciocho años.

[2] Prólogo al “Poema del Niágara” de J. A. Pérez Bonalde. Nueva York 1882. Obras Completas. Vol. 7. Pág. 236.

[3] Nuestra América. Obras Completas. Vol. 8. Pág. 153.

[4] El Presidio Político en Cuba. Obras Completas. Vol. 1. Pág. 45.

[5] Escenas Norteamericanas 1883. Obras Completas. Vol. 9. Pág. 337.

[6] Homagno. Obras Completas. . Vol. 16. Pág. 159.

[7] Nuestra América. Obras Completas. Vol. 6. Pág. 226.

[8] Pollice Verso. Obras Completas. Vol. 16. Pág. 135.

[9] Hombres. Obras Completas. Vol. 4. Pág. 478.

[10] Hora Suprema. Patria. Obras Completas. Vol. 2. Pág. 251.

[11] El Partido Liberal, 1887. Escenas Norteamericanas. Obras Completas. Vol. 11. Pág. 277.

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