EL ENIGMA DE LA MOMIA SIN ROSTRO

Extracto del artículo de la revista La Aventura de la Historia

 

FINAL DE AMARNA

El faraón Ua-en-Ra, Aj-en-Atón, llamado El Hereje, había finalizado su atormentada vida en medio de una gran conmoción política, que empañaría los últimos años de la gloriosa dinastía XVIII.

Después de la clamorosa desaparición del Hereje, su mundo –establecido en la corte que fundó en Tell el Amarna- se desplomó, sepultando bajo sus escombros a todos los personajes que habían protagonizado aquellos angustiosos tiempos.

Muy poco antes de la muerte de Aj-en-Atón, parece que un hermano suyo, llamado Se-Menej-Ka-Ra, fue sentado en el trono junto al herético en una forzada corregencia. Al mismo tiempo, o muy poco después, la reina Meryt-Aton, que muchos identifican como hija de Aj-en-Atón, subió al trono en compañía del citado Se-Menej-Ka-Ra y cuando este murió, siguió reinando en solitario.

Todo este barullo familiar tomó su orden y apariencia regulares con la subida al trono de otro probable hijo de Amenhotep III (Amenofis III), el rey niño Tut-aj-amón (Tutankhamon) quien se casó con la hija de Aj-en-Atón, Anj-es-en-Amón.

Impuesto el orden en todo el país, se impuso barrer las escorias del gran incendio amárnico y recoger los restos dispersos del naufragio familiar e histórico que acababa de concluir.

Se decidió que había que sacar los cuerpos enterrados en la Tumba Real del Amarna y transportarlos a la ciudad de Tebas, para que reposaran en la necrópolis tradicional de los reyes del Imperio Nuevo.

Se celebraron nuevas exequias y se excavó con urgencia una tumba en el Valle de los Reyes, para cumplir de manera precipitada y con el mínimo e imprescindible decoro, las exigencias de la liquidación del mundo amárnico. En esa tumba fueron enterrados el sarcófago y la momia de la reina Tiy, esposa de Amenotep III, y los cuerpos de Aj-en-Aton y Se-Menej-Ka-Ra. No se plasmaron las pinturas rituales en las paredes, ni ninguna inscripción funeraria y ningún cartucho o nombre sobre la tumba.

El 6 de Enero del año 1.907, Theodor Davis y el arqueólogo Ayrton, descubrieron la entrada de la tumba hoy conocida como la KV 55. Lo primero que encontraron fueron los restos de un muro hecho de mampostería que llevaba los sellos del chacal con los nueve prisioneros. Esto probaba que la tumba había sido abierta y vuelta a cerrar bajo el control de los supervisores de la necrópolis. Una vez franqueado este muro, se hallaron en el interior de la tumba, desprovista de cualquier tipo de pintura o representación. Había objetos dejados de forma descuidada y se apreciaba que la tumba había violada, pero no por saqueadores. Los cartuchos que habían estado insertados en diversas partes de la caja mortuoria, habían sido cuidadosamente extraídos así como los nombre reales que hubieran facilitado alguna pista sobre la identidad del cadáver. El resto del evidente ritual execratorio se completaba a la vista de la supresión de las inscripciones y relieves de algunos de los paneles de la capilla de madera de la reina Tiy, así como la falta de los úreus de los vasos canopos y la sustracción de las figuras-amuleto que habían formado parte de los cuatro ladrillos rituales hallados en la cámara. Evidentemente, se había tratado de una destrucción selectiva.

También se halló un sarcófago de cuya tapa había arrancado el rostro.

En el Museo de Berlín, se han estudiado durante años los restos del sarcófago sin rostro, que fue arrancado como parte de la ceremonia execratoria y ahora se sabe que perteneció a Se-Menej-Ka-Ra. La arqueología ha frustrado 30 siglos después el designio de los sacerdotes de Amóm: la momia de la tumba KV 55 ya tiene identidad. En fechas reciente, con su identidad recuperada, los restos del hermano del Hereje y su sarcófago, acaban de unirse en el Museo del Cairo.

Teresa Bedman y F.J. Martín Valentín

Instituto de Estudios del Antiguo Egipto

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