Las
huellas de Thot en el relato atlante.
Platón, como sabemos, fue sin duda uno de los grandes iniciados en los Misterios del Antiguo Egipto. Al describir la Atlántida en el Critias, así como en el análisis de los 4 elementos fundamentales
[1] (Tierra, Fuego, Aire, Agua) realizado en su otro diálogo Timeo, alude veladamente al tetragrámaton AROT-TORA
desarrollado en el libro La Gran Rueda: Una lectura decodificatoria de la Espiritualidad en los Misterios del Antiguo Egipto
[2] como indicador de las dos partes o mitades del recorrido iniciático, visto en imagen normal y de espejo gracias a la
intercambialidad de las partículas A y T:
“La decodificación de las claves
básicas iniciales sería: 4 ruedas (4 costados) x 2 alas = 8. La Gran Rueda de 8 Rayos que gira incesantemente --el
Tauro, la Tierra, el Sur, indicado por la letra T; Scorpio, el Agua, el Oeste, indicado por la letra O, elemento en el cual triunfa para convertirse en águila; Leo, el Fuego, el Norte, indicado por la letra A; Acuario, el Aire, el hombre, el Este, indicado por la letra R.
(...) De nuevo, el Maestro Serge Raynaud de la Ferrière[3] había brindado la clave:
´TORA: es la Ley de la Evolución (palabra hebrea).
ORAT: es el Lenguaje, el Verbo (del latín oratio).
RATO: es la Realización (del latín ratus, el que se realiza).
ATOR: es Athor o Athys, divinidad iniciática egipcia. [Hathor]
Así tenemos: EL VERBO SE REALIZA POR LA LEY DE ATHOR.”(...)
ROTA: es la Rueda de Devenir.
OTAR: Es Escuchar (del griego otarión, orejita).
TARO: Es el Destino y sus 22 Arcanos.[4]
AROT: es Trabajar (del griego arotos, labor).´[5]
(...) “‘A’ es el Alfa, el Principio; representa el Fuego (Agni, Fuego Interno) y está simbolizado por las Salamandras (Espíritu de este Elemento).
‘R’ es el AUM (palabra sagrada de Mantram), el Aire, elemento que sirve de medio y ayuda a la evolución (el Espíritu de este elemento son las Sílfides).
‘O’ es la Omega, el Fin, representa el Agua y son las Ondinas las que vienen a caracterizar este elemento líquido.
‘T’ es el Tau, el resultado, representado por el elemento sólido, la Tierra, cuyos Espíritus protectores son los gnomos.
Si el proceso se inicia en A (aquí el Principio[6]), se “Nacería” en R (Levante, Punt); se transitaría por el Gran Camino Este-Oeste durante las llamadas “12 horas del Duat”; se “Moriría” en O (Poniente, Amenti), y se continuaría hacia T (el Sur, el Resultado de la “Muerte mística” ocurrida antes). De este modo, vemos por qué el esoterismo considera a O, zona del “Morir en sí mismo” como la “Omega” o “Fin del trabajo” que debe realizarse en esta etapa, cuyo objetivo es ese, la “Muerte psicológica”(...).
Por su parte, el signo TORA indicaría la “Subida” (del Sur al Norte), por cuanto, en
A
de T (Sur, aquí Raíz, Alpha, Aleph) se pasaría a O (Poniente), región que ahora indica la “Vida después de la Muerte”; de ahí, por el Gran Camino Oeste-Este, se llegaría a R, ahora región del “Renacer”(Levante) y después se “subiría” a A, (la luz, el fuego, el fin, Omega, Tau), punto de partida inicial de la primera etapa iniciática, AROT. En este caso, la llegada a Punt (Este), desde el Amenti (Oeste), se realizaría por la “vía del agua”, indicando que se ha “cerrado el Tches” en la primera mitad del proceso de la Gran Obra, con las correspondientes “permutaciones” o “giros” de la Rueda.
Así, considerando que hasta la autorrealización del adepto éste hace múltiples intentos de “bajar y subir a la novena esfera”, la Rueda tiene, en ambos sentidos, movimientos hacia los lados, hacia delante y hacia detrás: al “girar”, pues, hay al mismo tiempo 4 “rayos” (elementos) que “suben” y otros 4 que “bajan”, sin olvidar que se trata de 8 permutaciones con 4 elementos “dobles” como serían T y A (32+32=64).
Cada una de estas letras simboliza un elemento[7] y puede, pues, relacionarse a un signo del Zodíaco, a las series del Taro, a una personificación de la Esfinge, y el todo a su vez guarda relación con otras palabras sagradas en paralelismo con el enigmático axioma: Saber-Querer-Osar-Callar...”[8], cuya representación gráfica, aplicando la variante A/T, es la “permutación” RATO/OTAR del trazado básico de la runa de la victoria, precisamente la runa del tejo que aludiría a la Gran Pirámide:
QUERER (A/T) (Toro)
(R)(hombre) (Escorpión/Aguila)
OSAR (T/A) (León)[9]”
Estos datos, igualmente, me hicieron reflexionar largos días. Revisé el alfabeto griego y comprobé que la O, como tal, no era “omega”, sino “ómicron”, ya que la “omega” verdadera era la W que representaba a la constelación de Leo, al fuego solar, o sea, a la letra A del tetragrámaton... Se trataba, por tanto, de una interpretación esotérica que debía descifrar sabiendo que el “FIN” a que aludía el Maestro Raynaud de la Ferrière no era de tipo alfabético, sino puramente simbólico: la “finalidad de llegar al “Agua”, en el Oeste, para “Morir psicológicamente” y obtener el triunfo alquímico. Sin embargo, la “ruta” conocida era otra:
Para “bajar” a la “novena esfera” o submundo, el iniciado, primero, debía:
-partir de la T ,la Tierra (cuerpo) – pasar por R, el Aire (aliento vital, para “Nacer”) – pasar por O, el Agua (para “Morir” en el líquido mercurial u otro vital para el hombre, sangre, saliva, etc.) – y llegar a A, el Fuego triunfador --, en posición contraria a la T inicial. Este “recorrido” –que a la inversa se hubiese leído AORT-- tampoco se ajustaba a mi hipótesis, pero al leer TROA, pensé en la legendaria TROYA de la Ilíada –que también debe leerse “entre líneas”—, en la enigmática figura de un Homero apoyado en un cayado y representado ciego como lo estuvo Horus, y al recomponer su nombre leí OMER u OMERO, donde figura la voz MER seguida o abrazada por el Agua (O)... Y cuando completé el recorrido A-O-R-T-A con un cuarto trazo y pensé que a esta “arteria” o “canal sanguíneo” se le llama “cayado” por su forma, obtuve el signo jeroglífico de base, el Tches, “vértebra” o “columna vertebral”. El entusiasmo fue indescriptible:
T
En aquellos momentos ignoraba que la letra/símbolo A (el Fuego, que también debía estar al inicio como “calor kundalínico”), podía intercambiarse con la letra/símbolo T, lo que finalmente conduciría a la solución del intrincado acertijo. Debía, por consiguiente, profundizar en la investigación simbólica del alfabeto griego. En el Nuevo Testamento, El Apocalipsis de San Juan –de elevadísimo contenido esotérico—pone en boca de Jesús la afirmación:
“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” (...)/ “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,/ que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias (...) (Ap.1, 8, 10-11).”[10]
En su diálogo Critias, Platón refiere
que la colina central atlante estaba rodeada por cinco círculos, tres de agua y
dos de tierra. De conformidad con el tetragrámaton AROT-TORA, la lectura
sería O –T – O – T – O –la serpiente que se muerde la cola u
Ouroboros— y, donde, de manera críptica, aparecería insertado el nombre de TOT
abrazado por las aguas al igual que habría ocurrido en el caso de O-MER-O.[11]
Según
la perspectiva austral egipcia, esta sucesión de símbolos tetragramáticos
(O-T), --ahora ya un pentagrámaton--, tendría esta representación gráfica que
apunta hacia el Oeste/derecha, zona de las “aguas” donde el adepto debe
alcanzar la “Muerte Psicológica” o extinción de sus yoes en la primera parte de
la ruta mistérica:
Aplicando
la variante (A/T)m surgirían las siguientes interpretaciones:
a)
variante A (norte) y T (sur):
O
(oeste/derecha) → T (sur)
→ O
(oeste/derecha) → T
(norte[12]) → O (oeste/derecha).
b)
variante T (norte) y A (sur):
O
(oeste/derecha) → T (norte) → O (oeste/derecha) → T (sur[13]) → O (oeste/derecha).
En
ambas lecturas, el recorrido indicado, pues sería esencialmente tomar a la derecha desde el Egipto, hacia el
Mediterráneo occidental y, más allá, aún, hacia el Atlántico e inclusive hasta
la propia América.
Asimismo,
sin aplicar en el interior de cada caso el recurso de intercambiabilidad de
A/T, los trazados serían los siguientes, aunque la reiterada imagen de espejo
se lograría al intercambiar los trazados entre sí. Por tanto, el significado de
agua y fuego es válido en cada variante:
a)
variante A (norte) y T (sur):
O
(oeste/derecha) → T
(sur) → O
(oeste/derecha) → T (sur) → O
(oeste/derecha).
b)
variante A (sur) y T (norte):
O
(oeste/derecha) → T
(norte) → O
(oeste/derecha) → T (norte) → O (oeste/derecha).
Independiente
de este enfoque, digamos, geográfico –o paralelamente a él--, está la
interpretación alegórica, o sea, considerar , por ejemplo, los 4 elementos
fundamentales como constitutivos del cuaternario inferior de la anatomía oculta
del iniciado y decodificar los dos manantiales de agua mencionados por Platón
como, el frío, correspondiente al canal esotérico Ida y, el caliente, al canal
esotérico Pingalá, formando el sagrado 8 a los lados del raquis o canal
kundalínico Sushumna:
“Aquí, Ida: irrigación de la parte derecha (Oeste) del cuerpo; Pingalá o Pingala: la de la parte izquierda (Este). Véase H.P. Blavatsky, Op. cit., pp.272 y 560. Al respecto, el Maestro S. Raynaud de la Ferrière, en su Op. cit., pág. 304, define al “Sushumna: canal central (entre Ida y Pingala, que corresponden a las fuerzas lunar-negativa y solar-positiva). Es la red anímica y sutil que hace vibrar los puntos neurofluídicos (Chakras).” Y en la pág. 438, agrega: “(...) con la ayuda de ejercicios respiratorios, el organismo absorbe las vibraciones solares (por el Nadi-Solar: Pingala) o de la Luna (Nadi-Lunar: Ida), según la necesidad de fuerzas positivas o negativas. Los taoístas hacen lo mismo con el Yang (positivo) y Yinn (negativo). La fosa nasal derecha (Pingala) y la izquierda (Ida) canalizan respectivamente el Prana y el Akasha, los que a su vez hacen vibrar a Sushumna, el conducto en que mora Kundalini (Serpiente Ignea), que es la corriente misteriosa que ilumina los chakras, elevando al individuo hacia las esferas superiores de la Conciencia Universal.”[15]
Asimismo, la numerología permite deshermetizar
aquí el concepto gemelar que simboliza estos dos principios, femenino y
masculino, los opuestos no excluyentes o polaridad no antagónica. Según narra
Platón en el Critias, Clito da a luz 5 pares de gemelos varones (yang)
--para un total de 10, el Gran Arcano
tarótico X, “La Rueda”- y a 4 pares de gemelos también varones, para un total
de 8, el Gran Arcano VIII, “La Justicia” o “Balanza”. En el primer caso, la
cifra de 10 debería haber correspondido a la suma de 5 + 5, indicativas de los
principios masculino y femenino respectivamente. En el segundo, la suma de 8 +
10 da un total de 18, el Gran Arcano “La Luna”, cuya autosuma o suma teosófica
es 1+8= 9, el Gran Arcano “El Sabio”, el que sale triunfante de la novena
esfera inferior, infernal o sexual y alcanza, con ello, la esfera opuesta, la
novena esfera superior, los nueve arcos celestiales. De ese modo, la
alegórica destrucción de la Atlántida –la Gran Obra de Thot-- se habría debido
a la carencia del elemento femenino, “yin”, imprescindible en el concepto de
polaridad.
Las huellas de Thot, en resumen, se percibirían
codificadas en el relato atlante. De seguirlas, algún día sus adeptos podrán
reencontrar la Verdad.
Julia Calzadilla Núñez
Ivan Rodríguez López
[1] Emblematizados en la Gran Esfinge de Giza.
[2] Julia Calzadilla Núñez. Obra inédita, en proceso de edición, diciembre 2005. Publicada en modo de resumen en diversas listas y revistas digitales.
[3] Los Grandes Mensajes (I-IV). Ediciones de la Gran Fraternidad Universal. Fundación Dr. Serge Raynaud de la Ferrière, Caracas, 1993.
[4] Zain, C.C.
explica la composición del vocablo egipcio TARO: TAR (sendero, vía) y RO
(Real). The Sacred Tarot, The Church of Light, Vol. 4, Los Angeles, 1969, pág. 52.
[5] Raynaud de la Ferrière,
Serge., Op. cit., pp.318-320.
[6] (...) El objetivo esencial
del “descenso” lo constituye el “Morir en sí mismo” en el Oeste y, del ascenso,
el “Renacer” en el Este.
[7] Giuseppe Balsamo, el
enigmático y polémico “Conde Cagliostro”, llegó a ser en el siglo XVIII Gran
Maestre de la francmasonería francesa, cuyo “Rito Egipcio” fundó en 1785. “El
Consejo Supremo del Rito estaría fundado por tres grandes personajes de la
sociedad francesa de su tiempo y los nobles hacían literalmente cola para
iniciarse en sus logias. Las mujeres recibían de Lorenza, devenida Gran
Sacerdotisa y Reina de Saba, su aliento en la frente mientras decía: ‘Te
concedo este soplo para que germine y viva en tu corazón el espíritu de la
verdad con los nombres de Helios, Mene, Tetragrammaton’. Las iniciadas en el
rito egipcio recibían el nombre de ‘sibilas’”. (En: Revista “Año Cero”, Op. cit., pp. 62-63.) Esta cita se reproduce
porque, independientemente del carácter de “misa negra” que tenían dichos
ritos, Cagliostro demostró –con la fórmula pronunciada por la Gran
Sacerdotisa—conocer las siguientes claves de los Misterios egipcios: v.g.
Helios (el sol entre los griegos), Menes (nombre egipcio de la mente) y
“Tetragrammaton” (las cuatro letras de la Rueda que han sido objeto de análisis
en estas hojas). Sin embargo, no dejó nada escrito al respecto, y el final de
sus días es nebuloso (¿Lejano Oriente? ¿Rusia?).
[8] Raynaud de la Ferrière, S.,
Op. cit., pág. 318.
[9] Dicho tetragrámaton,
iniciado en La Gran Rueda... en el Este con la letra R, exige la
aplicación de la variante A/T (Norte/Sur). Esta solución planteada en mi
hipótesis permite la lectura adecuada: R (Este) A (Sur) T (Norte) y O (Oeste)= RATO. De otro modo, su lectura carecería
de sentido: RTAO.
[10] La Gran Rueda.... Op. Cit.
[11] En el Timeo, Platón explica en detalle la ubicación de estos cuatro elementos, diciendo que el AIRE (R) y el AGUA (O) se encuentran entre la TIERRA (T) y el FUEGO (A), tal como se observa en el tetragrámaton.
[12] Intercambiable con A.
[13] Intercambiable con A.
[14] Juan de la Torre Suárez, Programa de Jeroglíficos Amanuense 3.0, utilizado a lo largo de este artículo.