Toro que irradias, yérguete!

Más cálido que nunca, más volcánico, toro,
que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.
Miguel Hernández

¿Por qué muleta en el ruedo?
¿Por qué se tiñe la arena?
¡Hay tanto rojo en el viento!
¡Y tanto rojo envenena!

¿Por qué tantas puyas, picas,
clavadas como saetas
en un lomo hecho ceniza
que se deshace en la fiesta?

¿¡Fiesta dicen?! ¡Es venganza
del hombre turbio que acecha
para arrojarle sus dardos
al animal que se acerca!

¡Inocente de esa capa,
tan colorada que ciega!

Pobre bestia, majestuosa,
y sagrada en otras eras,
como símbolo de gloria
de energía y de firmeza.

Emblema de poderío, de valor y realeza,
allá por el viejo Egipto, allá por la vieja Creta.

Pobre toro desangrado,
te están cobrando las cuentas
de la frustración del hombre
despeñado en las cunetas.

No hay ¡Oles!, no hay pasodobles,
no hay brindis en las tabernas,
que en el establo no hay flores
y sí las hay, van a tientas.

Que hay carmesí por las calles,
de capotes y de arterias,
¡tanta grana en todas partes
tan colorada que ciega!

¡Detengan ya la masacre!
¡Que el circo cierre sus puertas,
que la corrida se acabe
y la plaza se convierta
en un vergel de alegría
sin banderillas que muerdan
mientras el público todo
baña de ¡Oles! la arena.

Julia Calzadilla, 2008

 

 

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