LAS MATAS CALLANDO

Nunca me cansaré de reconocer la sabiduría intrínseca existente en el refranero popular español.

A veces, el hecho de acudir a nuestra mente una frase o un refrán determinado, por muy simple que parezca, suele entrañar las mayores verdades, fruto de la sabiduría popular que busca la forma de expresarlo con sencillez.

Así, cuando me viene a la mente el refrán popular: "Las matas callando", no puedo sino sonreír, al analizar con detenimiento todo el mensaje que esta frase conlleva.

Cuando alguien arremete contra otra persona, ya sea agrediéndole físicamente, psíquicamente o de las mil maneras que la mente maquiavélica humana es capaz de utilizar, si lo hace de manera sutil, en silencio, o sin que se produzca de manera estridente, la agresión, parece no ser tal, dándose incluso la paradoja de que, si el agredido, causa alboroto, grita o se queja de forma airada, debido precisamente al dolor sufrido, que el agresor le ha causado, ésta persona agredida (de las mil maneras posibles), pasa de ser el agredido, a aparecer como el agresor.

Esta situación que puede parecer una contradicción, pero que en realidad no es tal, ya que, nuestra actual sociedad "civilizada", encuentra mucho más molesto los gritos de dolor, las quejas insufribles o los alborotos emocionales que puedan mostrar los agredidos, que las agresiones que puedan cometer "las personas educadas y civilizadas", ya que, éstas últimas, lejos de molestar a la sociedad, se limitan a "matarlas callando", por lo que la molestia social apenas es perceptible y sí en cambio, resulta incluso grotesco ver u oír a alguien quejarse de cómo es tratado, aunque ese "trato", en realidad, se trate de una agresión encubierta, cuando no lo es directamente.

Así pues, me queda la duda de si el agredido debe quejarse cuando siente el dolor, ya sea físico, psíquico y emocional, o por el contrario, para aparecer ante la sociedad como un miembro civilizado más, debe aguantar "lo que le echen". Porque, a poco que nos detengamos a observar esta última cuestión, veremos con pasmosidad, como efectivamente, el que resulta molesto para la sociedad es aquél que grita y que se queja y por tanto, molesta y contamina con sus palabras soeces los impolutos oídos de la "sociedad civilizada".

Veamos un hipotético ejemplo:

- ¿Por qué gritas hombre…?
- Es que me han clavado una puñalada trapera por la espalda…
- Pero no tienes que gritar… ¿No ves que molestas a los vecinos?
- Es que me duele…
- Pues dilo en voz baja… pero no des el espectáculo.
- ¡Ay!... no puedo callarme… no puedo aguantar el dolor…
- Pero no seas terco ¡hombre!, ¿no ves que si gritas se van a enterar todos los vecinos de lo que ocurre y a nadie le importa?
- Pues que dejen de darme puñaladas traperas……así no me dolerá y no tendré motivos para gritar…
- ¿Pero no te das cuenta que eso es casi imposible..? A todos nos dan puñaladas traperas… y no nos quejamos como lo haces tú.
- ¿Entonces tengo que aguantarme y callarme…, aunque el dolor me esté matando?
- ¡Va!… no seas exagerado… Además, quién dice que no puedas hablar, lo que te digo, es que lo hagas con educación. Es decir, sin gritar ni llamar la atención, porque sino, resultas molesto. ¿Lo entiendes ahora?
- Sí, creo que ya empiezo a entenderlo… se trata de "matarlas callando".

Y ahora, estimado lector, permítame que le haga una última pregunta:
¿Y Ud., también las mata callando?

Cordialmente,


José Luis Giménez
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