APADRINA A UN POLÍTICO

 

Si ponemos la palabra “apadrinar” en el buscador de Google, nos aparece la astronómica cifra de a proximadamente 1.390.000 resultados (0,10 segundos). Y ante tal cantidad de información, donde aparecen cientos, sino miles de organizaciones, ya sean no gubernamentales o de otra índole, uno se pregunta cómo es posible que sigan existiendo tal cantidad de niños desamparados, puesto que el 99% de dichas ONG y similares están dedicadas al apadrinamiento de niños de casi todas las partes del mundo (incluyendo países casi desconocidos).

 

La oferta suele ser variopinta, y va desde la manutención del niño, a la educación, y a asegurarle un futuro…(¿?) algo que ni siquiera podemos tener seguro en los llamados países de primer orden.

 

No voy a exponer los diferentes eslóganes utilizados por las organizaciones comentadas, pues, como ya he dicho, son cientos, sino miles de ofertas, a cual más variopinta, donde la competición por conseguir la mayor cantidad de “padrinos” hace que la mente más ingenua se pregunte el porqué de tanta competición entre dichas organizaciones, si el objetivo común es conseguir el bienestar de esos pobres niños desvalidos. Y yo me pregunto: ¿No sería más efectivo unir esfuerzos y evitar las diferencias y divisiones entre todas estas organizaciones? Dice la máxima: “La unión hace la fuerza” o al revés: “Divide y vencerás”. Entonces… ¿de qué se trata, de ayudar a los niños o de conseguir el mayor número posible de “padrinos”?

 

Pero bueno, dejemos ahora el apadrinamiento de los niños a un lado. Como ya se ha dicho, el 99 % de las organizaciones de apadrinamiento son para niños, y dentro del resto, es decir, del 1% entrarían las organizaciones encargadas del apadrinamiento de diferentes animales o espacios naturales.

 

Lo que me ha llamado la atención es que, a pesar de que hay cientos de miles o incluso millones de personas con las necesidades básicas no cubiertas, entre las que se encuentran los ancianos, a ninguna organización se le ha ocurrido pedir apadrinamiento para los ancianos. Vamos, es como si ellos ya han vivido lo suficiente y no se merecen ser atendidos por la sociedad, ni siquiera para sobrellevar un final de vida digna. O es que quizás en este caso la sensibilidad no es la misma y no es “negocio”. ¿Quién va a invertir en alguien que está en el ocaso de su vida? Eso no es negocio.

 

Y claro, uno acaba por preguntarse si el hecho de apadrinar está más relacionado con el negocio obtenido con los apadrinamientos, que con la idea de ayudar a estos pobres niños necesitados (que lo están).

 

Pero es que lo de apadrinar está muy bien, pues es una manera de ayudar al prójimo, pues toda persona tiene la obligación moral de ayudar a sus semejantes e incluso a los que no lo son (como puedan ser lo animales u otros seres vivos), pero no debe ser usado este sistema como una manera de tranquilizar la consciencia, pues no solo de pan vive el hombre.

 

En realidad, no debería ser necesario apadrinar a nadie. Pues nuestra obligación moral como seres humanos es la de compartir todos los recursos entre todos los habitantes del planeta. Si el Ser Humano quiere evolucionar realmente hacia un ser espiritual, no puede seguir comportándose como un animal predador, donde es víctima y verdugo de su propia especie.

 

La vida es muy corta, pero puede ser muy intensa y maravillosa si entre todos compartimos todos los recursos que tenemos a nuestro alcance.

 

Se hacen guerras entre países que tienen algo que otros quieren y no poseen, como el petróleo o minerales escasos en la Naturaleza , pero se permite que hayan gobiernos déspotas, corruptos, violadores de los derechos humanos e insolidarios con sus propios conciudadanos.

 

Se dictan leyes que en apariencia promueven el bienestar y la justicia, pero que no se cumplen. Se promete aquello que el pueblo necesita para sobrellevar una vida digna, hasta conseguir el cargo político, pero luego se incumple descaradamente una vez se está sentado en la poltrona. Y lo que es peor, es una práctica tan extendida entre todos los políticos, que el pueblo ya lo ha aceptado como un mal menor.

 

Llegados a este punto, cabe preguntarse si, tras comprobar como a la gran mayoría de ancianos, a los que se les deja de la mano de Dios, con más o menos 300 euros al mes para su manutención y gastos de la vivienda, no sería también necesario implantar el apadrinamiento de ancianos, puesto que los respectivos gobiernos no están por la labor de cuidar de quienes antes lo dieron todo por sus hijos.

 

Qué decir de los “recortes sociales”… ¡es increíble! ¡Como si por ley la persona dejase de tener necesidades básicas! Ya no es necesario realizar una operación quirúrgica o ser atendido de urgencias… a menos que seas un destacado político, o personaje relevante, en cuyo caso, dichas medidas quedan sin efecto.

 

La Sanidad se ha convertido en negocio. Los derechos humanos y el bienestar social (derechos sociales inalienables) han pasado a formar parte de una leyenda del pasado, por obra y gracia de la clase política. Es preferible dejar de atender en un hospital a un enfermo, que un edil político deje de tener chófer y vehículo oficial. Al final todo empieza a hacerse cada vez más claro: ¡Hay que hacer más negocio! Si la Sanidad pública no existe o está bajo mínimos, el público tendrá que contratar servicios sanitarios privados.

 

Claro que siempre queda la esperanza de que el pueblo diga ¡basta!, y sea éste el que acabe por recortar los excesos de los políticos, por lo que cabría la posibilidad de que éstos pudiesen desaparecer como especie y, en ese caso, igual al poner en el buscador de Google la palabra APADRINAMIENTO, saliese la mayoría como “APADRINA A UN POLÍTICO”.

 

 

José Luis Giménez

www.jlgimenez.es