Osama Bin Laden, la clave.

 

Desde el fatídico 11 de septiembre del 2001, el mundo entero ha entrado en una espiral de acontecimientos trascendentales, encaminados a transformar la consciencia humana, la situación política de los países, los sistemas de gobierno, las leyes y, en definitiva, todo aquello que está relacionado y que afecta a las libertades y a los derechos humanos. En conclusión, estamos asistiendo al parto de una Nueva Era o Nuevo Orden Mundial, donde la dictadura de unos pocos, considerados así mismos privilegiados, élite de la humanidad y dueños del mundo, se convertirá en la nueva guía de la raza humana.

 

Y no es que el ser humano necesite de este tipo de “guía”, leyes o normas, para saber vivir en sociedad, sino que desde que empieza ha desarrollar su capacidad de razonar, ya en la escuela, es sistemáticamente alienado mentalmente con toda una serie de ideas, doctrinas y tradiciones absurdas, vacías de contenido espiritual (el que viene del espíritu), encaminada a convertir a ese nuevo ser en una especie de animal de granja, de borrego o de cerdo, del que obtener todo el beneficio posible. Y así nos va.

 

Es evidente, y no hace falta ser un psicólogo de la talla de Carl Jung, para darnos cuenta de que toda la vida del ser humano urbano, está manipulada y condicionada por los llamados poderes de facto. Sólo así es posible controlar a una masa ingente de habitantes en el planeta (actualmente se calculan en más de 7.000.000.000, siete mil millones de almas) de los que obtener todo lo necesario para que dicha élite siga reinando en un planeta de “zombies”.

 

Es por ello que no resulta muy complicado pensar que la inmensa mayoría de estas personas que han sido manipuladas desde su más tierna infancia con programas “educadores”, parezcan enfermos mentales, donde toda su inquietud existencial se reduzca a los partidos de fútbol, los toros, los shows televisivos, la “supuesta” libertad para criticar al corrupto y mediocre político de turno (en definitiva, un simple muñeco de paja al servicio de los poderes fácticos) o asistir “hipnotizado” a las diferentes religiones dogmáticas que simplifican las respuestas que busca el ser humano, evitando que éste tenga que pensar por sí mismo, al unificar todas ellas en un dogma de fe. ¡Chapeau! Hay que reconocer que estos individuos de la élite lo han sabido hacer muy bien, pues les ha durado miles de años.

 

Pero ocurre que su “programa” de manipulación mental o también llamado “gilipollez inducida” tiene fallos. Sí, tiene fallos que no saben como reparar. Y es entonces cuando tienen que echar mano de guerras, confrontaciones, auto-atentados, etc., con el fin de distraer al personal de otras cuestiones de mayor importancia y que pondría en peligro su “superioridad elitista”. Y es aquí donde encajan personajes como el tristemente famoso Osama Bind Laden.

 

No hay que ir muy lejos, bastará desplazarnos en el tiempo a principios de 1982, cuando Argentina le declaró la guerra a Inglaterra por el territorio de las islas Malvinas. La historia fue así:

Dos años antes (en 1980) el sistema económico que seguía la Junta Militar de Argentina llegó al colapso, provocando numerosas tensiones sociales, ya que se llegó a producir una inflación anual de más del 90%, lo que provocó una profunda recesión que repercutió en la interrupción de una gran parte de la actividad económica del país. El empobrecimiento de las clases medias, el brusco aumento de la deuda externa, tanto de las empresas privadas como del propio Estado, la depreciación paulatina y continuada del salario y sus efectos colaterales, hizo que el ciudadano fuese cada vez más pobre.

 

Entonces llegan las acciones a tomar, a fin de que el pueblo no se desmande y pueda seguir siendo controlado, por lo que lo primero que se lleva a cabo es la sustitución del Jefe de la primera Junta Militar, Jorge Rafael Videla, por el general Roberto Viola, quien no es capaz de contener la situación y es sustituido al poco por el general Leopoldo Galtieri. Será Galtieri quien verá en el objetivo de recuperar las islas Malvinas el efecto deseado de desviar la atención de la ciudadanía sobre los problemas que les acuciaban, a la vez que recuperar el crédito que habían perdido entre la sociedad, al despertar en las gentes el sentir patriótico.

 

Pues bien, con U.S.A. está ocurriendo algo muy parecido. Sólo tenemos que repasar los acontecimientos, ver como la “crisis” económica, totalmente ficticia y provocada por la élite de los poderes de facto, está llevando al Gobierno de los EE.UU. ha realizar acciones encaminadas a distraer la atención del ciudadano, y que además les permitan modificar las leyes en beneficio de dicha élite.

 

Es por eso que si Osama Bin Laden estuviese vivo (posiblemente lleva varios años muerto) y pudiese hablar públicamente y demostrar la verdadera autoria de muchos de los atentados cometidos contra la libertad del pueblo, la historia se escribiría de forma muy diferente.

 

No existen pruebas irrefutables por ahora, para poder afirmar este tipo de hipótesis, pero no deja de ser sorprendente la manera torpe y burda en como el Gobierno de los EE.UU. ha llevado el tema de la captura y muerte del “terrorista”. Un individuo de las características de O.B.L. no puede ser tratado con tal “deferencia”, cuando miles de seres humanos han perdido la vida o están gravemente afectados por sus supuestos atentados. No tiene justificación alguna, el que no se muestren las pruebas de su muerte, algo que se hace de forma usual con los criminales ejecutados y que en cambio, parece remover la consciencia de los gobernantes de los EE.UU. Sencillamente incomprensible. Pero es que la cosa no acaba aquí. Cuando vemos que las primeras declaraciones del Gobierno americano son contradichas al día siguiente, cambiando casi por completo la historia original, y así por varias veces… ¿entonces, que es lo que ha ocurrido realmente, para que, quien se supone que posee toda la información de los hechos, se contradiga a sí mismo en repetidas ocasiones? ¿por qué se recupera el cadáver del supuesto O.B.L., y en cambio luego es lanzado al océano para que no sea localizado por nadie?

 

No, esta actitud es muy sospechosa, y desde luego no aporta credibilidad alguna, a parte de que crea mayor desconfianza entre la ciudadanía. ¿Estaremos asistiendo a una nueva táctica de distracción del pueblo para llevar a cabo acciones totalmente reprobables, indignas de ser siquiera mencionadas como hipótesis? Ojalá me equivoque… aunque me temo que la pesadilla no ha hecho más que empezar.

 

 

José Luis Giménez

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