Caer en gracia…

 

Ya me lo decía mi abuela… “más vale caer en gracia, que ser gracioso”. Y… ¡cuánta razón tenía!

Claro que… habrá que preguntarse, qué es lo que esperamos de nosotros mismos, cuando anteponemos los propios deseos y nuestro carácter, a cumplir con las expectativas de los demás.

Vivimos en una sociedad donde la fama o popularidad es sinónimo de éxito; de saber hacer bien las cosas, de estar mejor preparado intelectual, física, o económicamente. Pero la realidad es bien distinta.

El concepto de “popularidad” se ha adulterado, o mejor dicho, ha sido prostituido en aras de un supuesto beneficio personal.

El hecho de ser una persona famosa o popular, no implica poseer talento alguno, ni siquiera haber alcanzado dicha calificación por méritos propios. Hoy día, en esta sociedad mediática, donde impera el hecho de ser una persona “conocida” en los medios, antes que la aportación profesional y personal del individuo a la Sociedad , ha hecho que las verdaderas cualidades por las que deberían valorarse las personas, hayan pasado a un segundo plano.

Es así como podemos observar que, personajes televisivos, que a duras penas saben pronunciar una oración gramatical en su léxico correcto, terminen acaparando la atención nacional, por el mero hecho de haber mantenido relaciones sexuales con algún otro personajillo del mal llamado mundo del corazón. Percibiendo ingentes cantidades de dinero por una aparición en los “platós” de televisión donde, lo más interesante que pueden ofrecer al público, pasa por contar sus miserias o el morbo que despierta en los telespectadores, de esta clase de programas, sus relaciones de alcoba.

De nada o poco vale que se haya cursado una carrera, estudiado varios años, trabajado otros tantos, o investigado media vida sobre un tema, para que dicho esfuerzo sea reconocido. Al parecer, esto no tiene el mismo valor para la sociedad actual, que el que tiene el ver en la televisión a diferentes personajes y personajillos de la farándula, pseudo periodistas, pseudo investigadores y otros títulos de nueva definición, acuñados al efecto. Ahora cualquiera puede ser lo que quiera… lo único importante es que sea una persona “famosa”, no importa el motivo, pues se ha llegado a pagar grandes “cachés” en televisión, por llevar a este tipo de programas a delincuentes sin escrúpulos; lo importante es haber salido en la televisión, y si es en determinados programas, mejor que mejor.

Por lo tanto, no esperemos ver que en el personaje de turno que aparece en los medios, ya sea la televisión, radio o prensa, como el comunicador del momento, el personaje de moda, el investigador del año, el escritor del siglo… y así, diferentes calificativos hasta la saciedad, se va a corresponder su “popularidad” con su capacidad real y preparación para abordar el tema propuesto. No señor, no. Hay que empezar a dejar claro que “quien cae en gracia, no tiene porque ser gracioso”.

Y para constatar lo anteriormente expuesto, basta con hacer un repaso a la cartelera de los diferentes programas de los medios, donde la aparición en los mismos se produce por riguroso orden de “amiguismo”, y donde la calidad y la cualidad profesional brillan por su ausencia.

Y es llegado a este punto cuando, por primera vez en mi vida, no estoy de acuerdo con el contenido del refrán que tantas veces me dijese mi abuela. No todo vale para conseguir alcanzar el objetivo. No si se desea alcanzarlo “limpiamente”; sin adulteración, ni dopaje o manipulación. Por tanto, he preferido seguir siendo gracioso antes que caer en gracia, aunque sean muy pocas las personas que se diviertan conmigo, ya que por lo menos, me queda el consuelo de saber que éstas, sí saben reconocer el valor de las personas por lo que son.

 

© 2012 - José Luis Giménez

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