El ajedrez del mundo.

 

No pocas son las personas que se preguntan qué finalidad tiene la vida en este planeta llamado Tierra. Ni tampoco son pocas, las que desconocen cuál es su función como seres individuales, a pesar de pertenecer a una de las sociedades de seres vivos del planeta con una mayor evolución intelectual y organización social.

Cada individuo de esta sociedad, posee una idea formada al respecto, bien influenciado por las doctrinas impartidas por los poderes fácticos, bien por su propia conclusión. En este abanico de posibilidades, las diferentes y variadas versiones darían para escribir todo un libro, pero no se alarme el lector, no voy a extenderme más de lo estrictamente necesario, sino que intentaré resumir en un juego de ajedrez lo que representa cada individuo en esta macro partida que se desarrolla en nuestro planeta.

Posiblemente Ud. aún no lo sepa… pero ¿qué pensaría si supiese que en realidad, Ud. no es más que una pieza de ajedrez? Una pieza muy especial, cierto, pero una pieza al fin y al cabo que cumple una función determinada.

Todos los que conocen el juego del ajedrez, saben que dicho juego se compone de un tablero cuadrado, en el que están marcadas 64 casillas; 32 blancas y 32 negras. En dicho tablero, se posicionan 16 piezas de color blanco y otras 16 piezas de color negro.

De dichas piezas, en cada color, una será el rey, pieza de mayor importancia en el juego, a la cual habrá que proteger de las fichas contrarias, pues una vez se produzca el “jaque mate”, el rey estará muerto, y con él la partida habrá finalizado.

El resto de piezas del juego tienen una importancia subjetiva, si bien en origen, cada ficha dispone de unas cualidades únicas que le aportarán un mayor o menor valor en la partida, en función de cómo sean utilizadas por el jugador.

Como norma, la pieza en mayor importancia seguida del rey es la reina; pieza que posee las mayores cualidades y posibilidades de acción, siendo un sinónimo de perder la partida cuando la reina es “tomada” por las fichas contrarias. Pero aunque esto suele ser cierto en la mayoría de los casos, no siempre sucede así, pues a veces, es necesario sacrificar a la reina para poder ganar la partida.

Después de la reina, las fichas de mayor valor son las siguientes: Las dos torres (una a cada lado del tablero del jugador); los dos caballos (posicionados al lado de cada torre), los dos alfiles (junto a los caballos) y, por último; los ocho peones.

Con este total de 16 piezas por cada jugador, se va a desarrollar la partida: a un lado del tablero las fichas blancas, y al otro las negras.

Cada jugador dispone en origen de la misma cantidad de piezas y ambos empiezan la partida en la misma posición; es a partir de la primera jugada, que cada jugador empezará a mostrar sus movimientos, así como las piezas que ha elegido en dichos movimientos.

Bien, hasta aquí, hemos explicado resumidamente en qué consiste el juego del ajedrez; pero ahora, vamos a trasladar dicho juego a la vida humana, a la vida social y a la función de cada individuo como una pieza que forma parte de esta partida de ajedrez que se está desarrollando en el mundo.

Cada persona es un mundo, mejor o peor, pero un mundo a fin de cuentas. Es por eso que cada individuo posee unas cualidades muy concretas que no tiene por qué ser compartidas por los demás. Podríamos resumirlo (utilizando el símil del ajedrez) en que, cada individuo, se corresponde con una pieza del tablero: la reina, la torre, el caballo, el alfil o el peón. Observará el lector que no he mencionado al rey, y ello se debe a que, en este caso, a pesar de que la pieza más importante del juego es el rey, su capacidad de actuación, es menor incluso que la de un simple peón. Lo que vendría a decir que su único valor consiste en saber estar a buen recaudo, pues no decide, ni piensa, ni crea, ni dirige… como máximo, sólo puede matar a la pieza contraría que tenga junto a él y siempre dentro de las reglas del juego. Visto así, se puede decir que, el rey, lejos de ayudar en ganar la partida, estorba, pues consume recursos de otras piezas importantes que son necesarias en el desarrollo del juego.

Pero dejando a un lado a la pieza del rey, que como hemos visto, es muy singular y especial, vamos a centrarnos más en las otras piezas, en las fichas que van a ayudar a ganar la partida.

Claro está que las fichas no actúan por sí solas… para eso está el jugador. Es el jugador quien decide qué ficha y qué movimiento se va a realizar. Por lo tanto, el jugador inteligente, intentará sacrificar antes a los peones, cuyo valor como pieza es el menor, que a cualquiera de las piezas mayores; necesarias para ganar la partida.

Y aquí es donde entran cada uno de los individuos que conforman la sociedad humana; tanto la actual, como la que ha existido desde sus orígenes.

Ud. ahora, se preguntará qué con cuál pieza del ajedrez se corresponde, y la verdad es que nadie mejor que Ud. mismo puede responder a dicha cuestión; pues para saberlo, deberá repasar su vida, su existencia, los actos que han marcado su vida y su entorno y, a través de ello, sabrá si ha sido utilizado como una pieza mayor, tanto para atacar, como para defender; o si simplemente ha sido un peón sacrificado en aras de proteger al rey u otra pieza de importancia.

Bien, suponiendo que ya sabe o intuye con cuál pieza se siente más identificado, ahora querrá saber quién es el jugador que le ha tocado en suerte, quién es el jugador que decide sus movimientos: ¿el de las fichas blancas o el de la negras?

Pues aquí viene la primera de las sorpresas y diferencias con el juego de mesa. Al contrario de lo que sucede en el juego del ajedrez, donde las fichas de uno u otro color son piezas inanimadas, en el caso de los seres humanos, será cada individuo quién decidirá a qué color pertenecer. Lo hará de forma voluntaria; durante el transcurso de su vida e, incluso, podrá cambiar de bando cuando lo decida. ¿Se imaginan una partida de ajedrez donde las fichas puedan elegir el bando y además cambiar en cualquier momento? Pues esa es el tipo de partida que se está desarrollando desde el origen de los tiempos en la Tierra.

Y Ud. se sigue preguntando… ¿Y quién es cada jugador… quién juega con las blancas y quién con las negras…?

Bien, la respuesta también es obvia, aunque algunos, no pocos, no la sepan o no lo quieran ver:

Con las blancas juega el amor, la verdad, la justicia, la solidaridad, la honradez.
Con las negras juega el odio, la mentira, la manipulación, el egoísmo, la maldad.

Ahora que ya lo sabe, sólo Ud. puede decidir de qué lado desea jugar.

 

© 2014 – José Luis Giménez
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