El miedo mata mucho más que la mayor arma de guerra.


Cuando vi la escena en la televisión, me vi conmovido en mis adentros, al ver la imagen de este niño inocente, ahogado en la playa que se suponía iba a alejarlo del peligro.

El peligro no está únicamente en los países que están en guerra, el peligro está en todos esos desalmados políticos que mienten para conseguir su poltrona de la que no se despegarán ni con aceite hirviendo. El peligro está en todos esos miles de ciudadanos ignorantes, que sólo se preocupan de limpiar su consciencia con un donativo en el cepillo de sus iglesias, con marcar la X de la Iglesia en la declaración de Hacienda, con su donativo anual a su ONG preferida, o simplemente confesando sus pecados ante un sacerdote que posiblemente tenga más pecados que él mismo.

No, no nos engañemos, el peligro está en el miedo. Ese miedo que impide que alcemos la voz ante las injusticias que se cometen a diario en nuestra sociedad, gobernada por corruptos o en el mejor de los casos por incompetentes. Gente ambiciosa de poder, insolidaria, incapaz de sentir empatía por sus congéneres y, por tanto, fuera del sentimiento de solidaridad y humanidad que debería distinguir a un representante de los ciudadanos.

Mientras exista el miedo a enfrentarse a la mentira y a la injusticia, sin importar las consecuencias, seguiremos siendo esclavos de ese sistema corrupto e insolidario; de los tinglados de los poderosos corruptos y sobre todo de la mentira.

Si vivimos en la mentira, no somos mejores que nadie. Sencillamente no somos nadie por quien valga la pena vivir. La vida debe vivirse en la verdad, para que ésta tenga sentido.

Que cada cual decida qué clase de vida quiere vivir, pero si elige seguir viviendo en la mentira, que sepa que su vida es una estafa así mismo y al mundo entero. Todo el mundo sabe que lo falso carece de todo valor.

© 2015 José Luis Giménez
www.jlgimenez.es

 

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