Esto huele a quemado…

Por José Luis Giménez

Desde los primeros siglos de la era cristiana, las profecías milenaristas causaban furor entre los parroquianos. Bastará recordar el libro del Apocalipsis (revelación), atribuido a San Juan, el apóstol de Jesús, el cual era tomado de forma literal por los "profetas" de entonces, lo que provocaba un cambio total de actitud en la vida cotidiana de los creyentes. En concreto, estos profetas tomaban literalmente el capitulo nº 20, versículos 4 y 5 donde dice:

"4- Y Vi tronos, y a los que se sentaron sobre ellos; y se les dio el poder de juzgar. Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a cuantos no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y revivieron y reinaron con Cristo por mil años.
5- Pero los otros muertos no revivieron hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la primera resurrección. "

En el Apocalipsis, además, se hace referencia al fin del mundo, y da una serie de datos que indicarían la fecha concreta en que este fin se llevaría a cabo. Incluso menciona a determinados personajes y nombra sobre todo al falso Mesías o Anticristo, que es identificado con el número de la bestia, el 666.

El dato de los mil años, hizo creer a los "profetas" que, el fin del mundo anunciado, tendría lugar en la fecha que coincidiría precisamente con el primer milenio d.C. La alusión al falso Mesías o Anticristo tendría diferentes interpretaciones, así encontraríamos que en el I siglo haría referencia casi con toda seguridad al Emperador Nerón, mientras que a principios de la edad moderna, Martín Lutero afirmaría que el Anticristo no era otro que el Papa. En la actualidad, la figura del Anticristo, se ha querido ver en diversos gobernantes, instituciones o determinados personajes con gran poder social.

Cuando el mundo superó los primeros mil años d.C. sin que la profecía se cumpliese, en contra de lo que se podría pensar en buena lógica, las profecías milenaristas continuaron en auge. Baste recordar las famosas profecías de Nostradamus o las de San Malaquías, quien databa el final del mundo a través de una larga lista de 111 papas.

Nos encontramos en pleno siglo XXI y, a pesar de que no se acabó el mundo en el año 2.000, aún hay milenaristas que siguen "profetizando" el fin del mundo, incluyendo señales y personajes que ya fueron profetizados en el Apocalipsis, por poner un ejemplo, pero ahora tenemos conocimiento de otras "profecías" antiguas, como por ejemplo la de los mayas, donde se habla de un tiempo final que de forma mucho más concreta que las anteriores profecías, lo sitúa en el año 2.012 d.C., todo ello en base a un calendario maya, cuya fecha final registrada en el mismo se correspondería (según los cálculos de los expertos) con la mencionada fecha del 2.012.

Y ante todas estas advertencias, uno se preguntará… ¿Qué hay de cierto?

Es cierto que, algunas de las profecías que se han realizado tanto por los profetas mencionados, como por otros que no hemos mencionado, se han visto cumplidas, o eso es lo que ha dado a entender las situaciones vividas al respecto. No obstante, si decimos que se va a producir una guerra donde habrán miles de victimas inocentes (lógicamente, en las guerras mueren miles de personas), una catástrofe (sobre todo en lugares donde se producen de forma habitual por naturaleza), donde el fuego caerá del cielo (por ejemplo un volcán), las aguas inundarán la tierra (por ejemplo un maremoto), o la tierra se tragará en sus entrañas a miles de seres (por ejemplo un terremoto), no estamos aludiendo nada más que una serie de fenómenos completamente naturales, que se vienen produciendo durante cientos de miles de años.

¿Y el cambio climático?, Se preguntarán Udes.

Pues sí, es cierto, estamos atravesando por un cambio climático global del planeta. ¿La causa…? Pues la misma que hace decenas de miles de años, es decir, el planeta Tierra, tiene vida, es un ser en continua evolución. Las eras glaciares se han producido y seguirán produciéndose mientras el planeta siga vivo.

Entonces… la contaminación atmosférica, la contaminación de ríos y mares, la tala de bosques, los residuos radioactivos, etc. etc. ¿Acaso no son la causa del deplorable estado del planeta?

Evidentemente y por desgracia, la respuesta es un Sí rotundo, esta situación provocada por la acción del Hombre, son la causa que está mermando la posibilidad de vida en el planeta, por lo que todo ser humano está obligado a colaborar en eliminar estas causas que tanto daño ecológico nos está produciendo a todos.

El hecho de que consigamos eliminar totalmente la contaminación del planeta, que dejemos de destruir el habitat natural de las especies o de emitir gases tóxicos y contaminantes a la atmósfera, no va a evitar que se produzca el cambio climático que de forma natural se tiene que producir en el planeta, puesto que es un proceso natural, pero si no tomamos consciencia de la necesidad imperiosa de adoptar medidas efectivas que nos lleven a cambiar nuestros hábitos en todo lo referente a las acciones que producen la contaminación y los efectos negativos ya comentados, así como adaptarnos a una forma de vida más natural y de acuerdo con el ecosistema, no hará falta que se produzca un gran cambio climático natural para que la humanidad deje de existir, puesto que nos habremos encargados nosotros mismos de autodestruirnos.

Entonces… ¿a que se refieren las profecías que hablan del fin del mundo?

Pues casi con toda seguridad al fin del mundo que la sociedad ha creado en base a unas leyes y tradiciones que se alejan de la justicia, a la cultura que nos lleva a ser egoístas y sobre todo, al mundo irreal creado por la mentira y la manipulación. O ese es mi deseo, de que el fin del mundo al que se refieren todas las profecías, ya sean milenaristas o no, sea el que se refiere a este mundo insolidario y egoísta. Porque después de tantas profecías sobre el final del mundo, de posibles venidas de seres espirituales que van a ayudar a la humanidad o incluso de seres de otras galaxias que tienen la misión de guiarnos como si de nuestros hermanos mayores se tratasen, sin que nada de ello haya ocurrido, me da que "esto huele a quemado…" y si queremos recibir ayuda, vamos a tener que ser nosotros mismos quienes nos ayudemos, concienciándonos de que para poder recibir, primero hay que dar, para cosechar, primero hay que sembrar y como dice el refrán: Dios te ayuda, si tú te ayudas.

José Luis Giménez
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