Alma vieja, el hospital del alma

 

¿Os imagináis un hospital del alma?

Pues eso es lo que más necesitamos y lo que menos hay. Al contrario de lo que sucede con los hospitales tradicionales, donde los médicos intentan curar a los pacientes de todo tipo de enfermedades; para sanar las heridas del alma, apenas existen hospitales.

Y es que, un hospital del alma, nada o poco tiene que ver con un hospital tradicional. El hospital del alma no precisa de grandes edificios e instalaciones; no necesita doctores licenciados en medicina, ni medicinas concentradas en pastillas, creadas en laboratorios farmacéuticos. El hospital del alma puede estar en uno mismo, en lo más profundo del ser, en la consciencia… Aunque no es menos cierto que no siempre se sabe acceder.

Para esos casos, existen otras opciones: se puede conectar con la Madre Naturaleza, observarla, escucharla e imitarla…, pero si aun así, no se es capaz de encontrar la respuesta, siempre nos quedará la opción de consultar a un “Alma vieja”. Y algunos os preguntaréis… ¿Qué es el Alma vieja?

Para entender que es un “Alma vieja”, se deberá aceptar el concepto de la reencarnación como causa imprescindible para su comprensión. No todas las almas poseen la misma experiencia, a pesar de que todas ellas sean inmortales. El alma existe desde siempre. El tiempo lineal que conocemos, no interfiere en la experiencia que va acumulando el alma durante toda su eterna existencia. El Alma vieja, lo es por la gran cantidad de experiencias acumuladas; por la sabiduría extraída de dichas experiencias y por saber cómo se debe aplicar el conocimiento adquirido.

Y ahora viene la lógica pregunta: ¿Dónde se puede encontrar a un Alma vieja?

La respuesta no es fácil, pues no existe un lugar concreto y determinado donde se hallen todas ellas, a la espera de ser consultadas por quienes necesitan curar sus heridas del alma. A veces la vamos a encontrar en nuestro entorno; en esa simpática anciana de blancos cabellos, que nos sonríe siempre cuando nos cruzamos con ella… o quizás la encontremos en una de esas personas dedicadas en cuerpo y alma a servir a los demás de una manera totalmente verdadera y desinteresada, algo más difícil de conseguir, pero no imposible; o quizás, la encontremos en Internet, en las diversas redes sociales que hoy día llenan gran parte de nuestras vidas, y que no resulta menos difícil que la opción anterior, pero tampoco imposible.

La siguiente pregunta que posiblemente se haga el lector, sería aquella que nos indicase ¿cómo vamos a reconocer a un Alma vieja? Un Alma vieja no se anuncia, si acaso, permite que la reconozcan, para así, facilitar el acceso a los que se sienten más perdidos en el camino. El Alma vieja no juzga, escucha y aconseja; abre su corazón para que sientas el amor desinteresado y, sobre todo: te hace saber que no estás sol@.

Posiblemente muchos de los que hayan llegado hasta aquí, piensen que ellos nunca van a necesitar acudir a un hospital del alma, pero por si en alguna ocasión se sienten solos, desconsolados, angustiados o simplemente no saben encontrar el camino, ahora ya saben que existen los hospitales del alma, solo tienen que saber acceder a los mismos.

 

© 2014 – José Luis Giménez
www.jlgimenez.es

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