Ignorancia de alma.

¿Qué se puede esperar de un Ministerio de cultura del país, que promueve el maltrato animal como si de cultura se tratase: corrida de toros, fiestas medievales con lanzadas al toro hasta matarlo cruelmente, por una horda de ignorantes de alma, siendo despedazado, y otorgándose sus genitales al “valiente matador”, como muestra del trofeo conseguido por quien lo ha derribado y matado a traición?

¿Qué se puede esperar de quien se autodenomina “pueblo tradicional”, anclado en la Edad Media, donde reina la ignorancia de alma, la incapacidad de razonar con el corazón, la falta de respeto por la vida, la insolidaridad, la intolerancia, la incomprensión…?

¿Qué se puede esperar de quien aplaude sólo porque así lo hacen sus congéneres… de quien se niega a reflexionar y a utilizar el corazón, de quien no tiene interés en poseer opinión propia…?

¿Qué se puede esperar de quien calla… de quien calla ante las injusticias, de quien cierra los ojos ante la maldad, de quien no quiere escuchar los lamentos del injustamente sentenciado…?

¿Qué se puede esperar de quien tiene al egoísmo por bandera, de quien pisa al más débil para obtener mayor comodidad, de quien le corta la cabeza al otro que es mejor, para así conseguir sobresalir…?

¿Qué se puede esperar de quien se muestra impasible ante la muerte del inocente, de quien disculpa al corrupto, de quien prevarica con la justicia…?

¿Qué se puede esperar de una sociedad donde, las virtudes, únicamente aparecen en los cuentos de hadas…, donde los medios de comunicación intoxican en vez de informar, donde la “libertad de expresión” tan sólo es una quimera, donde los mayores corruptos disponen de las mayores protecciones legales…?

¿Qué se puede esperar de un país al que lo están hiriendo de muerte, y en vez de defenderse y curar sus heridas, se deja matar…?

Quizás la respuesta esté en el toro… en ese toro que se enfrenta a la horda de ignorantes y energúmenos, que creen que, matándolo entre todos, van a absorber su fuerza, su valentía, su nobleza, su dignidad…

No, que nadie se engañe. El toro muere luchando por su vida, no se deja matar. Por eso tienen que ser tantos ignorantes de alma, quienes tienen que unirse, para disimular su miedo, su cobardía, a enfrentarse cara a cara con el morlaco; porque saben que, por sí solos, no valen nada. Nada.

Ojalá el toro renazca de sus cenizas, y se enfrente a cada uno de ellos a solas, cara a cara… entonces veremos quién es el valiente.


© 2014 – José Luis Giménez
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