La jungla de asfalto, la brújula y los puntos cardinales.

 

Se preguntará el lector: ¿qué quiere decir el titulo del presente escrito?

Para los que ya me van conociendo, seguramente les supondrá un acicate para seguir leyendo hasta el final, pues ya intuyen por donde van los tiros… para los otros, los que no tienen tiempo de leer, los que no les gusta tener que reflexionar o pensar, o simplemente a los que no les gusto yo, no creo que hayan llegado siquiera hasta aquí. Así que, como sé que mis escritos pasan un filtro muy esmerado, y son pocas las personas que desean y pueden entenderlo, en esta ocasión, me permitiré escribir en exclusiva para éstas.

Llevo tiempo obcecado con la tarea de despertar conciencias… ¡como si fuese responsabilidad mía el hecho de que una gran masa del público no sea capaz de ver más allá de sus propias narices! ¡Y está claro que no!, no porque quiera auto eximirme de responsabilidad alguna ante la Sociedad (que algo de parte me tocará), sino porque no me considero el faro de ningún cabo, ni el iluminado de turno (qué más quisiera yo ser un iluminado, aunque fuese fuera de turno).

Pero me revienta, como diría El Lute, que la masa, la plebe, el gran público, el vulgo, el proletariado, el pueblo, la muchedumbre, y un sin fin de sinónimos más… se comporten como borregos y nos les preocupe, o no les importen que sean tratados como tales.

Ahora, alguno de los que no suele leerme, si ha tenido la paciencia de llegar hasta aquí, ya me habrá dedicado más de un improperio. Lo asumo. Pero a su pesar, voy a continuar con mi disertación, pues una de las pocas cosas buenas que nos quedan en esta “sociedad democrática” es la libertad de expresión.

Pero no era este el tema que me ha traído hasta esta tribuna virtual. Es un inciso que he creído oportuno introducir, a fin de ilustrar en mejor medida mi reflexión. Quizás pueda parecer que mezclo las churras con las merinas (quiero aprovechar para aclarar y hacer un pequeño ejercicio pedagógico, de que las churras son ovejas negras, y las merinas son ovejas blancas, ya que estoy cansado de ver como “célebres intelectuales” lo que mezclan son churros con mininos, lo que no tiene lógica alguna, demostrando así hasta donde llega su grado de intelectualidad), pero en realidad todo tiene su interrelación, y a explicarlo voy.

En la selva existe una Ley: se llama la Ley de la Selva ; y ésta consiste en que sobrevive únicamente aquél que es más fuerte; incluyendo dentro de dicha fortaleza su mayor capacidad de “razonar” o de encontrar los recursos necesarios para su supervivencia.

Esto ha venido sucediendo así durante cientos de miles de años, es decir, desde el origen de los tiempos.

Algunos animales, con el tiempo, aprendieron que siendo gregarios serían más fuertes, y por tanto, tendrían muchas más posibilidades de sobrevivir. Esto también sucedió con el hombre, quien vivía en grupos o manadas, desde donde eran dirigidos por el líder de turno.

Han pasado cientos de miles de años y la situación apenas ha cambiado. Antes, el puesto de líder, era disputado por los aspirantes mediante un enfrentamiento personal, una lucha cuerpo a cuerpo, y aquél que resultaba vencedor del combate, se convertía en el nuevo líder o dirigente del grupo. Por supuesto que el ser el líder o dirigente supremo del grupo comportaba cierta responsabilidad frente a terceros, así como ser el “cerebro” que tomaba las decisiones que consideraba más acertadas para el grupo; pero también tenía sus ventajas: podía elegir a la pareja o concubinas que más le agradase, alimentarse mejor que el resto de los individuos, vestir las mejores pieles, acumular objetos de valor y poseer un gran tesoro… etc. Por lo que el puesto de “líder” no era algo vocacional, ni suponía algún tipo de sacrificio en beneficio de la comunidad, sino que era la forma más rápida y directa de obtener el poder.

Hoy día, la selva, ya no es un lugar lleno de plantas y animales, no por lo menos del tipo de animales que consideramos zoologicamente hablando. De hecho, y al paso que vamos, dentro de muy poco tiempo, y si el sentido común no lo evita, habrán desaparecido la mayor parte de las selvas existentes actualmente en el mundo.

Pero hemos cambiado la selva “amazónica” por la selva de asfalto. Ya no es necesario cazar animales salvajes para poder alimentarse o vestirse con sus pieles; ahora, la tecnología pone al alcance de los individuos nuevas formas de alimentarse y de vestirse, a través del ganado o de una agricultura tecnificada. Lo que no se ha podido o sabido evitar, es prescindir de los “líderes”, de todos esos “dirigentes” que les dicen al resto de la comunidad como deben comportarse; que es lo que está bien y qué está mal; que derechos tienen y cuales no. Todo ello, a través de unas determinadas normas o leyes que fueron hechas para seguir beneficiando principalmente al que obtenía el poder, al líder, al dirigente.

Y al margen de los cambios tecnológicos, el fondo de la cuestión en sí no ha cambiado. Sobrevive el más fuerte, el que posee más poder; ya sea a través de las riquezas acumuladas gracias a empobrecer a otros, ya sea a través de las leyes y normas que lo benefician con diferencia sobre el resto de los miembros de la comunidad que no poseen su estatus alcanzado. Es decir, los hombres no son todos iguales; unos son más iguales que otros.

Y es aquí donde, como dije antes: ¡me revienta! que la masa, la plebe, el gran público, el vulgo, el proletariado, el pueblo, la muchedumbre, y un sin fin de sinónimos más… se comporten como borregos y nos les preocupe, o no les importen que sean tratados como tales.

¿Queréis seguir siendo borregos, o ser tratados como éstos por las castas de los poderosos que controlan a la Sociedad ? Si es así, poco más tengo que decir, pues uno también se cansa de predicar en el desierto, y al final habrá que dejar que esta sociedad siga siendo una selva de asfalto, donde únicamente sobrevivirá el más fuerte. Y si es eso lo que quiere la mayoría, puesto que no hacen nada por cambiar la situación, será un justo pago el que recibirán, ya que como dice el refrán: “Cada villano tiene el cacique que se merece”.

Pero si queremos que todos podamos tener la misma oportunidad, que los recursos necesarios para nuestra supervivencia, ––una supervivencia de calidad, tal como nos merecemos, la cual podemos obtener gracias a la tecnología–– sea algo real y al alcance de todos, tendremos que empezar desde este mismo instante a cambiar nuestra forma de pensar, nuestra manera de entender las cosas; saber diferenciar lo imprescindible de lo superfluo, y sobre todo empezar a utilizar una brújula que nos marque el verdadero Norte, el verdadero camino que debemos recorrer como seres humanos evolucionados, en busca de nuestro destino en el Universo.

Para ello contamos con los cuatro puntos cardinales, o puntos de referencia: La honestidad, la tolerancia, la solidaridad y sobre todo, la libertad, para ser quienes deseemos ser, sin intervención de nadie ni de nada. El ser humano no necesita líderes, ni dirigentes, sino aprender a despertar su propia consciencia y conectar con la Energía Universal.

 

Fraternalmente;

José Luis Giménez

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