La invención de la clase media.



Desde hace algunas décadas, los grandes partidos políticos del mal llamado primer mundo o mundo civilizado, descubrieron que, si la clase trabajadora era dividida o fragmentada, o lo que es lo mismo, se procuraba su desunión, dejarían de tener fuerza para exigir más derechos sociales y laborales y, con ello, la patronal, el capital, podrían seguir manteniendo el poder total y el control sobre dicha clase obrera.

Y así fue como, las grandes cabezas pensantes de los poderes de facto, léase el capital; los banqueros, las grandes multinacionales y sus lacayos, los políticos corruptos, etc., inventaron la nueva clase social que iba a proporcionarles la solución: la “clase media”.

Hasta entonces existían las clases de trabajadores u obreros, en la parte más baja de la pirámide social, situándose por encima de todos ellos la clase adinerada, los banqueros, grandes empresarios, terratenientes y aristócratas, teniendo a su servicio a los “representantes” del Pueblo, que habían sido elegidos “democráticamente” por sufragio universal, y que lejos de servir a quienes se suponía representaban, eran meros lacayos y mercenarios del capital.

Pero no bastaba con tener a los corruptos políticos en la nómina de los capitalistas, pues el obrero empezaba a discernir y a tomar consciencia de su verdadera fuerza y poder, por lo que empezó a constituir alianzas obreras, sindicatos obreros y sobre todo, a estar unidos ante cualquier situación en aras de defender sus derechos sociales y laborales.

Y fue así como, gracias a los esfuerzos y a los sacrificios de miles de obreros, que llegaron a pagar incluso con su propia vida, la osadía de reclamar unos derechos sociales y laborales que le correspondían, el trabajador ya no era contemplado como un simple esclavo, como un desecho que apenas tenía derecho a la vida, el cual tenía que estar eternamente agradecido a su “amo y señor”, por permitirle dormir en un pajar junto a los animales de labranza, y darle algunos mendrugos de pan, como jornal por su trabajo de sol a sol. Ni siquiera tenía derecho al descanso semanal; pero el “amo” era benévolo con su “esclavo” y, en ciertas ocasiones, en que el señor celebraba algún acontecimiento, sintiéndose magnánimo, regalaba alguna moneda al pobre infeliz que bendecía y besaba las manos de su señor.

Pero esta situación ya no iba a ser posible que siguiera repitiéndose. El obrero ahora sabía cuáles eran sus derechos, conocía como defenderlos y no dudó en enfrentarse a los poderes de facto.

“DIVIDE ET IMPERA”, es decir: ¡DIVIDE Y VENCERAS!

Esta frase que popularizaron los romanos y que tan bien les fuera en sus conquistas, iba a volver a tomar relevancia. Ahora no iban a ser los generales romanos quienes dividieran a los pueblos enemigos a fin de evitar su unión y con ello una mayor fuerza que no podrían vencer. Ahora serían los poderes de facto quienes, con la diligente servidumbre de la corrupción política, iban a dividir al gran enemigo y, con ello, conseguir su dominación: la división de la clase obrera.

Así nació la clase “media”: una clase de trabajador al que se le hace creer que está por encima de sus compañeros obreros; al que se le otorga un mayor poder adquisitivo por recibir un salario algo mayor al salario base interprofesional. Un salario base interprofesional que, en la mayoría de los casos, como sucede en España, ni siquiera le permite al trabajador poder llegar a final de mes, ni siquiera poder disponer de la electricidad o energía necesaria para no tener que pasar frío en invierno, tampoco le permite llevar a sus hijos a una escuela privada, ni siquiera vestirse o alimentarse como es debido. Pero es el “Salario mínimo interprofesional” que han “pactado” los “agentes sociales”, léase patronal y sindicatos; ambos subvencionados por el Estado, con los impuestos recaudados a los trabajadores; a los obreros y a los trabajadores que ahora les llaman “clase media”.

Y el trabajador que ahora se auto incluye en la clase media, no quiere ni oír hablar de los obreros… parece como si éstos tuviesen algún tipo de enfermedad contagiosa. El “ciudadano de clase media” ya no es un obrero ni trabajador. Se lo han hecho creer y se lo cree. No importa que apenas llegue a final de mes, pero ahora el gobierno, la patronal, los sindicatos, los partidos políticos, y todos los medios al servicio de los poderes fácticos, les llaman “ciudadanos de clase media”. Eso suena bien. ¿Quién quiere ser un trabajador de la clase obrera? Ya no está bien visto.

Y así, con el invento de la clase media, los poderes de facto han vencido a su mayor enemigo: la clase obrera o trabajadora.

Hace unos días, en una importante universidad de España, se hizo una pequeña encuesta a los alumnos; se les preguntó que: “con qué clase social se identificaban”. La totalidad de los alumnos dijeron ser de clase media. Luego el profesor, les dijo que: “para que un ciudadano sea considerado de clase media, según los parámetros económicos del país, sus ingresos anuales brutos (es decir, antes de impuestos) debe estar comprendido entre los 17.000 euros y los 42.000 euros”. Y dicho esto, les volvió a preguntar: “¿Ahora, cuántos de vosotros se considera de clase media…? Únicamente tres alumnos de toda la clase levantaron la mano.

La triste realidad es que, en muchos de los países de Europa, pero sobre todo en España, la gente que no pasa hambre o frío, se considera afortunada; y no les importa demasiado si les recortan sus derechos sociales y laborales, o si les rebajan su salario porque “estamos en crisis”, o les hacen pagar más impuestos para rescatar con dinero público a una banca privada, que ha arruinado la vida a miles de familias. Y no importa tanto porque, en el colmo de lo absurdo, muchos de ellos, aún siguen creyendo que son esa clase media a la que tanto alude el gobierno y sus acólitos.

La prueba de todo ello son las encuestas realizadas a la población, donde la mayoría de la tan cacareada clase media, dice que tiene la intención de volver a votar al partido que tantos recortes en derechos sociales, laborales y culturales ha realizado.

Sin duda alguna, el invento de la “clase media”, fue la mejor arma que inventaron los poderes de facto.


© 2015 noviembre – José Luis Giménez
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