La selección natural


Desde el origen de los tiempos, la Madre Naturaleza, se ha mostrado partidaria de seleccionar a todo ser viviente; y ello tiene una razón muy lógica y práctica a la vez; y es que la energía y el tiempo son dos aspectos muy valiosos en la naturaleza de las cosas. Así, observamos como las plantas, los animales e incluso el Ser humano, como animal que también es, tienden a pasar por una determinada selección; ya sea de tipo natural, ya sea de tipo intelectual.

Y esto último lo podemos observar en la Historia de la Humanidad; Confucio, Buda, Pitágoras, Platón, Jesucristo... por poner tan sólo algunos ejemplos, fueron personalidades mucho más avanzadas intelectualmente al resto de sus congéneres. Fueron faros en la noche, que sirvieron de guía a los buscadores del conocimiento y la verdad.  

Ellos alimentaban intelectual y espiritualmente a un grupo selecto, a su círculo de adeptos, a sus discípulos. En la Era moderna ha venido sucediendo algo similar con aquellas personalidades que tenían algo importante que decir o compartir.

Personalmente siempre he creído que los conocimientos deben ser compartidos con todas aquellas personas que deseen ampliar sus capacidades intelectuales y avanzar o evolucionar como ser humano, a la vez que estén dispuestas a seguir compartiendo con otros lo que han recibido. Esta es mi creencia y mi voluntad.

Pero no es menos cierto que, el Maestro, tenía mucha razón cuando dijo aquello de: “No deis lo santo a los perros; ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”. O también esta otra máxima: “No está hecha la miel para la boca del asno”.

Ambas sentencias indican que lo sagrado, lo bueno, no está hecho para ser apreciado por gente estúpida, que no saben apreciar el verdadero valor o mérito de aquello que se les ofrece y que no deja de ser algo extraordinario y valioso por sí mismo.

Y esta sentencia me ha ido rondando sucesivamente en el pensamiento cada vez que he puesto de forma totalmente gratuita algunos de mis trabajos, reflexiones o colaboraciones. Y me pregunto una y otra vez, si no estaré intentando sembrar la semilla en terreno pedregoso y no apto para que enraíce; o si acaso quien no tiene nada valioso que compartir soy yo, y por eso mis trabajos no tienen la aceptación que creo se merecen.

Es cierto que hay mucha gente estúpida y desagradecida; lo he podido comprobar personalmente durante casi toda mi vida, y he comprobado cómo, en dichas personas, apenas se han producido cambios para mejorar, sino más bien todo lo contrario.

Y es por eso que me vuelve a la mente las máximas antes mencionadas, y me digo para mí que, aquellos maestros, ya sabían de esta situación mucho antes que yo, y por eso mismo decidieron que no tenían que “echar perlas a los cerdos”, es decir, perder el tiempo y las energías en personas estúpidas, empeñadas en no avanzar ni intelectualmente ni espiritualmente, sino seguir sumergidas en un mar de idioteces y absurdas pérdidas de tiempo. Y yo, sin ser maestro de nada, pero con cosas para compartir, siento que lo único que tengo de valor no se merece ser echado a los cerdos, pues hay personas que sí lo saben valorar y agradecer. Así pues, intentaré sembrar en terreno fértil y alejarme del terreno pedregoso, donde nada bueno puede crecer.


© 2017 José Luis Giménez
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