La importancia de ser refugiado en vez de indigente.

 

Recientemente asistimos a una sensibilidad social con respecto a la situación mundial de los refugiados que es digna de alabar, llevada a cabo por aquellos estamentos encargados de la Administración Pública, ayuntamientos, O.N.G., y asociaciones de todo tipo. Y eso está muy bien, pero…

Y el pero es porque, si no hubiesen salido por la TV las imágenes de personas huyendo de su país en guerra, en las que sobresalen aquellas más duras, donde se ven niños muertos, ya sea por ataques bélicos o ahogados en la playa, al intentar cruzar el mar, de gente inocente que no tiene culpa alguna de la maldad de otros, casi nadie habría hecho nada. Así que ¡bien por los medios informativos!

Pero seguimos con el pero…

Resulta que, ante la avalancha de personas que reclamaban una acción por parte de los respectivos gobiernos de la Unión Europea, a fin de dar acogida a estos refugiados, los gobiernos y demás entidades, que antes no tenían la menor intención de hacer nada, ahora están dispuestos a “hacer lo que haga falta”, eso sí, previo posado ante las cámaras de Televisión, para que todo el mundo vea que “ellos” sí van a hacer algo… Y eso está muy bien, pero…

En realidad, lo único que les importa a estos gobernantes de pacotilla (por mucha mayoría electoral que hayan obtenido —un 17% del total de la población—, que no mayoría de habitantes con derecho a voto), es volver a ganar las elecciones. Es así de crudo y de real. ¡Dejémonos de tanta hipocresía! ¿O es que la vida de un indigente español vale menos que la de un refugiado de otro país?

En España hay más de 5.000.000 —cinco millones de desempleados (no los llamo “parados”, porque no es que estén parados, es que no tienen empleo)— y de estos cinco millones, hay más de 2.000.000 —dos millones— que no perciben ninguna ayuda de prestación, ni tampoco de otro tipo, por parte del Estado español, tal como debería ser, si se cumpliese con la tan manida Constitución Española, sí, esa que se supone que garantiza el trabajo digno, la vivienda digna, la sanidad y la educación, así como la libertad de expresión  de todos los españoles, y que los grandes partidos con mayoría se la pasan por el forro y la cambian sólo cuando a ellos les conviene, y no es para favorecer al Pueblo español, sino a sus intereses y los de las grandes multinacionales a las que les deben sus cargos políticos y sus retiros dorados.

Así que, díganme señores políticos: ¿Vale más la vida de un refugiado, que la de un indigente español? Ustedes saben muy bien lo que hacen… juegan con los sentimientos de las personas, se aprovechan del dolor ajeno para sacar provecho. Y no me importaría que sacasen provecho de todo ello si por lo menos cumpliesen con la Constitución y atendiesen a todos por igual, ¡cómo mínimo! A refugiados y a españoles que han perdido sus trabajos, sus casas, su salud y hasta su vida, porque ustedes, los políticos, son hipócritas y mienten.

Sí, mienten descaradamente, sabiendo que no van a cumplir lo que prometen, con la única intención de ganar de nuevo las elecciones. Y lo peor de todo es que hay tanta gente ignorante que les vuelven a votar.

Sé que con mi reflexión no voy hacerles cambiar, ojalá sirviera, porque entonces no haría otra cosa en mi vida… ¡porque hay mucho por cambiar!

Pero espero que cuando hablen de ayudar a los refugiados, que está muy bien, también se acuerden de esos dos millones de desempleados españoles que ya no tienen nada porque los gobiernos de turno no han hecho bien su trabajo. La culpa de la “crisis” es de los gobiernos corruptos que no han dudado en arruinar al país para enriquecerse ellos. Y si Alguno alude que no ha sido corrupto, le diré que, en ese caso, ha sido por su negligencia, por su incapacidad para desempeñar el cargo. Cargos a los que todos ustedes se agarran como una garrapata a la piel del perro, hasta reventar hinchados de toda la sangre que chupan.

Los indigentes y desempleados españoles tienen tanto derecho o más que los refugiados, y todos tienen el derecho a ser tratados dignamente. Cuando quieran hacer algo bien de verdad, háganlo sin olvidarse de nadie.


© 2015 José Luis Giménez
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