LA INQUISICIÓN DEL SIGLO XXI


La historia - y de eso, los historiadores honestos saben mucho -, nos ha dejado claros ejemplos de como los intereses partidistas, pueden llegar a cegar totalmente a mentes inmaduras, así como a individuos totalmente obcecados con una defensa a ultranza irracional y mediática, encaminada únicamente a hacer costado al "amo" que le proporciona el pan, la cebada licuada o la simple palmadita en la joroba.

Baste recordar el caso de Galileo Galilei, o de Bruno Giordano, quienes fueron acusados de herejía, simplemente porque sus argumentos no "encajaban" en la doctrina "oficial", la cual, venía a decir que sólo podía existir aquello que fuese ordenado en las leyes, dogmas o doctrinas y por lo tanto, una idea que no encajase en dichas doctrinas era causa de enjuiciamiento o lo que era peor, de ser reo de muerte.

Desgraciadamente fueron y son ( aún en la actualidad ) muchos casos. Muchas almas arrancadas a la Verdad, muchas mentes privadas de dilucidar por si mismas y lo que es peor : A fuerza de repetirse así mismos sus aberraciones, se han llegado a creer sus propias mentiras.

Galileo Galilei, pudo salvar la vida, sólo tenía que hacerles creer que les daba la razón. Bruno Giordano, en cambio, pagó con su vida y fue quemado vivo en la hoguera por atreverse a poner en duda las doctrinas oficiales.

Como ya dije, han sido muchos, cientos de miles de personas, de almas, que han pagado muy caro su atrevimiento de exponer sus ideas, sus creencias, pero no creamos que ya se ha terminado. No, no sólo no se ha terminado, sino que, ahora, la Inquisición oficial, ha pasado a manos de otros "cruzados" que, sin espadas, lanzas o catapultas, siguen matando a la Verdad, pero esta vez con otro arma tanto o más mortífera que la que antaño usaran estos mismos cruzados, ahora renacidos de nuevo, como baluarte de algo que, ni siquiera ellos mismos saben explicar. Ahora intentan matar la Verdad con la mentira, con la difamación y la calumnia. Hacen piña entorno a la podredumbre y el hedor de la manipulación de la que tanto saben. Se sienten orgullosos de ser así, pues sus ojos y oídos no alcanzan más allá de sus propias narices, por lo que difícilmente pueden conocer algo que se niegan a aceptar. Pero hoy día, las cosas no existen sólo porque así lo dicte la doctrina oficial, ni porque sea sólo del interés de estos neo-cruzados, carentes de lo primordial: la capacidad de razonar y de admitir errores.

Esta clase de individuos, difícilmente serán capaces de razonar y menos aún de reconocer sus propios errores. Deberemos por tanto esperar nuevas generaciones donde, como ya ocurriese con Galileo y con Bruno, sean capaces de razonar y reconocer su error. No esperemos disculpas por parte de esos cruzados, ni siquiera se plantean que estén equivocados, ¿para qué? ¿para tener que darles la razón a quienes han acusado, difamado y calumniado gratuitamente durante años, sólo por la desidia y envidia personal? No, evidentemente estos individuos están a años luz de alcanzar ese nivel evolutivo.

Por tanto, las mentes abiertas, sanas, impolutas, deberán aprender a convivir entre los necios, de igual manera que deberán saber reconocer donde habitan las víboras, evitando pasar por los parajes afines a las mismas, para no ser inoculados con su veneno.

Así que ... visto lo acontecido, ¿de qué nos extrañamos?. En la Edad Media, el Papa, no iba personalmente a la cabeza de los cruzados, cuando éstos entraban en las ciudades a sangre y fuego. Enviaba a sus legados papales, a su ejercito, con el jefe preceptivo a la cabeza. ¿Acaso no encontramos actualmente similitudes en las acciones?

Hoy día, ni siquiera la Iglesia se ocupa de ello, ya hay muchos auto-calificados "cruzados", que se sienten obligados a "castigar" al "intrépido" que se atreve a no acatar las "normas" del "circulo". Donde este "circulo" puede pasar de ser un simple grupúsculo de mentes minusválidas, a toda una organización - de mayor o menor envergadura - cuya cabeza visible, sólo lo es de forma virtual, quizás por aquello del peso especifico.

Para terminar, añadir que, a las mentes creadoras, realizadoras de sueños, debe bastarles el saber que su trabajo es motivo de envidia, por lo que implícitamente, estos envidiosos, están reconociendo la valía personal y profesional del envidiado, a la vez que demuestran su fracaso y mediocridad, tanto a nivel personal como profesional.

José Luis Giménez
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