La mano negra del siglo XXI

A finales del siglo XIX (entre el 1882-1883), en el sur de España -Andalucía- se dio a conocer una organización de ideología anarquista, secreta y violenta, a la que el gobierno de turno, liderado por Sagasta, le atribuyó algunos desmanes y asesinatos, por lo que fueron apresados varios campesinos acusados de pertenecer a dicha organización, de los que quince de ellos fueron condenados a morir, a pesar de no existir prueba de que fueran cupables.

La verdad fue muy distinta. La realidad es que se trataba de una estratagema llevada a cabo por el gobierno de Sagasta para evitar el levantamiento de los obreros andaluces, tal como ya había ocurrido en otros lugares de España (Catalunya, Asturias, etc.)

Así, el gobierno de turno, se encargó de fabricar y encontrar las pruebas necesarias para poder imputar los asesinatos, incendios de cosechas y edificios, a los "cabeza de turco" que no fueron otros, más que los indefensos campesinos y trabajadores, cuyo único delito era reclamar una jornada laboral de 9 horas al día (ya que trabajaban de sol a sol) y un salario digno.

Como sabemos, y después de innumerables muertes de trabajadores en reclamación de unos derechos básicos y un trabajo digno, al cabo de más de un siglo, seguimos casi igual…

Para el capital, la culpa de casi todo la tiene el trabajador, que pretende trabajar lo mínimamente necesario y no ser explotado, amén de percibir un salario digno por su trabajo.

Los gobiernos no son más que marionetas en la cuerda, controlados por ese mismo capital que los pone o los depone según actúen de acuerdo a los intereses del capital.

El capital se basa en el consumo continuo, cada vez mayor, puesto que ahí radica el obtener cada vez mayores beneficios. De ahí los continuos mensajes en los medios para que el ciudadano consuma todo lo que se le ofrezca, aún cuando no le sea necesario.

¿Y quién es el capital…? Se preguntarán ustedes: la banca, las grandes compañías internacionales; como las petroleras, las compañías de electricidad, agua, gas, los laboratorios farmacéuticos o las compañías de seguros, y por último, los terratenientes y capitalistas que han sabido obtener sus grandes riquezas con el esfuerzo y la sangre de otros, ya que nadie se hace rico únicamente trabajando (salvando unas pocas excepciones).

Como es lógico adivinar, a ninguna de estas figuras les interesa que cambie el sistema actual, puesto que ellos se encuentran en la cima de la pirámide.

Por eso, cuando las cosas van mal dadas y la gente empieza a cansarse de tanta injusticia, de tanta crueldad, de guerras provocadas únicamente como motivo de obtención de beneficios, o de enfermedades artificiales que únicamente van a beneficiar a los grandes laboratorios; se inventan de nuevo el tema de "la mano negra"; la mano negra del siglo XXI: la crisis.

La crisis, esa palabra tan en boga y que todo lo justifica, es la panacea del capital y de sus marionetas: los gobiernos, para responder a las necesidades planteadas por la ciudadanía.

¿Acaso alguien duda de que en este planeta llamado Tierra no existen recursos suficientes como para que todo ser viviente pueda tener una vida digna?

Aunque se llame Tierra, en realidad es el planeta del agua. Nunca acabaríamos con todo el agua del planeta, como tampoco con los diferentes recursos naturales que tenemos actualmente a nuestro alcance para obtener energía a precios irrisorios, sino gratis. Tenemos suficiente espacio y tierras para sembrar alimentos, para que ningún ser humano tenga que pasar hambre. Tenemos la suficiente tecnología como para que en ningún lugar del planeta haya escasez de nada. La ciencia y la medicina actual, pueden solventar o paliar la mayoría de los problemas o enfermedades existentes en todo el planeta. Entonces… ¿por qué estamos en crisis? ¡Ah...! se me olvidaba: la crisis es la mano negra del siglo XXI.

La política tiene gran parte de culpa. En primer lugar por dejarse manipular por el capital y dar tantos ejemplos de corrupción (cada día tenemos conocimiento a través de los medios, de más y más políticos corruptos). Y en segundo lugar, por no cumplir con su deber de procurar el bienestar general y la implantación de la justicia. El político está para servir al pueblo, no para servirse del pueblo. Esto parece que no lo acaban de entender los políticos.

Y llegados a este punto y para no extenderme demasiado, sólo me queda por decir que la "crisis" actual no es más que una maniobra más, una realidad ficticia, creada precisamente por el capital y no por el trabajador o el ciudadano común.

Los gobiernos se llenan la boca de bonitas palabras y hasta se aprueban en las Cortes las respectivas Cartas Magnas, donde se garantiza el derecho a tener una vivienda digna, un trabajo digno, educación gratuita, atención médica, etc. Pero la realidad es que solamente se preocupan de ser ellos los únicos que pueden acceder a todo lo anteriormente mencionado, ya que vemos como los jóvenes (o cualquiera que lo necesite) no pueden acceder a las viviendas prometidas, o al trabajo. Y ante tales hechos, sólo me queda realizar la siguiente reflexión: ¿para qué necesitamos a los políticos?

Quizás haya llegado el momento de hacer limpieza y tirar a la basura todo aquello que no nos sirve y únicamente nos está ocupando espacio y acumulando porquería.

José Luis Giménez
www.jlgimenez.es
jlgimenez@jlgimenez.es

 

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