No hay mayor desprecio, que no hacer aprecio

Dice el refrán: “No hay mayor desprecio, que no hacer aprecio”.

Y ciertamente que es así. Pero hay veces en que, ante un mediocre envidioso y maestro de la mentira y la manipulación, no queda otra opción que dejarlo en su lugar. Más que nada, porque uno también es humano y necesita dejar las cosas claras, como debe de ser.

Vaya por delante que yo nunca me he mostrado como un arrogante investigador o escritor poseedor de la única verdad, por la sencilla razón de que la verdad absoluta es imposible conocerla desde nuestro nivel humano de comprensión. Así pues, yo siempre he estado abierto a recibir cualquier crítica constructiva, pues si me demuestran que estoy en un error, no sólo lo corregiré, sino que le estaré agradecido a quien me haya sacado de mi error. Nada peor que vivir en el error.

Pero las críticas no siempre son constructivas, aunque las quieran disfrazar de tales, sino que suelen ser una letanía de gritos de terror, aullidos misteriosos, imprecaciones, maldiciones, amenazas, injurias, calumnias… y así un largo etcétera… Hasta conseguir llamar tu atención. En realidad es lo único que pueden conseguir los mediocres y envidiosos: llamar la atención de los demás mediante ese largo etcétera.  Las críticas nunca pueden ser constructivas cuando están basadas en la mentira, en la injuria y en la calumnia. Eso no es crítica constructiva, eso es simplemente PURA ENVIDIA.

Hay quien nunca podrá llegar a ser más que un sujeto mediocre, de difícil calificación, Por muchos títulos que se autoimponga o se invente para sí. Títulos que no existen en ninguna universidad, pero que quedan muy bien al lado del mediocre envidioso, que no es capaz de sobresalir por su trabajo o pseudas investigaciones, que nunca ha pasado de ser considerado más que otro fracasado más, metido a “Indiana Jones” en busca de cualquier cosa perdida que nadie más que él puede descubrir, que nadie antes que él ha conocido y que, si me apuran, hasta el mismo Dios es un plagiador suyo ¡Ignorante prepotente! Que solamente podrá conseguir llamar la atención a través de sus ataques resentidos y carcomidos por la envidia, hacia aquellos que han sabido demostrar su valía. A los que acusa de ser más famosos, populares o elegidos para transmitir sus conocimientos, mientras que, al mediocre y envidioso, nadie le hace caso. Eso le carcome el alma, siente que debe atacar como sea, insultando, injuriando y calumniando. Todo vale para hacer daño, pues como dice el refrán: “Calumnia que algo queda”. 

Llevo más de 15 años escribiendo e investigando sobre lo que escribo. Puede que no sea el mejor escritor ni el mejor investigador, pero de lo que no creo que haya duda, es de mi honestidad. Las personas que me conocen, saben que soy un buscador incansable de la verdad y que si alguna vez me equivoco, sé reconocerlo. Pero para eso, antes, me tienen que demostrar mi error con pruebas y argumentos válidos.

No voy a perder un segundo más de mi tiempo en ayudar a que dicho personajillo adquiera fama o popularidad, tal como él desea. ¡Que se la gane con un trabajo honesto sin tener que usar el insulto, ni la injuria, ni la calumnia, ni la descalificación personal! Pero ¡ah! Igual ese personaje no sabe de qué estoy hablando, igual sólo entiende un lenguaje… aunque espero que sea capaz de entender perfectamente mi escrito.

Por cierto, los argumentos sobre mis investigaciones, los doy en mis charlas o conferencias. Donde cualquier asistente puede preguntar y debatir lo que desee sobre el tema. Siento que este mediocre personajillo y envidioso, sólo pueda hacerlo en su muro de Facebook, pero es lo que tiene la diferencia de ser “famoso, popular o elegido por casi todos los congresos para exponer mis investigaciones”, a que no te conozcan ni en tu casa.

Salut!


© Noviembre 2015 José Luis Giménez
www.jlgimenez.es

 

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