Primero es la obligación, después la devoción

Mi abuela siempre me decía: "Primero es la obligación, después la devoción".

Lástima que ya no tengamos abuelas como la mía y la de muchos otros que pensaban igual. Ni siquiera sabían leer o escribir, y no por culpa de ellas, sino por el régimen político y la sociedad que les tocó vivir. Pero a pesar de no saber leer ni escribir, sí sabían cómo se debe actuar, y qué era lo más importante en la vida.

Hoy día, a la gente les preocupa más que el real Madrid, el Barcelona, o la selección de futbol de España, por poner un ejemplo, se clasifiquen para la "Champions" o gane algún torneo de prestigio. ¡Cómo si al ganar tal o cual torneo el paro desapareciese, las familias ya no fuesen desahuciadas, los niños volviesen a comer en las escuelas, los enfermos fuesen correctamente tratados en los hospitales y centros de asistencia, el padre de familia dejase de temer perder su puesto de trabajo por un capricho o algo peor, y en definitiva que, lo que realmente importa en la vida, como es la salud y el bienestar, se solucionase con haber ganado tal o cual torneo o competición.

Lo increíble, es que no sólo no se consigue nada de eso, sino que, encima, se gastan un dinero que necesitan para comer, en ir a ver jugar al fútbol (por seguir el mismo ejemplo) en vez de aplicarlo en remediar en la medida de lo posible los problemas comentados.

Y cuando les dices que hay que exigir que los gobiernos de turno cumplan con su obligación y gobiernen para el bien del pueblo y no para los intereses de los banqueros y grandes compañías multinacionales, mediante quejas o protestas en las redes sociales, estos compatriotas, alegan que ya están hartos de escuchar y leer siempre lo mismo, es decir, que tenemos mucho chorizo en este país (y no me refiero al de Cantimpalo, ni al ibérico), y que prefieren seguir en silencio, que no se arregla nada quejándose.

Y claro, uno que es algo testarudo, piensa que esa gente lo que tiene es un grave problema de discernimiento.

De la manera en que es seguro que no se soluciona nada, es haciendo lo que ellos hacen, es decir, nada de nada. Eso sí, no se pierden ningún partido de fútbol de su equipo favorito, o de ir a ver una corrida de toros (y me refiero a la corrida donde el matador mata al toro, no a la otra corrida del morlaco con la vaca, que esa aún tendría un pase).

Y sí, ahora mismo, al leer esta nota, esos mismos compatriotas estarán diciendo: ¡otra vez el pesado este con lo de que hay que exigir al gobierno que hagan bien las cosas!, ¡pues ya no lo leo más! Yo prefiero distraerme y no pensar, que bastantes problemas tengo ya en el trabajo y en casa.

Por supuesto, nuestro supuesto compatriota tiene razón; es mejor que no piense, que no se queje, que no proteste, ni siquiera que ponga un “me gusta” en alguna denuncia de las injusticias sociales cometidas por los malos gobernantes, publicadas en Facebook. ¿Para qué? Se pregunta nuestro supuesto compatriota. ¡Yo no quiero saber nada de política!

Bueno, ya me he desahogado por hoy. Buenos días, querido compatriota. Discúlpame por los cinco minutos que te haya podido robar de tu valioso tiempo.

 

 

© 2013 - José Luis Giménez

www.jlgimenez.es

 

 

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