¿QUÉ ES UN PARTIDO POLÍTICO?

 

Por: José Luis Giménez

 

La mayoría de las personas creen saber qué es un partido político. ¿Tú sabes lo que es un partido político?

 

No es una cuestión baladí, ni mucho menos. Y aunque a una gran mayoría de la población les trae al pairo, lo cierto es que sus vidas, su forma de vivir y hasta su perspectiva social, van a estar condicionadas por éstos.

 

De acuerdo a la definición que podemos encontrar en wikipedia , “Un partido político es el encargado de reclutar candidatos para ocupar los cargos gubernamentales y los escaños legislativos. Para eso, movilizan el apoyo electoral. También organizan la labor legislativa, articulan y agregan nuevos intereses y preferencias de los ciudadanos.

 

Pero… ¿esto es así? No, rotundamente NO. La realidad es muy distinta.

 

De entrada, deberíamos saber quién es realmente el que controla al partido político, quién decide qué candidatos van a presentarse a las elecciones como representante del correspondiente partido, y en el supuesto de ganar las elecciones, quienes van a formar el Gobierno de turno. Todo lo demás es pura demagogia.

 

¿Y por qué decimos que todo lo demás es pura demagogia?

 

La definición de demagogia viene a decir de forma simplificada, que es aquella oratoria que hace posible atraer hacia los intereses del partido político de turno (o de los intereses propios) la decisiones de los demás, por medio de argumentos que en apariencia pudieran parecer válidos, pero que en realidad no son más que falacias de un razonamiento malo que pretende parecer bueno.

 

Es a través de la demagogia utilizada por los políticos, que intentan hacer ver a los ciudadanos que ellos (los políticos) están de su parte, que entienden los problemas por los que está pasando el pueblo, que van a cambiar todo lo necesario para que haya una justicia igualitaria, bla, bla, bla…

 

Pero las promesas realizadas por los políticos en sus campañas electorales, son incumplidas sistemáticamente por éstos una vez han llegado al poder. Es como ese sabio refrán popular que dice: “Prometer hasta el meter, y una vez metido, nada de lo prometido”. ¡Y no pasa nada! ¿Por qué? Pues sencillamente porque no existe ninguna Ley que les obligue a abandonar el cargo, aún cuando sea de conocimiento público y notorio que han incumplido la promesa electoral. Y claro, luego encima se molestan si les dicen que “tienes menos palabra que un político”.

 

Ya lo dijo Aristóteles, cuando definió la demagogia como “ forma corrupta o degenerada de la democracia” . Así que ya vemos que esto viene de lejos.

 

Entonces, si lo que el político persigue es su poder personal, ¿para qué se necesita un partido político? La respuesta es más que evidente: el político por sí solo no puede acceder al poder, ya que éste está controlado por los poderes de facto; entiéndase como tales al capital (la banca u organismos financieros), las grandes organizaciones religiosas, las grandes compañías multinacionales, los grandes laboratorios farmacéuticos, la patronal, etc.

 

Es por eso que el político necesita del partido político, como éste necesita de políticos demagogos que sepan engatusar al público.

 

Y entonces, ¿a quién sirve el partido político? Ya hemos visto que el partido político sirve al capital, y si por casualidad sus dirigentes, tienen la posibilidad de conocer a quien obedecen, no lo quieren saber, ni les importa. Cuanta menos información comprometida tengan en su poder, más seguros se sentirán de permanecer más tiempo sentados en la poltrona. Lo único que le importa al político es alcanzar una buena poltrona, que le permita obtener cierto poder y aumentar sus arcas personales, ya sea mediante dinero, bienes inmuebles o tráfico de influencias. ¡Esto es lo que hay señores políticos! Y es así, porque Ustedes lo han demostrado y lo siguen demostrando continuamente. Es por eso que no han mostrado interés alguno en cambiar las Leyes, para que en el caso acreditado de incompetencia manifiesta, puedan ser revocados de sus cargos de forma inmediata, sin necesidad de llevar a cabo burdas pantomimas, utilizando de nuevo la demagogia, con el fin de contener los enervados ánimos del público que se siente y se ve estafado y engañado por la clase política.

 

Ahora se entiende mejor el porqué las Leyes están hechas por el Poder Legislativo, es decir, los políticos que forman parte del Gobierno de turno. Porqué a pesar de conocer que un determinado medicamento comercializado por un laboratorio multinacional, que no sólo no cura la enfermedad que se le supone que trata, sino que provoca otros efectos secundarios mucho peores (es peor el remedio que la enfermedad) y hacen que dicha enfermedad ocasional, se convierta en una enfermedad crónica, ––con lo que dicho laboratorio se asegura el consumo de sus “medicinas” durante toda la vida del paciente (nunca mejor dicho lo de paciente)–– no son prohibidos por la Administración , sin exigir la responsabilidad civil o penal correspondiente a dichos laboratorios. Ahora se entiende el porqué, a la banca, a pesar de obtener desorbitados beneficios, y de ser la responsable directa de la actual crisis económica, el Gobierno de turno le “inyecta” miles de millones de euros, a fin de continuar con el sistema instaurado por ésta. Ahora se entiende, el porque la Iglesia recibe del Estado miles de millones de euros anualmente, en concepto de “aportación”, a pesar de ser la organización multinacional con mayor riqueza y patrimonio del mundo. Ahora se entiende el porqué la patronal y los sindicatos van cogidos de la mano, aceptando las grandes modificaciones en las Leyes que ha llevado a cabo el Gobierno, y que afectan sobre todo a las ayudas sociales, a las condiciones laborales, a la edad de la jubilación del trabajador, al cálculo y prestaciones de las pensiones, a los recortes sociales, a los recortes en los salarios, a los recortes en las prestaciones de los más necesitados, etc. etc. y en cambio, asistimos perplejos a la eliminación del Impuesto de Patrimonio, un impuesto que grava al que más tiene, al que es más rico, al que posee grandes inmuebles, al terrateniente, en definitiva, al que posee el mayor patrimonio.

 

Podríamos seguir enumerando infinidad de incoherencias y desaguisados cometidos por el Gobierno, los partidos y sus políticos, así como los mal llamados agentes sociales (léase patronal y sindicatos). Pero considero que con lo expuesto ya es suficiente.

 

Ahora viene mi pregunta: ¿Alguien me puede explicar, cómo después de saber todo lo que anteriormente se ha expuesto, el público sigue mostrándose impasible, como idiotizado? ¿A caso se debe a los programas de televisión que últimamente atraen a tanta audiencia, preocupados por el estado emocional de “ La Princesa del Pueblo”, a la que incluso pretenden presentar como candidata política de algún partido?

 

Este si que es un verdadero misterio sin resolver.

 

José Luis Giménez

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