Reflexiones de final de año

Ha pasado casi un año desde que escribí mí última opinión "desde mi ventana". ¿Por qué no he vuelto a escribir nada desde febrero del 2008 hasta hoy? Se está acabando el año y, han sucedido tantas cosas, que no sé por donde empezar…

Es cierto que cada día ocurren hechos que no pueden pasar inadvertidos… incluso por repetitivos, adquieren cierta relevancia. Pero lo cierto es que cuando me paraba a escribir al respecto, solamente encontraba situaciones de desánimo… conflictos, injusticias, denuncias… que, al fin y al cabo, vienen a reflejar nuestra idiosincrasia.

Pero lo cierto es que, a pesar de que la situación en líneas generales no ha cambiado, sino que lejos de mejorar, nos vemos inmersos en una gran crisis global -quizás la mayor de toda la historia contemporánea- no puedo dejar de seguir opinando… dando mi parecer, con la ingenua intención de que sirva para algo.

La crisis actual que hace tan sólo unos meses ha sido declarada y reconocida a nivel mundial, ha venido a abrir aún más los ojos, a todos aquellos que se niegan a abrirlos y prefieren hacer caso al refrán: "ojos que no ven, corazón que no siente".

Hace tan sólo unos días, el gobierno de EEUU, anunciaba medidas extraordinarias para paliar la quiebra de la banca en dicho país. En este caso, se anunció la inversión de unos 800.000.000.000 (ochocientos mil millones de dólares). Lo leí una y otra vez… sí, no me había equivocado… incluso fue anunciado en los telediarios de todo el mundo. Rápidamente me vino a la mente otra cifra con la siguiente reflexión: Sí en todo el mundo somos aproximadamente 6.500.000.000 (seis mil quinientos) millones de seres humanos, con esos 800.000.000.000 (ochocientos mil millones) de dólares, podría evitarse el hambre y cubrir todas las necesidades básicas de todos los habitantes del planeta. La operación aritmética de dividir 800.000.000.000 : 6.500.000.000, nos da que a cada persona le correspondería la cantidad de: 123,076 $

Para los habitantes de occidente, esa cifra quizás no represente mucho… pero ¿se imaginan cuantos niños y enfermos del tercer mundo dejarían de morir de hambre, o de frío, o simplemente por no disponer de una vacuna que apenas cuesta un euro?

Si esa cifra de ochocientos mil millones de dólares, se destinase a paliar el hambre, ha desarrollar nuevas tecnologías no contaminantes, en ayudas para la enseñanza, hospitales, investigación de enfermedades, etc. etc., seguramente que el mundo tendría menos ricos egoístas y faltos de solidaridad, pero la evolución humana habría avanzado mucho más de lo que ha hecho con las acciones que estamos viendo por parte de todos los gobiernos.

Que las bolsas internacionales pierdan sus valores ¡es una tragedia mundial! Y los diferentes estados y gobiernos se apresuran a paliar una situación creada artificialmente por sinvergüenzas sin escrúpulos, para que los capitalistas no pierdan su nivel adquisitivo y de poder. En cambio, se continua acosando y asediando al ciudadano medio y al trabajador con amenazas de despidos, carencia de vivienda y de trabajo, y por si alguien piensa que después de cumplir con su obligación ante la sociedad, después de haber trabajado y cotizado durante 35 años, va a poder jubilarse y vivir con cierta calma y tranquilidad, ya se están apresurando ciertos políticos a avisar de que las prestaciones por jubilación, no podrán mantenerse a partir del año 2030.

¿Hasta cuando seguiremos con los ojos cerrados, sin darnos cuenta de que estamos siendo totalmente manipulados por quienes realmente ostentan el poder?

Cuando uno se hace estas reflexiones… lo primero que se pregunta es si realmente vale la pena este mundo… si tiene sentido la forma de vida del ser humano.

¿Qué piensan los poderosos… qué no se van a morir como los demás? ¿Qué se van a llevar sus bienes materiales al más allá?

Si la existencia del hombre tiene sentido, es como un ser espiritual, el cual precisa del mundo material para evolucionar. Si no es así, la propia vida es un absurdo.

 

José Luis Giménez
www.jlgimenez.es
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