La Pasión de Cristo: Escultor Fernando Murciano Abad.

 

¿Cómo entender la Semana Santa española?

 

“Ya se acerca el día… y hay que estar preparado para hacer bien el ‘Paso’.  Este año habrá que cuidarse mejor los pies, pues el año pasado acabé con varios cortes de pequeños cristales que pisé durante el recorrido que hice descalzo, aunque no me diese cuenta de las heridas, hasta acabar la procesión de la ‘Hermandad’”.

Así reflexionaba un “nazareno”, miembro de una “Hermandad” de “Pasos” religiosos de cualquier ciudad de España.

Y es que en España, los Pasos y las procesiones de la Semana Santa, son una tradición que se lleva en la sangre; mucho antes incluso de que el Apóstol Santiago llegase a España a evangelizar. O eso diría con cierta chanza, pero con el mayor de los respetos, un ferviente nazareno.

“Hay que haber mamado la Semana Santa desde chico, para entender lo que significa…” —decía otro miembro de la Cofradía del Gran Poder.

“Vamos a rezar todos los días que faltan hasta el ‘Jueves Santo’, para que no llueva, y podamos sacar el paso de la ‘Dolorosa’… —Indicaba una joven mujer, que este año iba a ser el primero que iba a participar en su cofradía como “costalero”; pues hasta hace muy poco, sólo le estaba permitido al hombre, tener el honor de llevar a hombros, junto a otros más, las imágenes que conforman la escena de sufrimiento que componen el Paso (en latín: passus, ‘escena, sufrimiento’).

El motivo por el que la tradición de los “Pasos” de la Semana Santa fue instaurado en España, quizás no sea el más conocido de todos, pues la causa que provocó la realización de los Pasos, fue la conveniencia por parte de la Iglesia Católica, de representar la Pasión de Cristo a través de las imágenes, para que de esta forma, y debido a que el Pueblo en su mayoría era analfabeto, pudiese conocer el mensaje evangélico.

El tiempo, convirtió esta escenificación de la Pasión de Cristo en una representación popular; donde cada ferviente componente de las diferentes cofradías o hermandades, iba a demostrarse a sí mismo o incluso a los demás, hasta dónde llegaba su advocación, su entrega, su fe, por el personaje que es representado en cada Paso.

Y es así como unos deciden soportar grandes pesos, cargados sobre sus hombros, del total de los cientos o quizá miles de kilos que pesa el Paso, y que recaen repartidos entre todos los miembros de la cofradía que sacan dichas imágenes en la procesión. Algunos incluso suelen ir descalzos, como muestra de su penitencia, o soportando auto infligidos “castigos”, que harán su penitencia más agradable a los ojos de Dios. No se trata de una acción proveniente de ningún fanatismo, sino de una prueba de amor, de una muestra de agradecimiento por los favores concedidos. Pues el Pueblo español, aunque pobre en su mayoría, es muy rico en agradecimientos.

Algunos dirán que esos favores, esos “milagros” que se agradecen, son producto de la propia fe del individuo, y no de lo que hayan podido hacer unas imágenes, que en su mayoría están realizadas en madera. Y sí, seguramente que el favor concedido sea el producto de la propia fe de la persona que lo ha solicitado. Pero esa persona no entiende que su propia fe baste para alcanzar el favor, y es por ello que lo agradece de la mejor manera que sabe hacerlo.

Y es así como, cada año, cuando llega la Semana Santa, los corazones de los fervientes devotos, empiezan a latir con mayor fuerza, porque saben que ahora les toca a ellos agradecer lo recibido, o volver a realizar esa petición que, sólo un Dios puede conceder.

Y mientras el Paso camina a paso lento, despacio, sintiendo cada pisada como cada uno de los latigazos que recibió Jesús El Nazareno, se oye alguna voz que, cantando una saeta al paso de Jesús del Gran Poder, a la Virgen de los Dolores, o al Cristo de los Gitanos, impregna el ambiente de sentimiento, de pena y de dolor, por aquél que dio su vida por los demás.

Ahora ya lo sabe, amigo lector, cuando vea una procesión en la Semana Santa española, no se equivoque, no es ninguna muestra de fanatismo religioso, es una parte de la vida de un Pueblo, sin la que dicho Pueblo no podría ser el mismo.

 

© 2016 José Luis Giménez
www.jlgimenez.es

VOLVER