¿Sociedad civilizada u oligarquía?

Antes salíamos a la calle, saludábamos al vecino, nos parábamos para saber que tal le iban las cosas, le contábamos nuestras inquietudes, compartíamos experiencias y, en definitiva, aprendíamos los unos de los otros, además de ser solidaridarios. Incluso podíamos ir al tendero y pedirle que nos fiase la compra hasta que pudiéramos pagarle.

Ahora apenas salimos a la calle, la luz del Sol nos llega a resultar molesta, evitamos pararnos a saludar o hablar con los vecinos, de hecho, apenas conocemos a nuestros convecinos, y nos importa un bledo lo que le haya ocurrido al vecino del quinto, que dicen que lo han despedido después de llevar más de 30 años en la misma empresa, quedándose en el paro con un subsidio que no le permitirá mantener a su familia y que posiblemente ya no consiga ningún otro empleo hasta que le otorguen la pensión de jubilación (si es que llega a percibirla, en vista de como están actuando nuestros honorables gobernantes), ya que tiene más de 50 años… ¡pobre hombre!

Pero vivimos en una sociedad del primer mundo, estamos en democracia, podemos elegir a nuestros políticos con total libertad (otra cuestión es que no haya verdaderas opciones válidas para elegir), y nos quejamos de vicio porque nuestros gobernantes nos han “recortado” unas pequeñeces… de derechos sociales, derechos laborales, derechos de libertad de expresión, de reunión y convocatoria, de sanidad pública, de educación pública, en definitiva, memeces que no son necesarias en una verdadera democracia… ¿O sí?

Viendo y oyendo los medios informativos del país, sobre todo los estatales o públicos, daría la impresión de que los que protestan y se manifiestan por los “recortes” sociales ya mencionados, son gente de mal vivir; vagos, maleantes, anarquistas… o como les llaman los buenos ciudadanos que entienden mucho de esto: “perros-flauta”. Y claro, uno, se pregunta si es que he estado toda mi vida equivocado, confundido, creyendo que la libertad de expresión, la solidaridad y la tolerancia era lo que distinguía a una sociedad civilizada de una sociedad basada en la oligarquía. ¿He estado casi toda mi vida viviendo equivocado…? Porque antes de 1975 vivía en una dictadura, y sabía que no tenía los derechos que he disfrutado desde que se instauró la democracia en España en 1978 hasta hace muy poco… en que, al parecer, ésta ha desaparecido en combate.

Me pregunto si volveremos alguna vez a disfrutar de una democracia real, verdadera. De una sociedad civilizada, solidaria y tolerante o, si por el contrario, habrá sido como una brisa refrescante de verano, que únicamente ha durado el tiempo justo para ser consciente de que se puede vivir mejor y en paz.

Dicen que si deseas algo con mucha fuerza, al final se corre el riesgo de que se cumpla. Mi mayor deseo es ver que conseguimos vivir en una sociedad civilizada, donde exista una democracia real, verdadera, sin tapujos ni dobleces, donde la solidaridad sea algo inmerso en todos de forma natural, y donde la tolerancia prevalezca sobre las diferentes opiniones. Este es mi gran deseo.

© José Luis Giménez

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