Un poco de sentido común, por caridad.


A estas alturas, muy pocas personas deberían seguir estando ciegas, sordas y mudas; pero por desgracia, aún las hay. Las que ya han visto la luz no necesitan de discursos ni arengas, para saber lo que tienen  que hacer pero, para aquellas que aún siguen en la inopia, el deber del buen samaritano, es ayudarles a no seguir errando. Sobre todo porque, el daño que causan, no es únicamente a ellos mismos, sino que afecta a toda la sociedad.

La población ha sido engañada y manipulada de una manera descarada; se ha incumplido la palabra dada en las campañas electorales, donde se prometía lo que la ciudadanía necesitaba, a sabiendas de que nunca lo iban a cumplir. Se ha llevado a cabo la mayor eliminación de derechos sociales que jamás haya existido en la Historia, a todos los niveles; eliminado derechos sociales, laborales y humanos que, ni el mayor de los dictadores, hubiese imaginado jamás poder llevar a cabo.

En el caso de nuestro país, enumerar todos los errores, fallos, incapacidad y negligencia del Gobierno, resultaría tan extenso, que la Biblia a su lado, parecería un pequeño resumen.

Y para más INRI, después de que se haya hecho público las corrupciones de los partidos políticos, sobre todo de cargos muy relevantes del propio PP (partido del Gobierno), en los últimos casos de corrupción destapados, como el caso Gürtel, las estafas bancarias, el caso del tesorero del PP Luis Bárcenas, las tarjetas “Black”, o ya el caso del contagio por el virus del Ébola, con la demostrada incapacidad de la ministra Ana Mato, el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid Javier Rodríguez, o los cientos de diputados del grupo Popular que tan jubilosamente aplaudieron la intervención del susodicho Consejero de Sanidad, cuando éste intervino en el Congreso para justificar sus injustificables salidas de tono, hacen que el ciudadano tenga que tomar medidas para evitar un colapso mental, un ataque de rabia o ira, o lanzarse al monte. Sobre todo, después de ver como el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dice que apoya totalmente la gestión de la ministra Ana Mato, pues de no ser así, ya no estaría en su cargo.

Resulta insultante y provocativo que el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, evite pronunciarse públicamente sobre los vergonzosos hechos que, además de ser una vergüenza para cualquier militante de dicho partido político, es una vergüenza para todo el país. ¿Esa es la marca España de la que tanto hablaba el presidente?

Pero esto no termina aquí. Aún no sabemos cómo va a acabar la aventura iniciada por el president de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas. Pues gracias a la demostrada incapacidad en la comunicación, falta de diálogo y gestión del Gobierno Central por parte de Rajoy, los partidos soberanistas de Catalunya, están dispuestos a declarar la independencia unilateralmente; una decisión que, de ser llevada a cabo, supondría no respetar la voluntad emanada del pueblo catalán, pues si el derecho a decidir de un Pueblo, es un derecho inalienable que todo ser humano posee, nadie puede otorgarse el derecho a decidir por los demás.

En definitiva, estamos asistiendo a una especie de enfrentamiento entre dos púgiles que están ciegos, sordos y mudos pero, que además, les importa un comino lo que les pueda suceder a quienes son gobernados por ellos.

Y ante tal disyuntiva, sólo queda esperar que la serenidad, y el sentido común de los ciudadanos, anulen la incapacidad, mediocridad y negligencia de sus representantes políticos, demostrando que se puede gobernar sin tener que ser un político corrupto, inútil o advenedizo.

Ahora ha llegado el momento del sentido común, de la responsabilidad personal de todos y cada uno de los ciudadanos, para que nadie decida por los demás sin el consentimiento de éstos, y sobre todo; de tomar nota. Hay que tomar nota de todo lo que no necesita el Pueblo y erradicarlo para siempre, como por ejemplo; los políticos y partidos corruptos, incapaces y deshonestos.

Que nadie espere la dimisión de un Gobierno que ha demostrado su incapacidad y negligencia, pero que nadie lo olvide, para cuando tenga que volver a votar.

 

© 2014 - José Luis Giménez
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