Una locura peligrosa


En menos de una semana tras su toma de posesión, el recién elegido presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto medio mundo occidental patas arriba.

Anunció que iba a construir un gran muro entre EEUU y México y que además, serán los mexicanos quienes lo pagarán.

No contento con eliminar el idioma español de las redes sociales dependientes del Gobierno, así como anunciar la expulsión de los inmigrantes hispanos o la desaparición de las ayudas sociales y en sanidad que entraron en vigor con el gobierno de Obama, ahora afirma que va a imponer un impuesto o gravamen adicional a todos los productos mexicanos que supondrá un aumento del 20%, pues dice que así van a pagar la construcción del muro los mexicanos. Lo que no sé, es si este señor se ha parado a reflexionar que quien consumirá dichos productos en Estados Unidos no serán únicamente los hispanos de origen mexicano que vivan en dicho país, sino que serán todos los estadounidenses. Y esto afectará a todo producto fabricado o con origen en México.

Lógicamente, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, molesto por las declaraciones de Trump, ha cancelado la visita oficial que tenía prevista realizar el próximo día 31 de enero 2017, y si el presidente Trump no ceja en su empeño de ofender a todo lo que huele a hispano e incluso a la Unión Europea, es muy posible que los Estados Unidos de Norte América se quede sólo con las alianzas del Reino Unido, el cual ya ha anunciado su salida de la Unión Europea, y quizás también con la Rusia de Putin.

Y es que Trump no parece tener límites en su lenguaraz verborrea, pues ya manifestó cuando era candidato a la presidencia que “la ahogadilla que se le practica a los presos para que confiesen, no es una tortura”.

El waterboardind, o la tortura del ahogamiento simulado, que es como se le conoce popularmente, se le practica al preso para que confiese, estando atado y aislado en un lugar cerrado, con total impunidad, manteniéndole la cabeza sumergida en agua hasta el límite de la asfixia, y repitiendo dicha acción varias series por sesión, de manera que el torturado, ante la angustia de morir asfixiado, acaba confesando lo que sus torturadores quieran que confiese.  

Para Donald Trump, el waterboarding  no es una tortura ni cree que sea algo tan duro. Una apreciación personal que suponemos la habrá dicho una vez lo haya comprobado personalmente, pues de no haber sido así, nos tememos que se trata una vez más de su lenguaraz verborrea.

Y hablando de lenguaraz verborrea, no podemos dejar pasar por alto lo que Ted Malloch, quien posiblemente será el embajador designado por Donald Trump ante la Unión Europea, ha manifestado en una entrevista en la BBC, que “el euro, la moneda única, no sólo está en vías de desaparición, sino que tiene un verdadero problema y podría colapsar en el próximo año, o a lo sumo año y medio”. Así mismo, Ted Malloch, da por muerto el TTIP y plantea una desintegración de la UE por las elecciones en Holanda, Francia y Alemania.

Quizás Donald Trump piense que, con el colapso del Euro como moneda única europea y la desintegración de la Unión Europea, el dólar y los Estados Unidos de Norte América, salgan beneficiados; pero si lo cree así, está cometiendo un grave error.

Si el Euro colapsara y la Unión Europea se desintegrase, tal como los “expertos” de Trump vaticinan; no sólo serían los países de la Unión los que saldrían perjudicados, sino que se produciría la mayor crisis de la Historia de la Humanidad; donde nadie saldría bien parado, siendo un caldo de cultivo para los “pescadores-poderosos” que esperan a que el río esté revuelto, para así poder seguir haciendo grandes negocios con las guerras.

Cuando veo todo lo que está sucediendo, no puedo por menos que pensar que esto es una gran locura, una locura peligrosa.

 

© 2017 José Luis Giménez
www.jlgimenez.es

 

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